ENTREVISTA: Miguel Aparicio, ¿poemago?

por Miguel Arnas Coronado

Un frío de perros. La noche en que nos vemos para concretar la entrevista, hace en Granada un frío de perros. Miguel, puntualísimo, me espera con las manos embutidas en los bolsillos del chaquetón. Gran nariz y barba entrecana, rasgos marcados y mirada envolvente, generosa. Mi entrevista, o intento de ella, le digo, está en el marco del homenaje que hace un par de semanas le hizo el grupo de poetas, narradores y editores de la tertulia de El Pelín, de Granada, tertulia en la que también Miguel participa (y yo mismo), con la publicación y entrega de un libro donde se recogen varios poemas y cuentos de los muchos admiradores que en ella tiene este mago, prestidigitador, ilusionista. Me confiesa, un tanto ruborizado, que de todos esos sustantivos que le ofrezco el que más le gusta es el de mago, aunque también mucho el compuesto que le ofrezco: poemago.

Para empezar le pido excusas por mi total inexperiencia como entrevistador y me salta, como buen diletante, con un verso de León Felipe: "No sabiendo los oficios los haremos con respeto". El detalle revela su bonhomía.

Miguel Aparicio nació en Granada. Vivió en Barcelona 17 años donde casi llegó a ser bilingüe como lo somos todos los que residimos en aquella ciudad hace unos cuantos años, con el dominio hablado de la lengua popular, precisamente la lengua que se ama. Se ha jubilado ganándose la vida como creativo publicitario, pero no hemos venido a hablar del oficio sino de la afición, quedamos, y él, me comenta, ya con doce años daba su primer espectáculo de magia en la Congregación de los Estanislaos y los Luisos, asociación religiosa que organizaban los jesuitas. Si con doce años ya se le escurrían las barajas por entre las manos o extraía pelotas de ping-pong de orejas ajenas es porque llevaba ya su tiempo estudiando, comprando libritos de magia por una peseta y con ese ansia que uno tiene por aprender cuando nace con el estigma de algo creativo.

Miguel, ¿qué tiene que ver tu oficio de creativo publicitario con la magia?, o preguntado de otra forma, ¿casan en algo, en tu caso, la afición y el oficio?

La profesión, de la que estoy jubilado, es aparte. En cualquier caso podría decirte que la publicidad, sobre todo la que tuve ocasión de ejercer en Barcelona, era un constante, y perentorio, estímulo de la creatividad. Y, pensándolo bien, entre publicidad y poesía podríamos establecer un cierto paralelismo: ambas actividades, aunque con fines distintos, están obligadas a sacar el máximo partido de cada palabra y de cada frase. A las dos se les podría aplicar aquella recomendación de Vicente Huidobro: "Crea mundos nuevos/ pero cuida la palabra/ que el adjetivo,/ cuando no da vida,/ mata".

En cuanto a la magia se refiere, estoy absolutamente convencido de que se puede practicar un ilusionismo "transido" de poesía. Quizá sea una significativa prueba de ello lo que llamo mis "poemágicos", que son, en líneas generales, unas determinadas secuencias mágicas que se me ocurrieron o me fueron inspiradas, tras la lectura de determinados poemas, o bien otras ya existentes a las que transformo mediante su adaptación a una nueva trama argumental con un mayor poético.

Trato de lograr así una serie de creaciones en las que se produce un constante intercambio, una especie de ósmosis y de mutua impregnación entre esencias mágicas y poéticas.

¿Qué poemas son esos?, ¿qué poetas te han influido?

Desde luego, muchos, pero si quieres que te concrete un poco, Federico García Lorca me ha hecho reflexionar siempre. De Enrique Morón, poeta granadino y amigo, utilizo sus Odas numerales para ilustrar un número de magia en el que voy sacando cartas de diferentes números y recito con ellas el poema correspondiente de esas Odas? excepto para la sota, el caballo y el rey, cartas para las que me tocó componer los poemas ad hoc, por descontado sin la maestría de Enrique. También Manuel Machado tiene poemas poemágicos. Se me vienen ahora a la cabeza unos versos de Huidobro que dicen: ?No cantéis, poetas, a la rosa,/ hacedla florecer en el poema?.

Tu afición, que no empleo, de mago, la conocemos, pero ¿escribes también poesía?

Aparte de lo mucho que tuvo que dar de sí mi "mercenaria pluma" publicitaria, he escrito una buena cantidad de obras de teatro (otra de mis grandes aficiones que me llevó a dirigir durante doce años un taller dramático en un colegio de Granada), libros y artículos sobre magia, además de un buen número de piezas de prosa poética que se materializan en las charlas que sirven de vehículo a mis secuencias mágicas.

