Cuatro poemas + 1

por Thömas

1

Se escapó un pájaro de mis manos en dirección a tu pecho.
Se entretuvo demasiado, y cuando llegó ya no eras nadie.

Huye un pájaro de fuego de mi boca, quemando a los culpables.
Todos los muebles de rodillas y las lágrimas de una naranja.
Te enjuagas en el hombro del espantapájaros: me hastío y me reseco al sol.
Es la falta de saliva la que me hace vecero;
severo, impongo el castigo del rail y el niño.

Retumba el grito agónico de Baudelaire, nadie parece escucharlo.
Observo el rabioso hematoma de Mr Rimbaud con la curiosidad
de un gato hecho de trapos.

¡Qué congoja salada me asalta la entrepierna!
¡Qué recuerdo tan bello de valles verdes, como tu humo verde!

Ahora que empapelo mi habitación de cadáveres pienso si aun piensas en mí.
Ahora que has visto el abismo pienso si te dejaré caer.
Retomo la palabra para partirte en dos la cabeza.
Ahora que es mía, que tiemblen todos los planetas,
que recen los santos, que se les da bien; mientras tú y yo,
mojemos las sábanas como si fuera la última vez
que se encontraran nuestros ojos.

Alguien dijo "te quiero"
Él no supo que decir
y la agasajó
a olvidos.


2

Me mantengo a base de nicotina, nueces y
glucosa con sabor a limón.
           Réquiem por los que van a vivir.
El temblor olvidado en el asfalto,
la carrera perdida a Neverland
y el tiempo destronado en tus poros.
Tengo el silencio de todos los pulmones;
en mis manos se desangra el alba, muerto de monotonía.
Espero tranquilo la llegada de la caravana de espectros, no mucho más que yo.
Una vez dentro, que me desarme una sonrisa,
una vez dentro, que se me pare el pulso.
No viene a mi cabeza ninguna oración célebre,
solo el tenue silbido de la lipotimia, del desfallecimiento estival.
Ignoro las temperaturas, te amo por encima de Gauss y de los telediarios,
pero por debajo de las náuseas de vuestras tranquilidades.
Dime que hoy amortajaste a un crío
y celebraremos tu llegada al mundo real.

Sobrevivo de Coca-Cola y
ansiolíticos color azul.
Vaciado al más puro estilo italiano,
en mi intento por igualarme,
vuelvo a caer con la boca contra el suelo.
Sangrante sonrío el Réquiem,
           Réquiem por todos, todos los vivos...
...o que creen estarlo.


3


Tiene un vals y una cabeza
partida.
Un mediodía sobrio y 200 capas de pintura
blanca.
Una noche ausente y un gato
que madruga.
Tiene un presentimiento y la boca
de barro.
Te echa en falta y se
disculpa.
Te maldice entre dientes con su estúpida
sonrisa.
Tiene un vals y no tiene con quien
bailarlo.

Tropiezos y un vals...
ni con quien bailarlo.


4

Tigridia


Ella era la que golpeaba con suma precisión
las sienes de los líquenes
liberando así los vientos nodrizos.
Ella fabricaba nidos con puentes
y cámaras frigoríficas
donde el tiempo no tenía cabida
ni sentido ni orientación.
Cultivaba siemprevivas en los brazos
y en las piernas, en los pechos yermos
y las llanuras de agua de zapatos.
Se le escapaba su identidad extraterrestre
por cada silencio y cada mirada, por cada ausencia.
Perdió la cuenta de los pechos congelados
y sonrió de la forma en que se cuida
a los animales sin cabeza o muertos de frío.
Surcó las venas e influyó a las mareas
con la luna muerta de envidia.
Ella era la que acariciaba con brutal ternura
el musgo y las patas de las arañas,
destronando al reloj de su regencia de fuego.

Pobre de aquel que no conoció sus manos.
Pobre el que se acostumbre a ellas.
Ella es la que golpea, con clara nostalgia,
mi pecho hasta el desfallecimiento.


+1


The Tin Forest (o El jardín Dadá)*

Caído de la memoria,
aquel hombre que aúlla se escondió en el bosque,
desnudo, aquel que te observa desde las copas de los árboles.
Allá a lo lejos diviso un indicio,
allá algo ajeno que nos aterroriza.
La lengua maldita del Abedul recitará la canción
del caído que tuvo que huir y que desde las ramas
no te olvida y se esconde.
Así lo despedaces hoja a hoja, pervivirá el veneno.
Así tales su tronco, rodará una cabeza de dríade
sobre la yerba verde.
Y entonces ya nadie recordará quien fuiste.
Come tierra, desgrana tu condena.
Que anide la lombriz entre tus dientes,
que siembre tu pecado en cada esquina.
Sabrás que es demasiado tarde
cuando el sapo vestido de frac
fije la mirada, a través de su monóculo, sobre tu sombra.
Sabrás que un día fuiste bípedo y mordaz,
ahora ya sutil y malherido.
No reflejes el cielo en tu pupila
ni busques redención en el sol de la mañana,
que el abismal escualo se abre paso entre las nubes.
¿A dónde huir, si el terrible ojo negro se cierne,
ebrio de voracidad, sobre tu nombre?
Se oye el grito del fauno,
ahora ya solo me alumbra una luciérnaga.


(*Poema creado con TIGRIDIA)