Legiones

por Antonio Sagredo

I


Yo, aquí, en tu máscara roída
más allá de la forma del espejo carnero
orbito los dos centros fuera de las leyes
donde a duras penas la muerte se enarca como un puente.
En otras estancias, llegadas no esperadas, ya siento
vagidos en lucha, extraviados, burlados por el hueco juego
de perlas ofídicas, porque solo uno está listo para el horror :
el premio de una máscara, una medalla, el talón
tras el alma, el grumo del último respiro.
Crestados pregoneros, sapos de luz, estáis grávidos
de aplausos más allá del umbral con los primeros pasos
del bardo inglés vestido de gramallas,
para estar en uno altar y hostia, sacerdote albino
goloso de fonemas y fractales. Y son ratas
apariciones espectros, viscoso sudario
bajo los toros de ciegos simulacros,
rugidos de cobre contra nuestros muertos,
jugadores de azar, astrágalos de gusanos cuando la noche,
cerrada al canto, notifica con lengua mercurial
el malgobierno y tu mirada símiles a monedas
de mentira.


II


Allá, estertores de moho, delicias, antorchas
y brocados, charlas de encendidos candelabros,
como en la via de los misterios esfinges, Tamerlán
con tambores y dientes las estancias aquietase
y fuese el tiempo solo rostros de huesos no descarnados.
¡Deja que los gusanos esperen!
Para que puedan infinitos digitales anular
los mitos con preguntas y cuerdas, fustigar visiones
y abrazos de Orfeo.
¡Está solo, está solo el gallo en las crateras !
¡Las Madres en moldes de fauno, descoloridos, Tomás!
La tela de las neurinas manipulamos como veletas :
son visitas corteses, máscaras acorazadas
de paloma, sucedáneos de coronas o gemidos imperiales.
Cuando la piedra más que al vuelo
a la demora rompe una lanza de la luz, tu cráneo
pueda lacrimar a los verdaderos muertos entre torneos
renacimientos lutos y espinas, rendirte justicia
entre túmulos y tumultos. Echaré al roedor de huesos,
no partiré el pan,
ni el vino ofreceré, ni la sal,
ni el cántico del paso de caracol, pero el mordisco
de un áncora?con el sueño entre manos, a los análisis
de nieve sobre divanes, la lira y el libro opondré,
gritos fósiles, grumos de negras flechas,
la sangre estrujada por una perla al dios compacto.


III


Pedís sangre, os daré arroz funerario,
toda la forma es felina ausencia,
solsticio de la carne y de la palabra
antes de que la vida aún me sorprenda.
No todo torna y vuelve a entrar en juego,
ni carroña, ni flores de azar,
solo tengo sed de tus maleolos,
desastre es tocar tus labios.
Siento la garra de las voces, epitafios,
congojas de saliva de tus ojos,
la rapaz oscuridad de tu órbita.
Sin embargo te dono mi carne contra tus huesos,
nada de ratas luciérnagas y cruces,
nada de reliquias de ennegrecidas risas.
Cede simientes, aflige la memoria
con chillidos de lagrimas: ¡No soy mudo!
Un rosario de copas, hogueras, latidos
aplomados bajo el puente de Toledo?
y trenzaré espirales de larvas, cabellos
en los confines de tu vientre, la lama
de tu paso silbará, como la duda
en los muros saturados de càscaras, de escudos,
y coronas de arrugas sobre columnas, en muelles
no bastarán para el llanto de carbón.
¡Daré jaque a las antorchas de las danzas,
a las velas, a los tapices que con lento
parpadear y con red de creta
escarnecidos tus ojos llevan al patibulo,
para que, como un halcon, bajo las pestañas
precipitas un sueño agarrotado!


