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MOHSEN EMADI: Los versos del capitán
Traducción de Saíd Garby y Clara Janés
VOCES
por Clara Janés
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Mohsen Emadi (1977), nacido en Sari, en el norte de Irán, empieza a escribir poesía durante su infancia. Escribe entonces en metro clásico y a los doce años obtiene por ello una medalla de oro. A los dieciséis descubre los nuevos rumbos de la lírica en su país y abandona el estilo tradicional para adoptar el metro libre, obteniendo de nuevo el mismo galardón. Precoz y rebelde, ha publicado en numerosas revistas pero no ha querido recoger sus poemas en un libro, conservándolos fundamentalmente en la memoria. Siguió estudios de informática y cine y, en la actualidad, continua la labor del gran poeta iraní contemporáneo Ahmad Shamlu para preservar el folklore patrio.
LOS VERSOS DEL CAPITÁN
Los principios de la belleza
acabaron con los dinosaurios.
Me lo decía un cangrejo
mientras me arrancaba los ojos con sus canrejas
para que no viera que no llegabas.
Y no llegaste
no te pusiste el vestido amarillo, no te soltaste el pelo,
que mi tumba no era hermosa,
que mi losa no concordaba con los principios de la belleza,
que no te gustaba mi tumba.
Y yo rompí la tumba de piedra,
rompí mi muerte
y me convertí en una botella de refresco
hecha por unas manos creadoras de belleza de tu tiempo,
para que entre muchas botellas
me compraras en una tienda
y, por casualidad, mis labios de cristal estuvieran rotos
e hirieran tus labios
y tu me bebieras,
bebieras tu propia sangre,
y entoces tiraras, mi cuerpo, mi losa,
a un cubo de basura cercano,
escupieras una gota mía,
insultaras al vendedor y
dijeras que soy la bebida mas amarga de tu vida
y supieras que tu sangre es el trago mas amargo de tu vida.
Destruyeron mi raza los principios de la belleza,
amargó tu tarde
una bebida de buena pinta
¡perdóname!
Con el Sí
me sacas del agua,
me abres
y me llamas.
Con el No
me tiras al mar
hasta que en otro siglo
otras personas
otras manos me saquen del agua
si no ha llegado mi fecha de caducidad.
Entre Sí y No
nacen y mueren los piratas
Entre Sí y No
hay un mar de tormentas
un mar que atrasa mi muerte,
una muerte que llega en un No
que llega con un Sí
una muerte que no llega contigo
ni llega sin ti.
Todos escriben el testamento
los libros de geografía son los testamentos de los muertos
y los libros de historia, el testamento de los que vendrán
y las páginas de noticias el testamento de los presentes.
¡Ven!
¡siéntate en las líneas de mi silencio!
¡rompe mi cuerpo de cristal!
¡quema mi corazón de papel, mis palabras!
¡y caliéntate con una frase imperativa!
¡y no tengas miedo de la noticia escondida en una frase imperativa!
¡no te asustes del imperativo del beso,
si trae noticias de unos labios secos,
desesperados por besarte, arrugados!
La muerte viene con una frase indicativa
y se esconde detrás de cada frase imperativa.
Recoje toda tu existencia,
¡en otra frase
en una condicional
con un ah!
¡Intenta que no sea imperativa!
¡Intenta que no sea indicativa!
¡Ah, cuanto te quiero!
grítalo de tal manera
que huya el indicativo,
que huya imperativo,
que muera la condición
y yo nazca como un ah
¡como un tú!
Soy un tema interesante
para todos los antropólogos.
Igual que lo fueron los esqueletos neandertal,
para fechar la vida del ser humano.
Conmigo pueden fechar la vida de la pena.
¡La pena del último neandertal
el último Marco Polo
el último pirata!
¡La pena del último Don Quijote
y el último molino de viento!
Escriben:
Se tiró al agua para que ella lo cogiera.
Entre estas hojas no hemos encontrado ninguna señal
y es una pena que su rastro,
el rastro de aquella época,
haya desaparecido.
Y vosotros me veis
en un museo de historia natural.
A mí y al que provocaba el lamento de los antropólogos,
a mí y al que dibujó la última pena.
¡La pena del último pirata
la pena del último antropólogo
porque ya no existía la historia antigua
ya no existía yo
ya no existía ella!
¡Los piratas robaron los Sies y los Noes!
¡Los almacenes de sus barcos estaban llenos de tesoros
de Sí y de No!
¡Los almacenes de sus barcos estaban llenos de certezas únicas!
Y finalmente en una época sin certeza
murieron.
Igual que yo
en una botella de refresco
que un día fue arrojada al mar
que un día fue pirata.
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