Lo de ella, de Concha García

por Flavia Company

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Lo de ella
De Concha García
Ediciones Icaria (Poesía)

Creo encontrarme ante un libro que supone un punto de inflexión no sólo en la obra poética de la autora sino, desde ya, una referencia para la poesía en lengua castellana.

Posiblemente no soy quién para hablar de poesía, ese arte extremo que utiliza las palabras para decirnos, para contarnos, para explicarnos sin los adornos de ninguna historia, es decir en nuestra esencia, en nuestro ser más profundo.

Si hacemos un breve repaso de la trayectoria de Concha García, vemos que se ha desarrollado, y además con gran reconocimiento, en el mundo de la creación poética, que comenzó públicamente en el año 1986 con su libro Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas, (si bien habría que mencionar, previamente, su libro Diálogos de la Hetaira), seguido en el 87 por Otra ley.

Después vendrán Ya nada es rito, premio de Poesía Barcarola en 1988, Desdén, en 1990 y Pormenor, en 1993, seguidos más tarde por Ayer y Calles, de 1994, premio Jaime Gil de Biedma, y Árboles que ya florecerán, publicado en el año. Cabe añadir, además, esa extraña obra, magnífica por otra parte, de narrativa, que supuso Mi amor.doc, publicada en 2001. Hoy hablamos de su nueva obra: Lo de ella.

La primera pregunta, nada más leer el título es: ¿Lo de quién? ¿Quién es ella? ¿Quién es esa ella que da título al libro? Podríamos contestar con otra pregunta, ¿Y quién no es ella? Ella es la otra. Ella es aquella a partir de la cual el yo se pregunta una y otra vez por las razones de todo, de la existencia, del amor, del desamor, del miedo, de la incertidumbre.

El epígrafe que encabeza el libro me parece, en ese sentido, muy significativo. Dice así: "Si alguien puede creer con certeza en Dios, ¿por qué no creer en el alma del otro?"

Es, hasta cierto punto, en mi opinión, una de las claves sobre la que puede leerse Lo de ella. ¿Quién es la otra? La que no soy yo y está dentro de mí y la que no soy yo y vive fuera, en el cuerpo de otra, de ella, que posee lo suyo igual que poseo yo lo mío. O tal vez habría que decirlo al revés, aunque pueda parecer un trabalenguas: la que no soy yo y es poseída por lo suyo igual que a mí me posee lo mío.

Lo de ella es un libro de preguntas, de dudas, de incertezas. Y es así porque es un libro de amor también. De un amor que despoja al sujeto de sí mismo, que lo vuelve inexplicable y lo lleva a buscarse una y otra vez. Lo de ella es, incluso, y sin ser metaliterario, un libro sobre poesía, porque explora hasta tal punto sus posibilidades que parece a veces estar a punto de romperla, de quebrarla, de saltársela y convertirla en otra cosa irreverente y desconocida.

Más críptica que nunca y, por ello, más sugerente. La lectura de Lo de ella se parece más a alguna experiencia que no sea exactamente la lectura. Es como un viaje, como un descubrimiento, como el deseo, que se apodera de nosotros y nos invade y nos ocupa de un modo total.

Hay algunos poemas en que está todavía presente el modo poético anterior de Concha García, tal vez algo más narrativo:


"Escaparse de casa
sólo lo hace una muchacha
cuando cruza la calle
para huir de su índole".

O por ejemplo:

"Lo de ella es deuda
caerse hacia atrás,
un mundo recién construido
para deleite
del goce".

Seguido de este otro:

"Soy su narradora
a veces, yendo hacia arriba
vemos vértigo
dos días de ansiedad".

Pero en general Lo de ella es un libro absoluto, que bordea continuamente el riesgo, la ruptura, la radicalidad. La voz propia es inconfundible y única. Como si Concha hubiese alcanzado una capacidad de síntesis y abstracción cuya felicidad consiste en saber transmitirse sin dificultad:

"Un mecerse suave
de día tras otro.
Lo encajado aconseja
agitarse sin dureza".

"Tengo las piernas
en esta casa. No vivo aquí,
soy de todos ellos, un
aire me respira".

Me gusta especialmente esa voluntad de exploración, de investigación, de anhelo de comprensión de algo más allá, de algo que trascienda, que subyace en todos los poemas de Lo de ella. Es como si debajo de sus versos hubiera otros versos, que debemos adivinar, deducir, comprender. Como si las elipsis fueran tan evidentes como lo escrito:

"Lo que no se toca, lo acaricio
y sale del alma un forcejeo
de varios días sin atributos
como la huella del todo".

Y es que la poesía está en lo que se dice y en lo que no se dice, y los silencios de este libro son estremecedores, casi asustan. Cada poema es un hallazgo. Y cada hallazgo es puro abismo.

Es también Lo de ella un libro sobre la identidad, como no puede dejar de serlo un libro que verse sobre el amor, sobre la distinción entre el yo y el otro —o la otra—, sobre la fusión de dos, sobre la pluralidad del uno. La identidad queda reflejada en una ruptura gramatical absoluta, que da cuenta de la fragmentariedad del ser, su multiplicidad irreconciliable y la paz, a veces, de encontrarse con el otro —o la otra— y de encontrar en ella el reconocimiento, la calma que otorga ser vista, ser creída, ser amada aunque, como nos dice el siguiente poema de Concha:

"Todo es una invención, los rastros
de la saliva adorable, de los días
encomiables, de los cines,
de la cama donde te imaginas".

Naturalmente mi lectura de Lo de ella es personal y subjetiva. Por lo tanto, m interpretación puede ser absolutamente peregrina e incluso inadecuada. Sin embargo, no he pretendido con estas palabras ser exhaustiva ni rigurosa. Ni siquiera he pretendido acertar: sé que cualquier interpretación es válida. Lo que sí es objetivo e indudable, y es en definitiva lo que quiero transmitirles, es que este nuevo libro de Concha García es un libro muy emocionante, muy importante también, que se atreve a adentrarse por caminos sorprendentes para ofrecernos, con la humildad que concede la sabiduría, una muy lúcida visión sobre el ser humano y su estar en el mundo. Los poemas de Lo de ella son de esos poemas que a una le dan ganas no sólo de subrayar o de aprenderse de memoria, sino de los que una necesita copiar y reenviar a sus amistades para explicarles con exactitud poética —esa extraña exactitud acertada de la poesía— aquel sentimiento que desde hace días intentaba contarles, aquella emoción para la que no encontraba palabras, aquel desasosiego que no sabía a qué atribuir.

Lo de ella es un libro enorme, y yo celebro que haya nacido, que Concha García se haya atrevido a darle vida para que ahora todos podamos darle las gracias con una lectura que, más que a una lectura, se parece a una experiencia inefable y radical.