En cuanto a la poesía pura se refiere, le tengo tanto respeto que jamás he podido afrontar el reto del folio en blanco. Por otra parte, admiro tanto a tantos buenos poetas que habría de parecerme impertinente osadía intentar parecerme a ellos. Me contento pues, y hasta me felicito por ello, con ser un lector apasionado que se alegra muchísimo cuando comprueba, con enorme satisfacción, que cada día disfruta más y mejor leyendo poesía.

Acostumbras a repetir en tus espectáculos que das recitales de magia, como si de recitales de poesía se trataran, ¿podrías explicar eso?

Como tú bien sabes, los recitales pueden ser de piano, de poesía, es decir de cualquier demostración artística donde un artista actúa solo. Así también en la magia.

Como ocurre en otros artes, hay muchas formas de plantearse y enfocar la magia y, por supuesto, cada artista posee su peculiar estilo. A mí, como ya queda dicho, me interesa sobremanera la dimensión poética del ilusionismo. No es en balde que en mis recitales ante público siempre encuentre, o provoque, una ocasión para decir que "no hay poesía sin magia, ni magia sin poesía". Y esa frase no es un mero adorno retórico sino una convicción que impregna mi estilo artístico. Precisamente sobre este sugestivo tema de la relación entre la magia y la poesía tuve ocasión de ofrecer una charla en el ciclo "Nuevas ideas" que, con el patrocinio del Ayuntamiento de Granada, dirigía nuestro común amigo Gregorio Morales. En ella recordaba yo unas palabras que Federico García Lorca empleó para complementar uno de sus tan personales dibujos: "Sólo el misterio nos hace vivir; sólo el misterio". Una frase cuya aparente simplicidad nos aboca a algo muy profundo, ya que entre lo que entendemos por ?misterio? y su lugar de destino, que no es otra cosa que nuestra capacidad de asombro, no tarda en establecerse una fecundísima dialéctica que es (¡nada más y nada menos!) el germen y el origen de toda actividad artística o científica. El mismo Einstein llegó a decir: "La del misterio es la emoción fundamental que está en la raíz de la verdadera ciencia y del verdadero arte. Quien no la conozca, quien haya perdido la capacidad de asombro es como si fuera por la vida con los ojos empañados".

Y no olvidemos que los magos, como los poetas, son los auténticos señores del misterio. En cuanto a mí se refiere, tengo la gran suerte de que varios buenos poetas han dicho que mi magia es una forma de poesía. No concibo mejor piropo para mi arte.

Julio Alfredo Egea es uno de esos poetas que ha tenido la enorme deferencia de decir eso de mi magia, y también Álvaro Salvador. Precisamente con el primero me ocurrió una anécdota en Uleila, pueblo de la provincia de Almería, donde dimos sendos recitales de poesía y magia, tras de los cuales fuimos con algunos espectadores a tomar algo al casino. Allí practiqué ante ellos lo que se llama magia caliente, es decir magia de cerca, no en un escenario sino en una mesa camilla, ¡pero aquellos espectadores eran asiduos jugadores de cartas y conocían la dificultad del acto de barajar! Creo que en aquella velada disfrutamos tanto ellos de mí, como yo de ellos.

Fuiste amigo, en Barcelona, de Joan Brossa. Háblame de él.

La sensibilidad y la calidad humana de Joan Brossa son suficientemente conocidas y no era necesario un trato muy prolongado y profundo con el poeta para que dichas cualidades se hiciesen evidentes.

Lo que sí conviene resaltar es que Brossa era muy beligerante con las convencionales barreras que separan, según lo establecido, a las distintas manifestaciones del arte. Por eso no le fue difícil crear ese rico universo brossiano en el que, difuminando y diluyendo sus respectivas fronteras, poesía, pintura, escultura, magia, teatro, etc. se amalgaman y combinan entre sí para lograr un mensaje estético polivalente y potentísimo. No debe de extrañarnos, pues, que Brossa fuese un gran admirador de otro originalísimo artista multidisciplinar que se llamó Leopoldo Frégoli y que, en una sola pieza, era mago, bailarín, tenor, ventrílocuo, recitador y, sobre todo, actor capaz de transformar en fracciones de segundo su atuendo y caracterización. Frégoli se bastaba para representar, él solo, espectáculos de cuarenta personajes. Algo realmente único. Joan Brossa aprovechó en sus "espacios escénicos" algunos de los recursos de Frégoli y tuvo siempre muy presente a la magia cuya puesta en escena confió en muchas ocasiones a un gran manipulador catalán llamado Hausson.

Brossa era una persona acogedora. No sólo te escuchaba sino que además te hacía pensar siempre que se estaba interesando por ti, no sólo por tus palabras sino por tu persona.

Tienes amistad con otros magos que viven profesionalmente de su arte, ¿cómo es tu relación con ellos?

En general muy buena. Una cosa me gustaría aclarar. Como en tantas artes, los profesionales no son ni mejores ni peores que los no profesionales. Exactamente como ocurre con los poetas, de entre los cuales, como es natural, la mayoría tienen otra forma de vida para su manutención.

