Emily Dickinson: El Lirio Blanco de Amherst

por Marcelo Luna

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COMENTARIOS A UNA DAMA

En la larga Serie de Breves que llevo escritos, es la primera vez que abordo a una mujer poeta con estos datos: de habla inglesa, de mediados del siglo XIX, yanqui de Nueva Inglaterra y una de las personalidades más extrañas, ambivalentes e introspectivas que me ha tocado leer y analizar en la literatura norteamericana.

Dejo constancia que la autora de quien hablo es en el conjunto de mis escritores-poetas, hasta ahora abordados, una de mis favoritas, junto a Elizabeth Barrett Browning y Edith Sitwell.

Por cierto, este Breve que lleva el número doce continúa mi afán de difundir a los poetas de habla no hispana que siempre recomiendo leer y tener sus obras en el librero de casa, como ineludibles referentes de la Poesía Contemporánea.

Si bien la Dickinson es fruto de mediados del siglo XIX, no deja de ser cautivante su lectura inmersa en un ambiente provincial, puritano, restringido a una casona y su jardín en un pueblo del valle de Connecticut de unas mil quinientas almas.

La pregunta del millón sería como trasciende su ideario vertido en sus poemas, si Dickinson jamás puso un pie fuera de Amherst , a excepción de su paso por el Seminario femenino de Mount Holyoke, rara vez atravesó el dintel de la puerta de su hogar y su jardín, y la mitad de su vida la pasó mirando al mundo desde la ventana de su dormitorio.

Trataré de dar una explicación a la naturaleza de éste Lirio Blanco...


CLAVES PARA DESCIFRAR AL LIRIO

Las misteriosas connotaciones que fluyen de la lectura de la obra de Emily Dickinson pueden ser explicadas a través de ciertas claves, a saber:

A) Clave del entorno o el mundo donde habita:

A la manera de Lee Masters en su Spoon River, Dickinson nacida un 10 de diciembre en Amherst, Nueva Inglaterra, vio al mundo desde la óptica de un pueblo inmerso en tradiciones puritanas y autosuficientes, donde el espíritu se ciñe al más estricto calvinismo presbiteriano y la duda manifiesta de si es uno el elegido para la salvación eterna.

Esta duda en Dickinson debió atormentarla sobremanera, quizá por ser la única en la familia en no abrazar la fe presbiteriana.

La diferencia con Masters fue que Amherst era un pueblo vívido de la teocracia calvinista y no un mítico lugar del Medio Oeste como Spoon River.

Sin embargo es su voz pueblerina y no la de los muertos de un cementerio, la que abre su espíritu pugnando en más de una ocasión entre el escepticismo y la duda con poemas de una terrible irreverencia y otros que podrían estar escritos por el cristiano más humilde y acendrado.

El tema de la creencia espiritual-religioso nos lleva a la segunda clave...


B) Clave espiritual:

Por lo expuesto en la clave anterior vemos que Dickinson fluyó alternativa y ambivalentemente entre las creencias de sus mayores y el escepticismo permanente.

A pesar de ser una de las mejores poetas en cantar bellamente el dogma de la resurrección de la carne, surge la duda asaltando su espíritu, aunque ésta se manifiesta no como un motivo de amargura y dolor, sino más bien como un gozo pueril del enigma; un goce en la incertidumbre de "los pequeños milagros" que nos devuelven al hogar (así definía ella a la muerte), es la "atención extática" a la vida futura; y es así como contempla el Cielo un cartógrafo del Espíritu transmigrado.

Yet certain am I of the spot
As if the chart were given.


C) Clave familiar y amorosa:

De su padre Edward, por el que sintió profundo amor y respeto, y de su madre Emily Norcross, la Dickinson los recuerda con afecto, a pesar que con su madre, recién a partir de la invalidez de ésta fue cuando a su cuidado desarrolló un intensa relación madre-hija; "cultivada por la pena hasta la ternura, murió siendo más madre que si hubiese muerto antes", nos dice en una frase que recuerda a Rilke.