IV

Húmeda invitación de mujeres extintas en la boda.
De lúcida ceniza aún la duda enreda los huesos.
Las Madres son Demonios.
Silencio, tú me cantas.
Que no sea el grito? ¡una gélida
sonrisa!
Su rostro? ¡una dulce
instancia!
En principio fue la hoguera, círculo de la sospecha
en esputo, estertor de grumos siniestros, furores
de órbitas, de úlceras, de lengua tajada, bálsamo
ferroso el mordisco, nudos? ¡nada de vendas !
Pobre Cristo, vomitó cera encima del negro cortejo en fuga.
Sudario carbonoso de centellas exangües,
¡qué hechiceria, en Toulouse!
El muerto todavía late de luces, de esferas,
no tiene ataúd, sin tumba, aún no se ha acabado
el crimen, celoso el verdugo de la horrible
voluptuosidad de la pena y ríe negro esperma.
Silencio, tú me cantas la espada y la gracia,
la vigilia dividida por los ritos, los pasos trasoñados,
las disueltas visiones, los perfiles de hienas acordonadas,
arsenales de sueños devorados por las mortajas,
por las mixturas del verbo cariado de Pedros y Pablos.
Turgentes lumbres, octavas, flujos, cal y azufre, y la Ópera
aún está desinflada de asaltos, de escalas, de sellos,
donde el gesto más vacío es juego, epifanía a escamas
desnudas, a soplos, y celebrar una ficción es embrujo
libertino,ruina de cristales, ¡mordisco idolatrado
de tu lengua!
¿Qué sed de prodigios me has dejado,
de vaguezas ?
Pábilo negro, garra calibrada,
sotierra Arcanos, eclipses nutridos de sombras
purulentes y cóncavos anatemas son leyes, suspiros,
sollozos asfíxicos.
Furias tejen leche, reliquias, vertidos de coágulo
sobre gorgueras de pórfido, sobre húmedos encajes de obsidiana,
porque la ceniza, ¡aturdida ! en el cáliz no fuese pasatiempo
de hostia para esponsales, canto de espasmáticas sirenas,
bastidor donde cintados aquiros ungen cruces,
dragones, rosarios, letanías, unicornios.
Afuera un suplicio crepita cual nudillos,
cual sílex, concede a la garganta jaspes, esmaltes
y lanza al vacío una traspasada nada.
¡Demonios, sed Madres!


V

Precioso y torvo es el déspota:
su balado es baba de silbidos,
trama de espantos. De los callejones
al trono la rueda de la insania
siega la esperas y los tributos
del tormento, en marañas
de octones, de lamentos, de congregaciones
en ruina. Bruñidas las meridianas
de los hornos a la hora en que la golosa
asteria en los sarcófagos iba
a sollozar.
¡Qué sed de rêverie me has dejado,
de vaguezas !
Son estridentes, tórridos los quinqués
en el azulado cunículo de la clepsidra
y encontrar, no sé, un nido de bisagras y cepos
en las naves. Es rudo el anatema,
el revés de cintas, de escudillas,
de apostillas que se abaten, partituras,
cribas, catecúmenos, voraces abanicos.
La calle está hinchada de repudiadas estelas,
de mugrientas parihuelas, y me halaga un tuerto
telón con registros oscuros, con funámbulos
ebrios de telarañas. Legiones de féretros
me empastan el arco del cerebro, y cortejos,
barcazas, crisoles, velas? en la arena
estas rígidas apariencias, estos mugidos
de fuentes : ¡yo no quiero que los muertos me sueñen !
Chocan estrenos de acídulos miasmos.
Escuadras de armellas en las arterias - hielo
de las claraboyas ! ? degüellan los unicornios.
Trinchado es el éxtasis de flujos de bridas.
Me quedo convexo y oblicuo, en vano
agarro tugurios, barrancos, togados tengo los órganos
huecos, blando el sudor de dientes,
un ciego truco es la duración,
un grasiento gemido mi mandato.
Giro el anillo: ¡miseria!


