por Brian W. Aldiss
(Fragmento de un poema mucho más largo)
Oh, algún día caminaré adelante
subiendo escalones hundidos hasta una sala
cubierta de baldosas rojas y negras
y reconoceré el color y el lugar
igual que si algún día hubiera retrocedido
en el tiempo por escalones hundidos hacia arriba
llegando a una sala con negras baldosas
y baldosas rojas dispuestas de algún modo
que me hace pensar que subo por
escalones hundidos hasta una sala y
me enfrento a un suelo de baldosas
negras y rojas que me hacen pensar que voy.
Lamento de los representantes del orden antiguo
(Un canto fúnebre callado y silencioso)
Mantuvimos muy bien nuestra fachada;
El desmundo mostró al tercer mundo el cómo
Y tasó inhibiciones que son hermosas.
Nos desvistieron
Y poseyeron.
Y ahora que la vida es alocada
El desnudo aún representa un falso cromo;
Muy tarde para reorganizar las cosas.
Nos ataviaron
Y confesaron.
La chica de la calle arruinada
(Canción de amor para flautas)
Su rostro parecía una calle arruinada
Bajo el brillo de colores malva y crema
De donde podrían salir a rastras las iguanas
Con las fauces doradas muy abiertas.
Allí estaba, respirando húmedamente;
Y a sólo una manzana mental de distancia
Quedaba una calleja de un verde veraniego
Tras de sus ojos embarazados.
Donde una chica descalza podría conducir
Todo el día los que habrían de ser sus cisnes
O noche por noche y el día ambos son
Inaplicables.
Siempre es verano en los olmos soñadores
Hasta el último de tus años blancos arruinados
Y mientras la lluvia fina llena
Las calles del amor.
Así su rostro que fermenta en el azul
Cuando se agacha, parece
Como un milagro eternamente repetido
Mientras orina tras montones de ladrillos.
Hay todo un territorio desolado
Que se ondula desde la lejanía
Bajo el suelo mientras ella está en cuclillas
Y la muy fina lluvia llueve.
Ediciones Orbis, S.A. 1985
Biblioteca de Ciencia Ficción 42