Nueve poemas escritos en la cocina

por Berna Wang

1

Día de Reyes

Este año olvidé qué día era,
no había pedido regalos,
no esperaba nada
(tenía el corazón alegre,
una bolsa y una mochila,
hacía sol: nada más).

Y, si se mira bien, no sucedió nada extraordinario:
una cama, un plato a la mesa, vino tinto en la copa
y buena compañía.
El milagro de la amistad en lo cotidiano: nada menos.


2

La Vía Láctea indica el camino.
El humo de la chimenea dice
hacia dónde va el viento.
Algunas noches señalan la misma dirección.


3

Al amanecer la casa está fría.
Salgo a buscar el sol
y el sol me encuentra.


4

Si no son peras, ¿qué podemos pedirle al olmo?


5

El hielo en la carretera
—blanco sobre el asfalto negro—
dibuja la silueta de la sombra de los árboles.


6

Cuando vuelva a la ciudad
seguiré viendo con los ojos de la memoria
todos los tonos de ocre y verde,
camino arriba,
de aquel mediodía luminoso de enero.
Pienso este mediodía luminoso de enero,
camino arriba,
sabiendo que pronto volveré a la ciudad.


7

El horizonte turquesa líquido,
una franja roja encima,
y sobre ella,
ese azul desvaído y pálido
que precede a la noche.


8

El cristal refleja el brillo de la
lámpara.
Detrás, el cielo estrellado.


9

El olor del caldo,
el tacto de la madera,
escribo poemas en la mesa de la cocina.