Son sus hermanos Austin y Lavinia con quienes tiene mayor afinidad espiritual y con su cuñada Susan Gilbert confidencia y consejo.

Es a través del secretario de su padre, Benjamín Newton, que se familiariza con la literatura americana, es especial con Emerson.

En la primavera de 1852 conoce al pastor presbiteriano Charles Wadsworth, de quien se enamora, y a pesar de tener diecisiete años más que ella y estar casado, pudo profesarle un profundo amor platónico,"una compenetración espiritual y una profunda simpatía que los unió allende el tiempo y el espacio", solo rota cuando el pastor viajó a San Francisco para hacerse cargo de la Calvary Church, aunque menguara la correspondencia entre ambos dadas las distancias, solo la muerte de Wodsworth puso punto final a "una intimidad de muchos años con el amado clérigo".

El influjo del pastor fue decisivo en la obra poética de Dickinson, a pesar de no haberse visto sino tres o cuatro veces en su vida, la correspondencia entre ambos suplió con creces la lejanía.

A partir de 1861 comienza a vestir de blanco solamente, "mi blanca elección" y a recluirse en la intimidad del hogar, coincidiendo con la partida del clérigo.

De sus amoríos con el Juez Lord, amigo de su padre, se conserva la correspondencia entre ambos, aunque era una pasión tardía y ella conservó como un trofeo su virginidad.

Comienza entonces a desarrollarse el mito de su excéntrica personalidad, afianzada por sus amigos y periodistas que ocasional y fugazmente recibía en su hogar.


UNA APROXIMACIÓN CRÍTICA

No se encuentra en la poesía de Emily Dickinson un sistema coherente de ideas, son mas bien sensaciones que fluyen debido a su poca o nula inclinación a la especulación sistemática, oscilante entre actitudes opuestas.

Ya lo hemos dicho con respecto a lo religioso y espiritual, pero lo que sorprende a todos los críticos es su vitalismo a ultranza, a pesar de su tendencia algo morbosa al ostracismo.

Cuesta pensar que vidas así puedan vivir tan intensamente a la par de los grandes escritores de acción que forjaron la Literatura Universal.
Todo el drama de la existencia se desplegó para ella entre su estancia, su jardín y su alma, paseando por las colinas de Amherst, bajo los olmos del jardín o escribiendo en su dormitorio, Emily Dickinson meditó y se embriagó de misterio dando un lirismo pocas veces leído a sus poemas en " esta breve tragedia de la carne".

En su poesía, la mas de las veces contradictoria, se aúnan el espíritu puritano de Nueva Inglaterra, el romanticismo, el trascendentalismo y el vitalismo, cuatro raíces que conforman su "estro" poético.

La contradicción deriva de su condición de mujer, singular espíritu hecho de serenidad y angustia, inclinada a la contemplación de la muerte y ardiendo al mismo tiempo en un afán de inmortalidad.

Su poesía es del sufrimiento y del miedo, "Canto como lo hace el niño al pasar por el camposanto: porque estoy asustada", le confiesa a Thomas Higginson" su amigo más seguro".

Aunque no todo se inpira en la angustia, a menudo sorprende con versos de júbilo, asombro, de esperanza y éxtasis, a la manera de William Blake o de Rainer Maria Rilke.

En un estudio de estilo hecho por el profesor Thomas H. Johnnson, ha demostrado que la forma de sus poemas es más deliberada y perfecta de lo que suponen sus contemporáneos.

La diversidad de rimas y el uso casi inconsciente de la rima "suspensa" no es, según Johnnson, fruto de una negligencia formal, sino un recurso deliberado y sabiamente adaptado a las exigencias de ritmo del poema.

Ocurre entonces lo vaticinado por Emerson, uno de sus modelos, la emoción moldea con certeza a la forma y el pensamiento poético "es tan apasionado y vivo, que, como el espíritu de una planta o de un animal, posee una arquitectura propia..." y yo agregaría que plasmado en las palabras, Emily Dickinson admite en sus mejores versos, comparación con los líricos mas preciados.


