El último metro (1980)

por Zifar Caballero


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Director: François Truffaut.
Guión: François Truffaut, Jean-Claude Grumberg, Suzanne Schiffman.
Fotografía: William Lubtschansky.
Música: Georges Delerue.
Interpretación: Catherine Deneuve, Gérad Depardieu, Heinz Bennent, Jean Poiret.

Cinematógrafo

Un amago de lluvia, por ejemplo,
la tutelar techumbre
del doméstico otoño, el vaho
del salitre arrastrándose
por los lentos balaustres
de la noche, la tórrida humedad
de las cántaras, todo
cuanto en principio sobrevive
atestiguado por la persistencia
de imágenes sin nombre, me confina
en un cerco de dudas
contiguo al estupor y apenas
si puedo imaginarme desde cuándo
amo una historia que jamás viví.

José Manuel Caballero Bonald, Descrédito del héroe
"Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y el cine". (François Truffaut)

Otra vez Truffaut. Nos han repetido que es un director inevitablemente asociado a lo literario, quizá ya predestinado por aquella escena de "Los cuatrocientos golpes", donde Antoine Doinel enciende una vela en el altarcillo de Balzac. Pero no se puede olvidar que es cine que bebe de lo narrativo para poder prolongarse más allá.

"El último metro" se realiza en 1980; sólo podría hacer dos películas más. En ésta nos encontramos con una compañía teatral que intenta montar una obra en el París de la Segunda Guerra Mundial. Su director, Lucas Steiner, hace creer a los alemanes que ha huido; en realidad vive en los sótanos del teatro de Montmatre, y desde allí dirige todo el montaje.

rmetro02.jpgLa historia se desarrolla en dos planos. El primero es el evidente: las dificultades materiales para sacar adelante la obra, las relaciones con la administración colaboracionista, los registros inesperados (genial la escena donde Steiner deshace su habitáculo, lleno de escritos, dibujos, rastros, en definitiva, de una pasión literaria que compromete su vida). El segundo es el prodigioso mapa de perfiles humanos dotados por Truffaut de una vitalidad incomparable; ahí están el tramoyista, la actriz secundaria que sobrevive con varias actuaciones repartidas a lo largo del día, el ayudante de Steiner, así hasta llegar a Marion Steiner (Catherine Deneuve) y a Bernard Granger (Gérad Depardieu). Ellos y su relación completan esa red de sentimientos, esperanzas o decepciones sobre la que transcurre la película. Ese entramado —tan parecido a las bambalinas del teatro— es apreciable con nitidez mediante dos maneras: la primera vive dentro de la trama, en ese laberinto de ficciones lleno de evidencias, cuando, por ejemplo, Lucas Steiner percibe al escuchar los ensayos desde su escondite, y sin que el sentido de la vista entorpezca el rastreo de las emociones, el progresivo enamoramiento de su esposa y Bernard; la segunda es privilegio del espectador: compartir sin reservas la mirada apasionada de Truffaut sobre sus personajes, emocionarnos otra vez con la música de Georges Delerue y, en definitiva, asistir a una declaración de amor al teatro como había hecho siete años antes con el mundo del cine en "La noche americana".

La película tiene un epílogo apresurado, irónico y feliz. Liberado París, los actores continuarán sus vidas en los escenarios. Intuimos que con la misma fe con que Truffaut los mostró; no podrá ser de otra manera cuando hablamos de alguien tan parecido a sus películas.