La pértiga

por Patricio Riquelme Luco

Carolina Torres saltó cuatro metros treinta
en las cinco pulgadas de mi televisor B/N.


1

Previo a la medalla de plata
se presenta en el pasillo de impulso.
Carolina exhala inhala concentrada en el listón
colocado a cuatro metros treinta.
Con la pértiga de fibra de vidrio
entre sus manos de travesía anhelante.
Apuntando al cielo, al satélite
que reproduce la imagen
en las cinco pulgadas de mi televisor B/N.
Comienza la carrera hacia las nubes centroamericanas.


2

Comienzo la carrera hacia las nubes del cerezo.
Una pértiga de coligüe
con un clavo de cuatro doblado en la punta,
entre mis manos anhelantes de infinito,
buscando bajar el gancho más oloroso
previo a la medalla frutal.

Con golpe experto cruje suave el árbol,
caen hojas verticales y ramitas.
Tengo como punto de apoyo
las ráfagas provenientes de toda la costa.
Busco la caída libre para el regalo de Tamara.


3

Corre grácil y textil cuarenta metros
en las cinco pulgadas de mi televisor B/N.
Va abriendo con sus pezones la brisa de Santo Domingo.
La cúspide de la garrocha calcula
como devorar el cajetín del punto de apoyo.
Baja la lanza de vidrio
que se afirma a dos tercios del centro del mundo,
que se cimbra y proyecta a Carolina en órbita estelar
a cuatro metros treinta del planeta.


4

En la inmensidad del sur de nuestra infancia
recibo las cerezas para condecorar a Tamara.
Nos ocultamos de sus padres tras los chilcos,
entre madreselvas la corono frutalmente
y me regala mi primer beso.


5

Con una parábola perfecta
diseña la secuencia de Fibonacci en las nubes
en la República Dominicana de mi televisor cinco pulgadas.
Carolina traspasa las piernas y caderas
se flexiona, atraviesa la cintura y brazos.


6

El listón inmutable anuncia un vuelo correcto
la veo remontarse en este atardecer,
sobre mi cama de fin de invierno.
Y mis ojos sintonizan alternadamente
en seriales caóticos parpadeos,
la caída libre de Carolina
tu desnudez rotunda en que me extravío,
el rebote de la saltadora en la colchoneta
nuestros juegos invisibles y extasiantes,
Carolina envuelta en la bandera chilena
nuestro abrazo sobre antiguos dolores,
el abrazo de la atleta y el entrenador
nuevos primeros besos treinta años después Tamara.
Y te sostengo de las caderas
Y fijas tus ojos en el desplazamiento infinito del recuerdo.
Y las caderas, y el infinito
Nuestros puntos de apoyo.


Patricio Riquelme Luco Octubre del 2003