Falleció Sophia el pasado año dejando huérfanos a multitud de lectores pasados, presentes y futuros. Cuantos la desconocíamos en nuestro país, tuvimos oportunidad de acercarnos a sus poemas con motivo del Premio Reina Sofía de Poesía 2003; en Portugal, donde nació y vivió toda su vida, día a día se la redescubre y se la recuerda, además de por sus versos, por el célebre eslogan de la Revolución de los claveles: la poesía está en la calle (más tarde diría: «la poesía estaba en la calle, pero enseguida la metieron en casa»).
La suya, su poesía, como ciertos vinos, es difícilmente exportable, por lo que la selección que ofrecemos aspira ante todo a estimular la lectura del original, en la bella y sencilla edición preparada por Editorial Caminho. La traducción pierde no sólo la dulce y sutil cadencia de la lengua portuguesa, sino el vínculo de amor con la tierra misma de la que surge: tierra de Lisboa, junto al luminoso estuario del Tajo; blanca y tópica luz de Lisboa, que refleja sus ansias en el río y vierte encendidos sueños en quienes desde sus colinas presienten el mar, su justicia y sus antiguas deidades.
Instante
Déjame limpio
El aire de los cuartos
Y liso
El blanco de las paredes
Déjame con las cosas
Fundadas en el silencio
Heme aquí
Heme aquí
Habiéndome despojado de todos mis mantos
Habiéndome apartado de adivinos magos y dioses
Para quedarme sola ante el silencio
Ante el silencio y el esplendor de tu rostro
Mas tú eres de todos los ausentes el ausente
Ni tu hombro me sostiene ni tu mano me roza
Mi corazón desciende las escalas del templo que no habitas
Y tu encuentro
Son llanuras y llanuras de silencio
Oscura es la noche
Oscura y transparente
Mas tu rostro está allende el tiempo opaco
Y no habito los jardines de tu silencio
Porque tú eres de todos los ausentes el ausente
Un puro rostro
¿Cómo encontrarte tras haberte perdido
Una a una en las tardes que encontré
Oh ser de todo el ser de quien no sé
Si puedes ser al menos presentido?
No te busqué en el reino prometido
De la tierra ni en la pasión con que la amé
Y porque no es tiempo no entregué
Mi deseo por las horas consumido
Apenas imagino que me espera
En el silencio infinito el puro rostro
Allende vida muerte o Primavera
Y lo veré de frente y sin embozo
Para atravesar contigo el desierto del mundo
Para atravesar contigo el desierto del mundo
Para enfrentarnos juntos al terror de la muerte
Para ver la verdad para perder el miedo
Caminaron mis pasos a tu lado
Por ti dejé mi reino mi secreto
Mi noche vertiginosa mi silencio
Mi redonda perla y su oriente
Mi espejo mi vida mi imagen
Y abandoné los jardines del paraíso
Ahí afuera la luz sin velo del día nítido
Sin espejos vi estaba desnuda
Y al descampado se llamaba tiempo
Por eso con tus gestos me vestiste
Y aprendí a vivir en pleno viento
Barcos
Uno a uno hacia el mar pasan los barcos
Pasan frente a promontorios y terrazas
Cortando la lisa superficie del agua
Y los dioses todos son de nuevo nombrados
Más allá de las ruinas de sus templos
