El día que dejes de aparecer de pronto por mis días para traerme sin permiso los ayeres, me habré quedado para siempre sin recuerdos. Y se borrará del todo Buenos Aires.
Palermo Chico y el sabor del entonces, las caminatas por calles alfombradas de flores de jacarandá, las ráfagas de viento repentino y el café en lo del gallego, con medialunas de grasa.
La noche de piano y farra, de amigos y licor, de mate y humo, tu surgir quién sabe de qué rincón, como quien ha estado siempre entre todos, "me gustan tus ojos, flaca, pero quiero sentirte la mirada."
Salir a las calles de San Telmo, marcando los pasos en el silencio, saber que el mejor rumbo era no tener ninguno, que cualquier lugar era bueno para sentirse el cuerpo en un arrebato de ganas puestas.
Interrumpir el larguísimo paseo en esquinas y paredes, en preguntas y respuestas. Y llegar a tu puerta casi sin notarlo, "vení, flaca linda, cantame al oído," y mi deseo de cumplir tus deseos... Y los míos.
Ver el día entrar a rayos pequeños por entre la persiana, y el sonido y los ruidos de afuera, ajenos a tanto ocurriendo adentro, mientras pasaba el tiempo sin apenas darnos cuenta, sin notar que las horas de la mañana dan paso a la tarde, en un verano nuevo.
Y por entre las hojas del viejo ombú llegar a ver morir el sol que no sabía de nuestra tempestad de sentidos entre sábanas revueltas, olor a sexo y risa, en tu recodo de Palermo Chico.
No puedo volver a Buenos Aires.
Se me han ido ajando los deseos de pisar de nuevo todas aquellas calles. A qué, si los chicos de Retiro seguirán pululando, con rostros nuevos y las mismas miserias, y no podré siquiera mirarte a la cara para reconocer tu gesto buscando un par de billetes en el bolsillo. A qué, si los inviernos y los otoños ya nunca van a ser los mismos, si los amigos se han ido marchando sin aviso alguno, durmiendo al gas, rindiendo el alma, olvidando la vida y dejando como prueba el acuse de recibo.
Muertes en papel vais siendo todos. Ellos, tú. Y sólo somos el recuerdo de lo que fuimos. Noches de verano en la playa de Olivos, de luna y mate amargo. Fumatas de risas y cielo estrellado. Y tus lecciones consteladas nombrando cientos de ellas, y ese "vení, flaca linda, cantá para todos, pero acá, a mi lado." "La gallega canta; tocate algo, gordo." Y entre todos armar una mezcla de voces, de aguas de río y mar, arenas y tierras, mientras tu mano buscaba ahuecar mi falda y confundir sonidos, para levantarme de la arena tibia y en la orilla tumbar recatos y callar prejuicios en un intercambio de sentidos sin más sentido que el del deseo.
Ser el amanecer desnudos frente al río marrón, y la vuelta a casa cuando todos salían a empezar el día. Colectivo y Barrancas, colectivo, y tu recodo de Palermo Chico.
Principios de diciembre y ceibo en flor, cuando te dije que regresaba a mi costa, que quizás volvería de vez en cuando... Pero nunca para siempre. Que me pesaba demasiado la nostalgia y necesitaba vivir en el contraste azul de mi mar con tu río marrón. "Y amarás a alguien, flaca, y le tendré envidia, y no podré evitar decirle al menos cuánto ha conseguido..." Un mes más para recorrer calles y pieles hasta quién sabe cuándo, o hasta nunca. "Pero nunca has sido de nadie del todo, flaca, aunque me hayas dado a veces la mirada y sólo yo supiera entonces qué pensabas." Y aguacero en Buenos Aires esa tarde, desde Congreso a casa.
En la distancia primero inauguraron el Tren de la Costa. Después renovaron Puerto Madero. "Están embelleciendo Buenos Aires, flaca, para que cada vez que vuelvas te brille en los ojos."
Y los años de ausencia y las visitas cortas, llenas de intentos de recuperar pasados, con la certeza de tener en otro lugar el futuro, que el pasado no vuelve y los muertos son tantos.
Ya ni siquiera las calles se llaman como entonces, los números de teléfono son otros y el directorio no tiene vuestros nombres. El gordo dejó de tocar, Gaby ya no ceba, tú te dejaste vencer por el cuerpo. Y los muertos han matado a Buenos Aires y no hay por qué volver...
Y a mi mar, le tiré ayer noche mi colección de fotos.
"Vivir, es cambiar, en cualquier foto vieja lo verás..." He ahogado todas vuestras caras y vuestras risas, los viajes, las guitarras, los paquetes de yerba, la arena del río, los paseos furtivos entre el mármol de La Recoleta. Tu ciudad sin mi gente es ciudad desierta.
Y te cuelas de pronto por mi vida cargado de ayeres cuando menos lo espero, y en la playa de anoche, tras una lluvia casi porteña, llegaste caminando sin aviso, junto a todos ellos para susurrarme sin permiso y sin recato "vení, flaca linda que te robe un beso."
Cayó el cielo en lluvia anegando todo en torrente de recuerdos. En mi regreso a casa hubiera podido jurar que oía, "sos loca, flaca, caminando sola con este día," como si volviera de nuevo a guarecerme en tu recodo de Palermo Chico.
Y no sé qué hacer con tanta lluvia... Aunque sé que el día que dejes de aparecer de pronto por mi vida para traerme sin permiso los ayeres, me habré quedado para siempre sin recuerdos. Y Buenos Aires, se borrará del todo.