Rubayat, de Yalal ud-din Rumi

por Clara Janés

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- El autor y la obra -

Yalal ud-Din Rumi, también llamado Mevlana, (Balij 1207-Konya 1273) fue no sólo un gran conocedor de la teología islámica y la ley coránica y un maestro de almas, cuyos discípulos se contaron por miles, sino el creador de la sama, danza de los derviches girvagos y un místico y poeta excelso que predicaba el amor.

Nacido en una ciudad del Jorasán, tras la invasión mongola sus padres se trasladaron a Konya, de donde partió a estudiar a Alepo y Damasco. A su regreso enseñó teología, alcanzando pronto gran fama. Tras conocer al sufí errante Shams de Tabriz, lo aclamó como su maestro, y empezó a cantar el amor y enseñar que éste, en su aspecto teofánico, es el verdadero fin del hombre y que permite alcanzar la unión mística con el Excelso. Dotado de gran inspiración poética, su obra es una de las cimas de la poesía escrita en lengua persa.

Los rubayat, breves poemas constituidos por cuatro medios versos, que riman el primero, segundo y cuarto, quedando, en general, el tercero libre, es una forma que ha tentado a casi todos los poetas persas. En ellos expresa el místico su compleja doctrina, que se resume a la fuerza del Amor.


- Poemas -

Acéptame, oh amigo, y mi vida arrebata.
Embriágame y de los dos mundos arrebátame.
Con todo lo que apacigüe mi corazón sin ti,
préndeme fuego. Cada cosa arrebata.

***

Grité y en aquel grito ardí.
Callé y marginado y mudo ardí.
De los márgenes todos me arrojó.
Al centro fui y en el centro ardí.

***

De tanta tristeza y suspirar por ti
temo que el deseo me destruya a mí,
que de ti arrancado, alma de mi mundo,
la sangre me huye y no sabes de mí

***

Primero con mil favores me acarició,
al final con mil angustias me consumió.
Como canica de amor fui yo en su juego,
por entero me hizo suyo y entonces me disparó.

***

Oh tú, par al sol matutino, ven.
Sin tu rostro hoja y jardín palidecen, ven.
Tierra y polvo es el mundo sin ti, ven.
La fiesta gozosa es frío sin ti, ven.

***

Me lanzo embriagado allí
por ver que el alma del mundo está allí:
o el pie alcance mi objetivo y meta
o, como el corazón, pierda la cabeza allí.

***

Ese bocado que no cabe en la boca, pídelo
y esa ciencia que no cabe en palabras, pídela.
Hay un secreto dentro del corazón de los hombres de Dios.
No cabe en ese centro Gabriel, pídelo.

***

La flor de granada esclava es de tu cara, no duermas.
¡Oh labios de grana que derraman perlas, no duermas!
¡Oh narciso ebrio que la sangre bebes, no duermas!
Es noche de fiesta esta noche, no duermas.

***

No necesitamos vino para la ebriedad,
ni para gozar del encuentro arpa ni rebab.
Alegres y ebrios estamos tal ebrios de amor,
sin escanciadora, flauta ni juglar.

***

La ciencia que desate nudo busca.
Aquella, antes de que el alma te escape, busca.
El no existente que parece existente, deja.
El existente que no existente parece, busca.

***

El sol es doble, ¡qué día es el de hoy!
Fuera está de los días y separado, el de hoy.
Desde la rueda voces y lluvias caen sobre los hijos de la tierra.
¡Perdidos corazones: la buena nueva! Es vuestro día el de hoy.

***

¡Eh, agua de vida, gota de agua de tu cara!
¡Eh, luna del cielo, reflejo del destello de tu cara!
Dije que quería luna para la noche larga:
noche de la noche de tu bucle y luna de tu cara.

***

Dije a la noche: pues tienes fe en la luna
tu fugaz pasar se debe a la inconstancia suya.
La noche me miró y esta excusa me daba:
y yo qué culpa tengo si el amor no acaba.

***

Nuestro sol y estrellas, nuestra luna es él,
nuestro pecho y casa y patio y vergel,
también es la Caba; también la promesa y el ayuno es;
y hasta el Ramadán, la noche de Ghadr y la fiesta es él.

***

No es el amor más que beber vino de eternidad.
Vivimos para entregar la vida, otra razón no hay.
Dije: cuando yo te conozca, pereceré.
Dijo: para quien me conoce muerte no habrá.

***

Si el que guarda mi amor me rasga la piel,
no grito, ni digo que el dolor viene de él.
Para mí todos son enemigos, amigo sólo él.
Quejarse ante enemigos del amigo no está bien.

***

Por tu amor el mar todo, de arrebato, fluye.
A tus pies derraman perlas las mismas nubes.
Por tu amor un relámpago en el suelo ha caído.
A él se debe el humo que por el cielo huye.

