Era una premonición, sin duda. Por los altavoces sonaba "take this waltz" entre un silencio de corderos. Luego seguiría "the partisan", "Suzanne", "so long Marianne" y todo se vendría abajo. La voz de Cohen (como nuestras vidas), había cambiado muchísimo. Aquella languidez de cantautor años sesenta, dejó paso a una voz grave de hombre curtido en mil barras de bar. Las ruedas del coche chirriaron al tomar una curva demasiado rápido. Aminoré la marcha consciente que su atención estaba puesta sobre el velocímetro. Efectivamente, empezaron las estrofas de "the partisan", un canto a la resistencia. Y algo (adentro o afuera), cedió unos milímetros, sólo unos milímetros. Una ambulancia pasó frente al auto y sus luces iluminaron brevemente el interior: ambos apartamos la vista. La línea divisoria que separa tu mundo y el mío a veces es fronteriza. Otras, tierra de nadie. Normalmente, campo de batalla. Aunque de aquel partisano que antaño nos puso la carne de gallina ya no quedaba nada, "dance me to the end of love". El auto seguía su marcha implacable a través de la ciudad, acortando el momento de "the last escena"... La verdad es que estaba sorprendido por mi aparente serenidad. En parte (ante lo evidente) me sentía aliviado. Como si me hubieran quitado un gran peso de encima. Sabía que esa laxitud sólo era preludio. Perjurio!, algo largo tiempo larvado estaba a punto de salir a la luz. Llueve dentro de mí, pero nos mojamos los dos.
Es una lluvia cálida que empapa cada pliegue con el ungüento más fetal (y dañino) que el ser humano conoce: la nostalgia. "if it be your will" ¡Ah!, el amor ¿enamorarse? Un termino burgués en el que nunca creí por evidente. Prefiero otros vocablos más específicos para definir un estado de animo tan abstracto, voluble y cambiante, como: querer, o compañerismo. La luna cierra su curvatura sobre el cielo raso del mundo, dejando tantas preguntas en el alero. Cuando ya nos acercábamos a la estación, me entró un frío glacial que me caló hasta los tuétanos. Demasiado encerrados en nosotros mismos como para darnos cuenta de lo que le estaba sucediendo al otro.
Aparqué en una plazoleta, justo cuando las notas de "first take a Manhattan", me trasportaban a otro nivel de conciencia. La verdad es que había conectado la radio-casette sólo para no tener que oír su respiración junto a mis remordimientos. Éramos rehenes de nuestro propio orgullo ¡Joder!, podía haber puesto al Dylan más electrónico e hipócrita: Hurricane. O, la epiteliana Tanya Wurdz. Lo puse al azar y muchas veces el azar es una proyección del inconsciente. En algún lugar bien lejos de esas coordenadas seguía oyendo "if it be your will" (en versión broken-pareja). Avancé por los pasillos cargado con un par de maletas y el desencanto de contemplar un final que nunca hubiera imaginado. Ella me seguía en silencio. Éramos como marionetas guiados por hilos de plata hacia su propio suicidio emocional, "dance me to the end of love".
Apenas dos maletas llenas de reproches,
Reclinadas en el sucio andén. Yo te crucifico.
Sobre los raíles se ven extrañas anamorfosis,
en lontananza brilla la luz de una locomotora.
Los pájaros de la noche hacen sus nidos con hilo de bramante
y los apuntalan con excusas de parejas rotas...
De la niebla no se vuelve.
Del laberinto sentimental no se sale indemne.
Alza la cabeza y me mira con ojos enrojecidos.
Acaricia la lira de las palabras con la palma de su mano,
y las esparce en el aire, como si fuera flema eucarística.
"Esta es mi unción. Yo te absuelvo".
Salta el polvo de las barricadas levantadas con tanto tesón.
Por un momento parece que ceden los contrafuertes. Pero,
me dice con voz de litigante piedra angular:
"antes, extiéndeme un cheque por todo el lucro cesante"
Llévame a contemplar el crepúsculo
que yo cerraré mis ojos.
Llévame a bordear el pánico,
pero no me sueltes la mano.
Llévame por los desbarrancaderos
de la razón. Y arrójame con ella.
Llévame bien lejos de esta pandemia,
ahora que la ciudad muere de tedio
y se derrumban los muros de las discotecas.
Llévame a aquella fábrica de muñecas
para borrarme el carmín de tu recuerdo.
Llévame. Yo te miento.
Bancamos todas las excusas y los lo siento.
No, no se vuelve de un exilio auto-impuesto.
La noche hace girar esa ruleta rusa que son los actos.
Dispara y da de lleno. Un perro callejero se entretiene
lamiendo las heridas de nuestros cuerpos agonizantes.
Morimos el uno contra el otro, sin asomo de pudor.
Silencio de absalones estallando en la alcoba. Un cigarrillo
entre los labios y una copa de Ron. Suena un LP de Serrat.
Luego pondré a Cohen, mostrando ni desnudez. Después,
Unas parrafadas filosóficas sobre el destino y toda la pesca
Tú, esfinge, yo lazarillo.
Sonrisas que quieren parecerlo,
pero que en realidad son vértigo de saberse atados a un hilo,
tan liviano como interminable "dance me to the end of love".
Tenía preparada una batería de excusas; pero de mis labios
no salió ni una. Yo te abjuro.
El tren se aleja y tú con él.
Te llevas (si es tu voluntad), toda la bruma
y me dejas un poco de luz.