Voces detenidas (aforismos), de Dionisia García

por Javier Díez de Revenga

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Voces Detenidas
De Dionisia García
Ediciones Renacimiento

En el año 2004 se abre en la Región de Murcia, a efectos de publicaciones de nuestros escritores, con el libro de Dionisia García (Fuente Álamo, Albacete, 1929) titulado "Voces detenidas (Aforismos)", que acaba de publicar la editorial Renacimiento, en Sevilla, en un precioso volumen de tamaño pequeño (mitad de octavo) con la intención, sin duda, de ofrecerlo como una especie de libro de meditación. Porque, en efecto, el volumen está compuesto en su totalidad de muestras de ese dificilísimo género literario denominado "aforismo", que según el diccionario de la RAE, es una "sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte", definición anticuada, como ocurre con tantas voces del diccionario académico, porque en realidad, un aforismo es una declaración concisa o una frase que expresa un principio o una verdad en una manera breve e intelectiva.

Tiene relación el aforismo con la poesía y la filosofía y, desde luego, es mucho más que una sentencia, como indica la RAE. Difícilmente hallaremos aforismos en quienes no son poetas: entre los españoles, Juan Ramón Jiménez, Bergamín, Camón Aznar y Carlos Edmundo de Ory. Dionisia García ya había reunido algunos en un libro anterior "Ideario de otoño" (1994).

En el aforismo cabe todo: desde la ocurrencia divertida y ligera, rica en palabras e ideas, a la expresión sentenciosa y lapidaria, intelectual en su expresión y brillante en su resultado, A veces, el aforismo puede relacionarse con la greguería: "Las casas deshabitadas nos miran con ojos perpetuos", "Una mancha de tinta era el mapa oscuro de los castillos de infancia", "La noche es una grieta de la vida que se cierra al amanecer". Pero la greguería es un género que nace y muere con su autor, Gómez de la Serna, a diferencia del aforismo, que cuenta con largo cultivo en la literatura universal. Los de Dionisia García se ajustan al más canónico de los modelos del género, gozan desde luego de brevedad, ingenio, sorpresa y temperatura poética, lirismo, en definitiva, lo que les otorga una validez estética indudable.

Son tres las partes en que se divide este libro, homogéneas y cohesionadas. La primera, "Al compás del tiempo", se ocupa básicamente de la vida tal como es, viendo pasar el tiempo, protagonista, con la edad, la memoria, el olvido, de muchos de estos pensamientos, junto a otras facetas de la vida: la guerra, los nuevos inventos, la naturaleza, el amor, la muerte, los vicios y las virtudes, pecados capitales, defectos sociales, perversiones humanas; en definitiva, la vida misma, con sus amaneceres y sus atardeceres...

La segunda parte es quizá más monográfica. Titulada "En torno a la escritura", reúne reflexiones meta literarias sobre el arte de escribir, la literatura, los literatos y, lo que es más interesante, la sociedad literaria, con sus torpezas y fantasmas, con sus anhelos y corrupciones. La poesía es la que protagoniza un mayor número de textos, sin duda por constituir obsesión y pasión de vida de la autora: poesía, desde el acto de escribir al resultado, pasando por otros muchos aspectos, entre los que no lo son menos los estrictamente sociales: vanidades, fracasos, componendas, que sólo pretenden ocultar la ineptitud para un arte tan difícil como excelso. Y no están ausentes los críticos, no siempre, bien parados.

Finalmente "La mirada insistente", está dedicada al mundo del espíritu, del más allá y del destino, de las creencias, al terreno e la contemplación, de la visión, pendiente de maestros y, maestras, adquiridos en las lecturas más diversas, desde la patrística a la mística, desde la poesía clásica a la narrativa contemporánea. Frases extraídas de sus libros que son puestas en duda, discutidas o asumidas con unción: la luz, la claridad, el resplandor, frente a la tiniebla, la oscuridad: una positiva visión del mundo y del más allá frente a la negación y frente al nihilismo. Y, de nuevo, la obsesión por la muerte, que cierra estas reflexiones junto a una nueva meditación de la propia escritura y de la palabra: "Pasaban las voces y las he detenido para ver qué dicen. No sé si ha merecido la pena."

La Opinión. Viernes, 19 de marzo, 2004.


ALGUNOS AFORISMOS

8.

Nada de cuanto pensamos ha pedido la palabra, pero ¿qué haríamos sin ella?


70.

Quizá sólo nos justifique nuestra capacidad de amar.


104.

Dar la razón no es dejar de tenerla, sino aceptar las razones del otro y renunciar al turno de exponer las propias. Ejercicio saludable que no viene mal.


105.

Ir a comprar el pan es tarea grata con olor a comienzo. Si se me concediese una gracia de tiempo en mi hora final, iría a comprar el pan al clarear el día.


108.

Cuando las mariposas sintieron el vuelo, se echaron a temblar, y todavía siguen.