***

¡Oh corazón! por más que grites este camino no te darán.
En el umbral de la inexistencia, únicamente, te citarán.
Y en aquel aire do están sus aves
en tanto tengas alas y plumas, plumas y alas te negarán.

***

Un ardor sin fin da vueltas y vueltas en nuestras cabezas.
Es el corazón que ave se ha tornado y en círculos vuela.
Sola, sola gira cada singular partícula nuestra.
¿Acaso el amante gira por doquier, por doquier da vueltas?

- Rumi, la palabra y la danza -

Rumi, fundador de los sufíes giróvagos, en el capítulo 26 de libro Fîhi-mâ-fîhi (Libro del interior), declara: "Guardaos de decir que habéis comprendido! La comprensión es no comprender... Esta comprensión para ti es una traba. Hay que escapar a ella" Para llegar a sentido profundo —ma'nî— disimulado "bajo la bruma de las palabras", la única disponibilidad, o posibilidad de acogida, no basta, pues: un esfuerzo se impone, un paso primero que hace del que se pregunta o pregunta un peregrino, en el Camino. "¿Cómo podríamos conseguir la perla mirando simplemente el mar? Hay que sumergirse para encontrar la perla!"

La utilidad de la palabra será, pues, "que te hace buscar y te incita: no que la cosa buscada sea conseguida por la palabra. La palabra es como una cosa que ves moverse desde lejos: tú corres después hacia ella para verla, pero no la ves por su movimiento. La palabra del hombre, bajo el aspecto oculto, es semejante a esto: incita a buscar el sentido, aunque tú no lo veas en realidad."

Este gran poeta místico, fundador de la tarika mawlawiya se prohibió siempre el arte por el arte: quiso ante todo ser maestro espiritual, y es bajo este aspecto como lo vemos aparecer en El libro del dentro/interior.

Nació en Balk, en Khorasán, (30 de septiembre de 1207), su padre, Bahá ud-Dín Walad, había adquirido una gran celebridad como teólogo y predicador, le llamaban "sultán de los sabios". Maestro sufí de gran audiencia influyó mucho en Rumi en el que reconoció una santidad precoz, por lo que le llamó "Mawlânâ", es decir, nuestro maestro. Durante la invasión mongola la familia tuvo que huir, tras múltiples peripecias se instaló en Anatolia, en Konya. El soberano selyúcida, Alá'ud-Din Kayqobâd, amante de las artes y las ciencias, invitó a Bahâ'ud-Dín Walad a dirigir una madraza, donde enseñó hasta su muerte en 628 de la Hégira, siendo sucedido por su hijo, que fue también discípulo de Burhân-ud-Dín Muhaqqiq Tirmidhí y siguiendo sus consejos se fue a Alepo y a Damasco, donde conoció a Ibn Arabí. Luego regresó y sucedió a su padre. En 1244 su existencia sufrió un trastorno al conocer a Shams de Tabriz: este fue el acontecimiento capital de su vida, del que él mismo dijo: "estaba crudo, he sido cocido, estoy quemado." [?] Cuando Shams desapareció a la memoria del amigo escribió Rumi un Diván de una belleza lírica sin igual. Luego instituyó la Sama, oratorio espiritual que acompaña la célebre danza giratoria característica de su cofradía. Este "concierto", verdadero oficio litúrgico, comportaba todo un simbolismo. Basándose en la correspondencia del macrocosmos y microcosmos, representa, por un lado, la ronda celeste de los planetas alrededor del sol y, por otro, la búsqueda del Sí mismo supremo por las almas separadas. El canto de la flauta, el ney, que precede a las sesiones de sama, expresa la nostalgia de este exilio del ser lejos de la patria espiritual que está en su origen y su fin.

Eva Vitray-Meyerovitch


- Opinión -

Posprimera vez se traducen directamente del persa al castellano los versos de una de las voces sufíes de mayor aliento, Yalal ud-Din Rumi (1207- 1273) [...] El libro incluye un excelente estudio biográfico-literario-histórico y reúne propiamente las cuartetas de la colección dedicadas a Shams, sobre temas sufíes de la enseñanza, el amor y la ebriedad, en versión bilingüe y con un glosario. Clara Janés prosigue su idilio sin fin con las Mesopotamias y Turconias; por fortuna para los lectores. La omnipotencia del amor. Este es el tema por antonomasia de Rumi. Es decir, el eterno: "Quien lo probó lo sabe. "

Miguel Bayón, El País, 16 de noviembre de 1996.


Prólogo de Clara Janés. Selección y traducción del persa de Clara Janés y Ahmad Taheri. Publicado por Ediciones de Oriente y del Mediterráneo.