VI

Trompeta, ¿a dónde llevas? ¿A los patíbulos?
¡Mi ausencia, soberana, sobre todo los huesos!
Padre, ¡no tengo gestos!
Padre, ¡reposa en mi carne ? bajo una campana!
Embriones gotean de los candelabros.
La mesticia succiona escarcha de los cantores.
Los flóxidos, en tu rostro de batracio, grávidas,
como en el atril fugas de címbalos.
Siento muros a la deriva, tentáculos de bronce
mutar cópulas, plumajes, lívidas carcomas.
De sanatorios a emporios pulpas de musgo, decúbitos
en los márgenes de las flautas, en las urdimbres de narcisos,
deshecho todo el arsenal de corimbos, malvas, serbales.
El erebo, tórrido charco, bruñido
callejón de una suerte común,
de arrugas y cenizas cautivadora y ?
turbo, yo, el ídolo a puñados de cedros,
de lúbricas membranas, fugaces cinturones de barrios,
convites de velas en los pantanos? ¡ah, deforme
es la pantalla de túrgidas candelas !
No tengo vínculos de perra, sino cúpulas de espigas,
catre, gestos a racimos, punzadas de jade,
lauros a columnas, estrépitos de azadas, claros de salmos,
y de piedra estridentes gradas : vigilia a una horca.
¡Bocas de desastres, tintas, sellos!
Y como ladro claraboyas, caprichos y gruñidos,
y a mujeres extintas, ungüentadas, limosno celo,
envoltorios de gemidos, y desde púlpitos de marfil
tiro fatuas intrigas, para que puedan carros
sin ruedas - ¡ataúdes!- prestar mi tributo
a arañazos, que en fantoches y espectros el tedio
de un libelo inciden, y sonreír, siempre
o nunca, ¡a los muertos y a los vivos !


VII

Gotean detritos los tanatorios.
¡Ya llego, ya llego! Estoy veteado de turgencias,
lápidas y tránsitos! Estoy tan mudo,
¡que no existes!
Tubérculos festivos, trinados, tedio y caprichos
y ráfagas arremeten encarnados.
Lamias, ¡sed obscenas !
¡Cómo saciáis de ídolos
en los prostíbulos jerofantes ascetas, profetas !
Voluble es el verdugo, este dulce tierno
semblante. ¿Qué esperas ? Un espasmo,
una palpitación, la acostumbrada palidez, y después el cauterio
el don deforme de un suntuoso madrigal.
Sonajas de ocasos, de arcanas piedras.
Trompea, de los muelles, instigas suspiros, vaticinios?
¡Cómo brillan los muertos, de desastres !
¡En los diamantes, fuelles y brazos !
Ronco desierto, arena oxidada, corteza
de espacio terso.
Mano, ¿aún dibujas bustos
de custodios mancos?
Para que la demora se mude en charlas fastos enigmas,
y se enfrenten sortilegios talismanes con presagios emblemas.
Estás tan desnudo, que no existo, ya que el morir
y el vivir son de Dios, y la respuesta?
Murallas a escamas, letargo de las fuentes.
Sollozos sacuden criptas, marchan remordimientos,
a racimos fugas y afanes, bramidos de sístole
laten mortajas : lino y remolino, cópulas de sangre,
malhumores, placeres de espina y plasma.
Carne, ¡clava la gracia, los horrores
de la dividida ciencia!
¡Guárdate, centro, del libro!
La semilla ha cerrado el alma en el pozo.
Afuera ni siquiera un cuerpo genera estirpes.
Abrazo, ¡hazte vuelo!
Vuelo, ¡sé piedra!


VIII

Sumergido de vírgenes, gorgueras y vendas,
que yo entre los vivos no deje mi muerte
actuar con traíllas, disipar velas y antorchas
en los oratorios o el enredo menearse en los turíbulos,
ya que el devenir está manchado de festines
y sus errores son puertas de descubrimiento.
Crispado, conspiro bajo pórticos gordianos
del iris al sílex para expandir claveles y lavandas,
resinas y drapeados,amuletos bálsamos y damascos,
simular despedidas, adivinar doctrinas de turbios recovecos.
Siento el dominio de lucrativas tiaras violar alcobas,
sofismas bifrontes y lamentos ungulados difundirse
en los laboratorios, ciencias y fermento por doquier
entusiasmos agitaciones ofrecer un rincón por el horror.
¡Vuelan sellos y escriños !
¡Acidia de lagunas !
Lívido el pensamiento si cribas digitales fractales
son preludios virulentos, estériles paneles?y más feliz
conforto mi mente diyuna de quimeras
con otras sombras?de bisagras puntiagudas idiomas de sirenas
y hogueras se erigen como vergas?postizo vagar de la sangre.
Garre a los vésperos, tras cortinas, bordados
y orlas, mi desdén de acónito y sidra :
venenoso jolgorio de farolas en fuga hacia los arenales,
hinchadas y verdosas las mejillas de los muelles.
¡Ah, Parcas, con cetros arpas liras, no me moráis de sonidos !
No quiero coronas vagas,
melenas, bálsamos traspasados?


