I
No recuerdo ya
el aroma de las bellotas, ni tampoco
las abiertas formas de las hojas o la fresca luz
entre los troncos del bosque. Pero sí recuerdo
la acometida del jabalí saliendo desde la oscuridad de la piedra,
con el pánico de la herida en el corazón.
II
Para poder huir más fácilmente
el ciervo se ha escondido en el caballo
como una lluvia ingrávida en el viento.
El morro brilla.
Pero permanecen en La roca,
se han dormido, su felicidad llora.
III
En el llano de la muerte no camina ningún cazador,
ni susurra ninguna sangre despreocupada.
El bisonte reina sobre la piedra
y debe ser más fuerte que la piedra
con toda la oscuridad cargada sobre sus espaldas.
¡Bisonte, otea el llano de la muerte!
IV
La cierva estremecida
siente en su extravío
el espacio como un asidero.
Su color desnudo es silencio,
su cuerpo es amor, la fecundidad
la mantiene enraizada a la vida.
V
Galopan, el ruido de sus cascos
hiere al sol, están cerca de la oscuridad
y alzan sus cabezas ebrias
desde peludas grietas prehistóricas.
Con su ciega paciencia
se alejan sin cesar.
VI
Sobre los verdes cerros de Santillana,
oigo sus roncos bramidos.
Traducción de Justo Jorge Padrón.
La nueva poesía sueca. Plaza & Janés, 1972