Obra poética completa de Samuel Beckett

por Miguel Arnas Coronado

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Obra poética completa de Samuel Beckett
Edición, traducción, estudio preliminar y notas de Jenaro Talens
Edición Trilingüe, Hiperión
320 páginas

Estoy harto de escribir sobre poesía. Uno se encuentra con un poema, con unos versos, igual que se tropieza con la persona que se convertirá en el ser amado: se suele uno quedar anonadado, obnubilado, y sobre todo, incapaz de pensar. Ni siquiera después, tras largos años de amor y convivencia, puede uno decir qué le pasó y qué le pasa ante esa persona o ante ese poema, se es incapaz de pensar, de racionalizar, de decir. La única diferencia, tal vez sustancial, es que hay amores imposibles, mientras no existe el verso imposible: al verso se le posee en cuanto se lee, y si tan fuerte es la impresión, se le recuerda siempre. Sin embargo, posible o imposible, logrado o no, poseído o no, ni el amor ni el verso son motivo fácil de verborrea.

Por eso estoy harto de escribir sobre poesía, porque no sé qué decir.

Cuando Hans Castorp roba la radiografía de Madame Chauchat, en la Montaña Mágica de Thomas Mann, cae en lo absurdo y también en la suma depravación, porque cuando amamos de veras a una persona no nos interesan sus tripas, y sólo nos preocupamos de ellas, o de cualquier otro órgano interno, cuando funcionan mal y corremos el riesgo de perder a la persona amada. Lo demás es perversión. No imagino a dos amantes diciéndose el uno al otro: adoro el color de tus pulmones, el olor de tus músculos tríceps o el sonido del funcionamiento de tu médula ósea. Se ama y nada más. El verso se degusta y nada más. Como el buen vino: si alguien nos habla de colores cereza o aromas a roble o tabaco, quizá nos amargue el trago. Porque hay cosas que es mejor queden en la más absoluta irracionalidad.

¿Hablar de Samuel Beckett? ¡Pero si ni él mismo lo hizo!

"Noche que tanto haces/ que imploremos el alba/ por favor noche/ cae". ¿Se puede decir más con menos? ¿Qué es el goce íntimo?, ¿hay regla para medirlo?, ¿es posible auscultar las motivaciones del goce, sus intensidades, su principio y acabamiento?

Cuando alguien, como él, cree que el amor padece el enorme lastre de la reproducción, que la vida tiene demasiado de absurda para forzar a alguien a vivirla, que el mismo amor está lleno de lagunas negras donde chapuzarse es llamar a la puerta del infierno, cuando alguien ve la vida sola en la literatura y justamente por ello se vuelve avariento con las palabras y apenas emite gruñidos, cuando alguien cercano a la muerte se contenta con mirar por la ventana y sonríe vagamente ante la esperanza como si todo no fuera más que un chiste apenas gracioso, cuando alguien que no creía en el más allá escuche todas estas sandeces, estos ríos de tinta o de electrones que emitimos por no quedarnos parados, que quizá sería el óptimo estado de la materia humana, ¿qué pensará?, ¿qué pensó?: nos lo dejó dicho en sus poemas. No hay más que leerlos. Todos. De una sentada. Sin leer esta majadería que yo aquí dicto tras su lectura.

Tal vez sea cierto que la obra importante, definitiva, de Beckett sea su prosa, su teatro, su novela, sus textos cortos, pero también es cierto, creo, que la poesía es tratada por él como trató la prosa, con mimo al tiempo que con crueldad. Desde luego, practica un vanguardismo en el que sigue la senda de Elliot y Pound. Al principio. Luego es Beckett, sólo Beckett. Tal vez se note esto hasta demasiado. En sus primeros poemas ingleses se siente el rastro, sobre todo de Pound, el amor por los poetas provenzales, los juegos de palabras y las alusiones. Puede que sea por eso que yo encuentre mucho más interesante ese segundo aspecto de su poesía: cuando se independiza. Y curiosamente lo hace en francés.

Su mirada aguileña, que inevitablemente asimilo a la mirada a través de una ventana, mirada en la que lo aparentemente perdido de ella no impide que se le escape ningún detalle, de lo visible ni de lo invisible, su mirada es quieta, sin acción, y por eso elude los verbos, sólo señala el absurdo existencial, y muy a menudo con un gran sentido del humor, negro pero humor.

"Al llegar la noche en que el alma/ iba a serle reclamada/ he aquí que al no aguantarse/ la entregó una hora antes". O bien "Enano en sus noventa/ con el aliento del final/ os ruego que la caja en que me metan/ sea de tamaño natural"

Pero también "Hermana negra/ que estás en los infiernos/ trinchando a diestro/ y a siniestro/ qué esperas", como llamada fraternal a alguien ya de la familia, asimilada.

Y todo en ese verbo corto, recortado, entrecortado en el que constantemente se pregunta ¿qué? (una de sus novelas se llamaba así; What?) como podría preguntarse ¿para qué?, ¿qué sentido? Verbo recortado que a menudo le lleva a la repetición, como en su último poema, Comment dire en francés y What is the word en inglés, no exactamente traducción uno del otro sino variación o adaptación propia, poema que traducido suena así: "locura/ locura de/ de/ cómo decir/ locura de lo/ desde/ locura desde lo/ dado/ locura dado lo de/ visto...

La traducción es, desde luego, discutible. Talens opta por una de las tendencias, la no precisa y fiel literalidad. En algunos poemas el resultado es extraordinario y en otros menos, aunque en general se agradece la opción. Claro que la ventaja de los textos bilingües (en este caso trilingües, pues como se ha visto Beckett escribió poemas tanto en inglés como en francés) es la posibilidad de esa enriquecedora discusión con el traductor. De éste, se agradece también el prólogo y la inclusión de algunas notas aclaratorias a los poemas, insuficientes por desgracia.

¿Qué más decir? ¿Qué?, ¿para qué? Escepticismo o ascetismo que dan lugar a esta maravilla que os trascribo porque, lo dije al principio, la tentación evidente es el silencio: "Lo malo en la tragedia es el ruido que arma/ sobre la vida y la muerte, males sin importancia".