La filósofa despedazada
(Hipatia de Alejandría, de María Dzielska)

por Eve Gil

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Hipatia de Alejandría
De María Dzielska
Ediciones Siruela, 2003

Aunque existe escasa o nula información sobre la polaca Maria Dzielska, autora de un libro mundialmente aclamado, Hipatia de Alejandría, pudiera decirse que la obra habla por ella. En la contraportada de su edición española (Siruela, 2003, traducción del inglés de José Luis López Muñoz), se nos presenta como "catedrática de historia antigua en la Universidad Jogelónica de Cracovia." Sin embargo, es mucho más que eso: autora de varios libros aún no traducidos al español como Apollonius of Tyana in legend and history (Roma, 1986), así como de artículos y traducciones de autores griegos clásicos.

Pertenece al Departamento de Historia Bizantina de la mencionada universidad y sus especialidades son la historia y la cultura del último imperio romano, el helenismo de los filósofos pertenecientes al mismo, el neoplatonismo y sus círculos y los intelectuales paganos y cristianos de la última Grecia. El libro que nos ocupa ha sido traducido a seis idiomas, con un éxito sin precedentes para un estudio académico. No es para menos. Maria no sólo aporta la última palabra sobre un tema que nadie había abordado con seriedad desde hacía más de un siglo, sino también, un ensayo de trasparente belleza que se lee con el afán de una novela detectivesca.

Aunque la versión más viable vendría a ser la de Sócrates Escolástico, historiador contemporáneo de Hipatia, esta se ha diluido en la avalancha de posteriores interpretaciones novelescas y Maria descubre, no sin sorpresa, que hasta la versión de Sócrates adolece de algunas exageraciones, acaso deliberadas, sin contar las licencias poéticas que se han tomado autores como Voltaire, Leconte de Lisle, Charles Kingsley, Henry Fielding con la filósofa y matemática alejandrina del siglo V a.C. Una poeta y novelista italiana, Ursula Molinaro, llega al extremo de destruir el mito de la empecinada virginidad de esta, para mostrarnos a una Hipatia de desbordada sexualidad y precursora de un feminismo quemasostenes en su libro Una mártir cristiana en reversa (1989). En lo personal, supe de Hipatia a través de Octavio Paz (que no figura entre las fuentes de Maria), quien, en un texto sobre Sor Juana, a la que afortunadamente compara con Hipatia, ofrece una versión muy apegada a la de Sócrates, el cual describe la horrible muerte de la filósofa a manos de una turba de cristianos enajenados, azuzados por Cirilo (a quien canonizaron como premio), y quienes, tras desnudarla, le arrancaron la carne de los huesos con afiladas conchas de ostras para luego arrojar sus miembros, "aún estremecidos", al fuego.

¿Qué pudo haber hecho esta mujer para que la odiaran tanto? Esa es otra de las grandes incógnitas que Maria intenta responder. La tradición nos muestra a una Hipatia con la belleza de Afrodita y la sabiduría de Platón, que, por si fuera poco, es jovencísima (unos veinticinco años) y helenista, ingredientes irresistiblemente novelescos que se prestan a más de una conjetura: ¿Fue, como todo parece indicar, un crimen religioso? ¿Político? ¿Sexista? O, acaso, ¿instigado por la más baja de las pasiones que es la envidia? Hipatia, hija de Teón, considerado el más eminente matemático y astrónomo de su tiempo, atrae a una muchedumbre ansiosa de impregnarse de su sorprendente erudición. El patriarca Cirilo sabe que jamás gozará de semejante privilegio, el de ser adorado como a un dios vivo porque, para empezar, dista de poseer los atributos físicos e intelectuales de Hipatia... y aún entre los más convencidos cristianos, a los que el mismo Cirilo lidera, como el propio Sinesio de Cirene que llegaría a ser obispo, se cuentan infinidad de adoradores de la filósofa. La mayoría de los historiadores, nos dice Maria, coinciden en que Hipatia, con todo y su carácter pagano, hizo más por la doctrina cristiana que los fanáticos que la asesinaron. Su docta enseñanza de Platón convenció a más de uno, no solo a Sinesio (cuya correspondencia dirigida a Hipatia ha contribuido a ensamblar la historia de esta sabia cuyos manuscritos fueron destruidos en su totalidad) de consagrarse a la Iglesia. Algunos más aventurados llegan a comparar a Hipatia, mártir de la sabiduría, con el mismísimo Jesucristo, como es el caso de B.L van der Waerden, quien insiste en que la apreciación de la ciencia alejandrina fenece junto con ella, "(...) Después de Hipatia —señala, citado por Maria en la página 40—, las matemáticas alejandrinas llegaron a su fin." Por desgracia, Maria no coincide con ellos, y no tiene reparos en destruir nuestros sueños al respecto, no sólo porque Hipatia no era, como se piensa, la única sabia de su tiempo (Maria cita, entre otras, a la filósofa Arete, miembro del círculo de Jámblico, y a otra filósofa, Sosipatra, a quien Eunapio incluye en su libro Vidas de filósofos y sofistas), sino porque, posterior a Hipatia, continúan los avances en matemáticas y astronomía, y la escuela alejandrina goza de sus mayores méritos a finales del siglo V y comienzos del VI.

Otro de los sorprendentes descubrimientos de Maria, casi tan desalentador como el arriba citado, es que Hipatia no era, como se ha creído durante tantos siglos, una mujer joven sino una sexagenaria, conclusión a la que llega mediante operaciones matemáticas, "Juan Malalas mantiene, de manera convincente, que en el momento de su espantosa muerte, Hipatia es una mujer mayor —explica en la página 80—: ni de veinticinco años (como quiere Kingsley), ni tampoco de cuarenta y cinco, como se da por sentado en general. Siguiendo a Malalas, algunos investigadores, incluido Wolf, afirman correctamente que Hipatia nace aproximadamente el año 355 (no en 370, lo que ubicaría su madurez alrededor del 400) y que tiene unos sesenta años al morir." Maria se sostiene en esta tesis hasta el final: "Hemos establecido que Hipatia nace alrededor de 355 d.C y no, como se mantenía de ordinario, hacia 370. Cuando muere en 415 es de edad avanzada, unos sesenta años. En consecuencia parece que no existe apoyo legítimo para describir a Hipatia, a la hora de su espantosa muerte, como una mujer joven, dotada de un cuerpo digno de Afrodita y capaz de provocar el sadismo y la lujuria de sus asesinos." (p. 114).

Sin embargo, Maria sostiene que la mejor parte del mito de Hipatia es absolutamente verídica, pues se trataba de una mujer sumamente virtuosa, que practicó la abstinencia sexual hasta el final de su vida, que lejos de vestir galas se limitaba al uso del manto filosófico, llevaba una vida sumamente moderada y su trato para con sus discípulos era circunspecto. Hipatia, cuyo interés en el helenismo era estrictamente cultural y no religioso (no profesaba religión alguna, si bien llegó a manifestar un interés crítico en el cristianismo), resulta una figura mucho más ejemplar que la de San Cirilo, que la acusó falsamente de bruja y satánica, al grado de que su leyenda se fusiona con la de Santa Catalina de Alejandría, con la variante de que a Santa Catalina se le ubica en el siglo VIII y profesa el cristianismo. Joven y hermosa, erudita en geometría, matemáticas, astronomía y filosofía, perseguida por el emperador Majencio, enemigo acérrimo de la fe cristiana en tiempos de Diocleciano, es sentenciada por aquel a la tortura y a la muerte.