Poemas del minotauro

por Sadder

I

Oigo los pasos
inminentes,
la criatura aberrante
que me dio la palabra
ha venido por mí
como en mis sueños:
ya no tengo miedo,
he aprendido a dominar la sensación
que ese sonido invoca.
Ahora escucho
el ruido del metal,
la doble hacha
arrastrada contra
el filo de piedra
de estos pisos:
el eco de sus pasos
se acerca por momentos
luego se aleja,
se pierde,
tragado por
la incertidumbre
y el silencio.


II

Por una rendija
en lo alto del techo
entra un haz de luz
que me saca
de esa pesadilla
que se repite
ya no sé cuantas noches.
Por esa misma rendija
entra la lluvia,
(me parecen absurdos
estos sonidos que utilizo:
rendija noches lluvia
pesadilla luz
;
estoy solo en estas habitaciones
desde un tiempo
que no alcanzo a recordar
sin embargo llamo a las cosas
por el sonido que tienen:
la lluvia tiene ese sonido,
las noches suenan a eso,
la luz también tiene ese sonido;
para mí no tiene ningún sentido
pero suenan así,
no sé si habrá otros seres
que utilicen los sonidos
que tienen las cosas)
el agua que cae me despierta,
llega por el piso entre las piedras
y me hace cosquillas en el cuerpo:
esta habitación me gusta,
tiene ocho paredes
igual que las demás
pero duermo recostado
sobre la que no tiene puerta:

sé que cuando ese monstruo
venga por mí
no podrá atacarme por la espalda.


III

He recorrido
completamente
este palacio
sólo dos veces
desde que caminaba
ayudándome con las rodillas y las manos
y la piedra de los pisos fríos
lastimaba mi carne hasta sangrar
(este sonido, sangrar, apareció
en mí mismo como un olor
que dejaba su rastro
en las habitaciones
por las que deambulaba;
la marca de mi sangre,
que aún persiste,
me mostraba el camino
que había recorrido).
Cuando sentí
que mis piernas eran fuertes
ya no tuve necesidad
de arrastrar mis rodillas
y mis manos,
recorrí el palacio
por segunda vez
siguiendo el hilo rojo de mi sangre;
luego encontré esta habitación,
vi que mi cuerpo
ya no pasaba
por las puertas
y decidí quedarme aquí:

aquí fue
que ese ser con doble cuerpo me dio el primer sonido:

muerte.


IV

Ese ser aberrante
carga un hacha
con dos filos;
la respiración le agita
el cuerpo doble
de metal y de carne:
el brillo aterrador
de su mirada negra
me estremece
hasta sentir
que mis piernas
pierden fuerza;
hay siete puertas
detrás de él,
detrás de mí,
sólo una pared;
decido embestirlo
para poder escapar
por una de las puertas,
entonces levanta
el hacha doble
con gran velocidad,
al pasar cerca de él
siento un golpe brutal,
demoledor,
que me destroza la nuca,
luego todo rojo;
en ese instante
sólo escucho un sonido:

Muerte.


V

Yo dejo
en estas paredes
mi poema inmemorial
puesto que
no tengo memoria;
todo es un presente
luminoso
en estas habitaciones:
no sólo el mismo espacio
se repite siempre
(como las incontables
cámaras de este palacio)
también el tiempo
en todas ellas
es un instante
lleno
inextinguible;
por eso se perdieron
los hombres
que han venido,
no saben que
el misterio del mapa
de este encierro
es que el espacio y el tiempo
ya no son dos ni uno:

fueron absorbidos por lo Eterno.