POEMAS

Ojalá fuese para tí el verano

Ojalá fuese para ti el verano
si los días de estío se te alejan.
Pudiese ser tu música
al marcharse el cuclillo y la oropéndola

Brincaré por la tumba sembrando allí mis flores
y sólo para ti quiero que alienten.
Recógeme, tu anémona, te pido,
tu flor ya para siempre.

Otros pies van y viene por mi huerto

Otros pies van y vienen por mi huerto,
otros dedos la tierra han removido;
un trovador que se posó en el olmo
va diciendo el lugar de mi retiro.

Jugando hay otros niños en el prado
y debajo, cansada, se ha dormido otra gente;
y todavía vuelve, pensativa,
la primavera y , puntual, la nieve.

Hay una luz sesgada

Hay una luz sesgada
en las tardes de invierno,
que con su peso oprime
como la voz de un órgano en un templo.

Una celeste herida
nos hace, mas sin huella:
el alma en el sentido de las cosas
nota la diferencia.

Decir su traza nunca lograrías,
porque es el sello, la desesperanza:
una aflicción de reyes
que nos envía el aire.

Cuando viene, el paisaje presta oído;
sin respirar, la sombra ya lo advierte;
cuando se aleja, es como la distancia
que tiene la mirada de la muerte.

Al morirme, una mosca oí zumbar

Al morirme, una mosca oí zumbar; había
en la estancia una calma
parecida al sosiego
del aire entre un jadeo de borrasca.

Unos ojos sin lágrimas en torno;
y todos contenían el aliento
para el último asalto, cuando el Rey
ya está en el aposento.

Mis dádivas legué, y cedí con mi firma
la parte que quedaba
aún por asignar. Y se interpuso
entonces una mosca; tropezaba

y tenía un zumbido azul, incierto
entre mí y la luz viva;
entonces se borraron las ventanas
y luego verme viendo no podía.

Acudió a la llamada

Acudió a la llamada
soltando los juguetes de su vida,
y la noble tarea
de mujer y de esposa prefería.

Si en ese nuevo día echó de menos
algo de anchura o miedo, o de la antigua
esperanza; y si, al usarlo, el oro
más leve se volvía,

nadie lo dijo. Así el alga y la perla
van creciendo en los mares,
pero donde se ocultan en la hondura
sólo ellos lo saben.

Pasados ya cien años

Pasados ya cien años
nadie el lugar conoce;
la angustia allí sufrida
es una paz inmóvil.

Se irguieron victoriosos los hierbajos;
vagaron forasteros allí, deletreando
aquella solitaria ortografía
de los muertos lejanos.

Los vientos, en bancales del estío,
recuerdan el sendero,
pues el instinto recogió la llave
que la memoria se dejó en el suelo.

Nos gusta marzo

Nos gusta Marzo. Viene con calzado de púrpura.
Es nuevo y es esbelto.
Al can y al buhonero un barrizal les brinda
y seca el bosque luego.
En su lengua conoce la culebra
que él llega, y en su piel dibuja manchas;
tan cercano está el Sol, tan poderoso
que se calienta el alma.
Él es pregonero de los otros;
morir sería bello,
con pájaros azules volando de corsarios
bajo el color inglés que hay en su cielo.


Selección de Marcelo Luna.
Versión y traducción de M. Manent.
De la edición crítica de Thomas H. Johnnson.


BIBLIOGRAFÍA

-Dickinson, Emily. Poemas "The End". Volumen XXXIX de la Colección Visor de Poesía, selección y versión de M.Manent. Alberto Corazón Editor, Visor, Madrid, 1973. Primera edición.

-The Poems of Emily Dickinson: Including variant reading critically compared all known manuscripts. By Thomas H.Johnnson and edited for The Belkap Press of Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1955, USA. Primera edición. Original en inglés.

-Poems by Emily Dickinson, Edited by Martha Dickinson Bianchi and Alfred Leete Hampson, Little, Brown and Company, Boston, 1950, USA.
Primera edición. Original en inglés.

-Bolts of Melody, News poems of Emily Dickinson, by Millicent Todd Bingham, Edición del Autor, New York, 1945, USA. No consta edición. Original en inglés.