En aprender, hemos pasado la vida,
en encajar cada brillo, cada golpe.
Con fuerza impenitente,
la misma que de niñas
cuando tomábamos cada cosa
como real, y así era,
estábamos ante el mundo,
y en lugar de hablar
de posibles partes,
nos hacíamos piedra
para ser la piedra
con su arma desnuda.
A un lado de la vida pesábamos la verdad.
¿Quién, entonces, nos va a domar?
*
Caigo en la noche y en el escrúpulo.
Bailo en la casa,
las manos impongo.
¡Que no suban los muertos!
Siento amor de savia de junco,
de catástrofe y desesperación.
Legados de historia
reúnen en mi boca las palabras.
Oscuridad de noche,
aún no sé dónde estoy.
¡Extiéndete, mundo!,
extiéndete y multiplica tu sueño.
*
Blanco es el oro entre
la cavidad y el brío.
¡Qué oscuro es saber
lo que tan claro se percibe!
*
Rotos los papeles, sólo flota lo
imprescindible:
el espejo.
Majestuoso, para el que lo penetra,
pues quien conoce esa puerta
sabe que al pasarla
no hay cuerpo ni cadena.
Su duna se mueve y cambia el paisaje.
Sólo al acostumbrarse a los astros entra a tiempo en su cordura
y es un desierto variable
para quien lo resiste.
*
Oírnos
más cerca,
cercar el sueño;
oírnos para amarnos,
como se oyen los niños.
Al soñar,
callar;
desoír la letanía
y volver
a ese blanco silencio
que nos tuvo.
Del libro LIMEN (Lola Editorial, Libros de Berna, Zaragoza 2004).