Por los muchos años que llevo en esto, creo contar con el aprecio de muchos de ellos. El último Gran Premio del Congreso Nacional de magia fue concedido a Miguel Ángel Gea, gran amigo que utilizó para ese Congreso un juego mío llamado Alegoría, juego de cartas que trabaja con la noción del tiempo. En él, el mago saca una baraja de cuatro palos donde los ases son las tres pes del tiempo (pasado, presente, porvenir) más una cuarta dimensión del tiempo que es lo onírico. En el primer pase las cartas se convierten todas en blanco menos esos cuatro ases, para por fin convertirse también en cartas blancas las correspondientes a las tres pes del tiempo, quedando como única carta visible esa dimensión onírica del tiempo. Porque el tiempo absuelve, disuelve y resuelve, que dijo alguien cuyo nombre no recuerdo.

Soy muy amigo de Juan Tamariz, con quien he pasado muy agradables veladas de magia e intercambio de trucos. También conocí al malogrado Pepe Carroll. Y asimismo tengo el honor de conocer a Anthony Blake.

También tienes amistad con poetas. Háblanos de ellos y de cómo entienden ellos tu magia y la poesía visual.

He estado a punto de empezar a responderte con el famoso "me alegro que me hagas esa pregunta... " pero, afortunadamente, he podido contenerme a tiempo...

El caso es que hace tan sólo unos días, y como tú sabes perfectamente, un grupo de excelentes poetas granadinos me ofreció un, para mí, emocionantísimo homenaje que, además, se materializaba en un precioso librito, expresamente editado, con aportaciones literarias de todos ellos. Es un hecho archicomprobado que la magia encuentra su mejor público en el formado por personas inteligentes y sensibles. Por eso el poeta es, casi sin excepción, uno de nuestros mejores espectadores. Y otra cosa: si yo soy sensible a la poesía y los poetas saben apreciar mi magia, no tiene nada de particular que muy entrañables amigos míos sean, precisamente, poetas.

Miguel, ¿qué es la macrocartomagia?

Macrocartomagia es el nombre que yo mismo le di al conjunto de efectos mágicos que puede realizarse con naipes gigantes sin trucar. Es decir, una buena cantidad de técnicas, procedimientos y secuencias realizados con barajas cuyo gran tamaño elimina la idea de que pueden ser manipuladas de forma ?traviesa? y que yo he aportado al arte del ilusionismo.

Hace cosa de veinte años escribí un libro llamado así, Macrocartomagia, que recogía mis primeros hallazgos en este terreno. Ahora tengo, como es lógico, muy superados aquellos procedimientos y dentro de poco saldrá otra publicación mía con técnicas mucho más avanzadas tanto en el aspecto técnico como en el artístico. Pero a aquel primer libro le cabe el orgullo de haber sido pionero en una nueva dimensión del ilusionismo. La macrocartomagia, que me ha dado la oportunidad de ofrecer conferencias en congresos de magia y en prácticamente todas las sociedades mágicas, no es, desde luego, mi única aportación creativa a este arte, pero quizá sí la más original y la más estructurada como una innovadora especialidad.

La magia, ¿es un juego serio?

Por no sé qué extraña concatenación de ideas esta pregunta me trae a la mente aquella frase según la cual "el humor es lo más serio del mundo", de la que también lamento no recordar el autor. Y es que la magia, aparte de la dimensión lúdica que evidentemente posee, no es, en su esencia, un juego. Ningún arte lo es, al menos en mi modesta opinión. Por lo que a mí respecta, ni siquiera llamo "juegos" (que es lo habitual) sino "secuencias mágicas" a las distintas piezas que presentamos ante nuestros espectadores.

La magia es, sin duda, algo tan serio como puede serlo cualquier otra manifestación artística. Y parece ir a favor de esta opinión que acabo de expresarte aquella famosa frase de Baudelaire: "Sólo un placer comparable al de sorprenderse: el placer de asombrar".

Por último, y hablando de seriedad, ¿qué me dices del Tarot y otras técnicas "esotéricas"?

Mira, el ocultismo o llámesele como se quiera, es algo que, o se toma en serio, o más vale no jugar con ello. Me merece demasiado respeto para andar metiéndome en lo que no entiendo. O al menos en aquello que no puedo, no ya dominar, sino apenas manejar. Conozco el Tarot pero no lo empleo. Lo mío es la magia, el ilusionismo. Adivinar el futuro se lo dejo a los sociólogos o a los escritores de ciencia ficción.

El frío continúa fuera de este bar de barrio donde nos hemos reunido para concretar la entrevista. Ni siquiera la magia de Miguel puede convertir, de verdad, lo negro en blanco ni el frío en calorcito. Aquí lo único válido es una estufa o el chambergo para abrigarse. Lo demás es ilusionismo. Gracias, Miguel Aparicio, por esta charla agradable.


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