IX


El odio tiene ilustres antepasados:
rostros gordianos, colores desfigurados.
Son amarillentos hospicios y cunas:
Chupan baba, risibles huesos.
No me queda más que ebriedad de las cenizas,
ficticias profundidades,deshechas crápulas.
Dominan carcasas, cortinajes de líquidos putrefactos.
Enredados de bastidores y de paraísos,
El truco saborea, el apagarse de fanfarrias,
en el desnudo lacerar cuenta los ferruginosos
ludibrios y cincela letanías, arenga
los neutrinos traspasando los telones de fondo y proscenios.
Se da menos el oráculo si una mueca tiene apariencia
de lamentos y de duendes, y en el sanedrín
los visajes del tetráctico acorazan de sego
adulatores, si en los cunículos con puntiagudas jorobas
charlatanes predican gemidos opulentos
y asalariados.
¡Ah, no tengo más que súplicas de ópalos, matutinas
ruinas, anfiteatros !
En el sagrario huesudas risotadas,
partituras, como tábanos, chupan sonidos,
arquillos blasfemos, sonatas de basalto.
Tétricos, con cepos, anacoretas azabaches
oía marchar en el éxtasis hueco.
¿A quién daré mi luz ? Alma, alma, ¡eres herejía!
En los patíbulos, entre renuncias y metas,
tú registras grifos y gárgolas, suspendidos
de sus buches trenodios y acérrimos decretos,
monadas, tertulias, congresos.
Sufrimiento y bostezo, normalidad.
Deforme vagueza el vientre. ¡Adula,
menosprecia el diafragma! Escriño, ágora
de bisbiseos, de tristezas ? ¡puñado de sonajas!
Amo las escisiones, los plazos, los fines que se alcanzan
Y a cuales tiendo, las fieras llamadas, las luminosas
heladas de falsos vacíos, de traspasadas nadas.
Tener fe es un horror reincidente.


X

Hienas no nacidas, ¡Orfeo muere!
Y me despido de los detalles y de los elogios,
de las siniestras bondades, como un negarse
a los trayectos y a los banquetes. Estoy consumido
por los Arcanos. En cepos, retamas y párpados
bajo túmulos de ritos.
¡Consagro la alegría ! ¡Celebro la gracia!
¡Altares de estupores! ¡Escabrosos mitos, leyendas !
Vigilias, epifanías, ¡amortiguad las caídas !
Narciso, ¡hunde los espejos y degüella
al ángel !
Respiración, ¡yo soy hijo de mi palabra!
Como poco nos importa dónde nunca estamos, y cómo.
Nunca jamás ser y tener, nunca jamás canto,
nunca jamás soñar?los vivos, estamos hechos de conjuros
y de presagios. En el umbral la Némesis?
La sangre regresa a latigazos.
Ignaro, engulles espirales, ¡desde hace siglos!, flagelos,
como (te) esperona la vida : el gri-lle-te, ¡siéntelo !
¡Siente como rumia el tambor y el enterrador!
Padre, el anillo del dedo adunco te he sacado, ¡semivivo!
Como la muerte está cerrada al canto y al pan duro,
y resacas de negruzca risa se envuelven, no en vendas
sino en nudos y cera, esputo de negro esperma, blando
sudor de dientes. ¡Cómo se agita el ataúd que he engañado !
¡Cómo está mutilado el semen de espirales, de bálsamos!
En gramallas, en el pozo, ¡fuera!
Mi respuesta es : ¡ritos, ritos ! ¡Me ha sorprendilo el Caso!
Como gavilán la cruz me agarra?y ?un torneo
de sonidos?me gobierna. Escucho gemidos y masacres,
evangelios y cánticos prohibidos, sucedáneos de espinas,
y más allá de los diques, las medidas y los límites
te beberé a visiones, a fuegos, a oros
y en tu mano seré el vuelo,
yo, en tu máscara?¡rosa!


Traducción del italiano por Juan Felipe Bermejo Rubio.