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Diván - Mansur Hal.lach
Introducción, Farid ud-Din Attar, "Hallach" (del Memorial de santos), Traducción del árabe de Milagros Nuín y Clara Janés
LIBROS DE ORIENTE Y DEL MEDITERRÁNEO
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Mansur Hal.lach, poeta de alta inspiración y una de las
figuras místicas más importantes que ha dado la historia, ejerció gran influencia en los
místicos islámicos posteriores, como Yalal ud-Din Rumi.
Nacido en Tur, en la provincia de Fars (Irán) en el 857 d. C., fue discípulo del sufí
al-Tostarí. En el 976 se trasladó a Bagdad y siguió las enseñanzas de otros dos
grandes maestros espirituales de la época: Ibn Ushman al-Maki y Junaid.
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Viajó hasta las fronteras de
China para predicar el camino de la unión mística a través del amor, acto divino que transmuta
el ser y que él expresó con la frase "yo soy la Verdad" (es decir, Dios). Esto lo
enfrentó a los alfaquíes, políticos y otros sufíes y, finalmente, lo llevó a la
muerte. Sufrió martirio, siendo ahorcado, crucificado y mutilado, en el año 922. Su Diván,
íntegro -incluidos treinta poemas recientemente descubiertos- aparecerá en breve en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
POEMAS
¡Oh soplo del viento!, dile a la joven gacela
que abrevar sólo acrecienta mi sed.
Tengo un Amado cuyo amor reside en las entrañas;
Y si así lo quiere
pisa mis mejillas.
Su espíritu es mi espíritu y mi espíritu es Su espíritu.
Si Él desea, yo deseo, y si yo deseo, Él desea.

Matadme, amigos míos
que en mi muerte está mi vida.
Y mi muerte en mi vida
y mi vida en mi muerte.
Que la abolición de mi ser para mí
figura entre las más nobles acciones.
Y el perdurar en mis virtudes
está entre las peores.
Mi alma aborreció mi vida
en los restos decrépitos.
Matadme pues, quemadme
con mis perecederos huesos.
Cuando paséis junto a mis despojos
entre tumbas abandonadas
hallaréis el secreto de mi Amado
en los pliegues de las almas que persisten.
Un gran Maestro soy
del más alto rango.
Luego me he convertido en niño
en el regazo de las nodrizas.
Reposando en la mortaja de la tumba
en las tierras salobres.
Mi madre parió a su padre,
este es uno de mis prodigios.
Y mis hijas después de ser
mis hijas fueron hermanas mías.
No es un hecho del tiempo
no, y no es un fruto del adulterio.
Reunid, pues, de una vez las partes
de los cuerpos cristalinos,
de aire de fuego
y de ese agua muy dulce
Y sembradlo todo en una tierra
cuyo polvo carezca de cultivo y de dueño.
Y cuidadla y regadla
con ir y venir de copas
de doncellas escanciadoras
y de norias que dan vueltas.
Y pasados siete días
nacerán las plantas más hermosas.

Heme aquí, heme aquí, oh mi secreto y confidencia
heme aquí, heme aquí, oh mi meta y mi sentido.
Te invoco, no, eres Tú quien me invocas,
¿Te he llamado, o eres Tú quien me ha susurrado?
¡Oh esencia de la esencia de mi existencia, oh término de mis designios,
oh elocuencia mía, expresiones y balbuceos míos!
¡Oh todo de mi todo, oído y vista míos,
oh mi totalidad, mis fracciones y mis partes!
¡Oh todo de mi todo!, aunque el todo del todo es un equívoco,
y el todo de Tu todo oscurecido está por mi significado!
¡Oh Tú de quien mi alma se ha prendido!, agonizante de pasión
y así te has convertido en rehén de mis amores.
Lloro mi pena, alejado de mi patria,
por obediencia, y me ayudan mis enemigos en el llanto.
Me acerco, mas mi temor me aleja, y me inquieta
un anhelo que albergo en lo recóndito de mis entrañas.
¿Qué haré de este amor del que me he prendado,
Señor mío? pues mi enfermedad ha agotado a los médicos.
Me dijeron: cúrate de Él con Él, pero les dije:
¡oh gentes! ¿Se cura el mal con el mal mismo?
Mi amor por mi Señor me ha consumido y enfermado,
¿cómo quejarme a mi Señor de mi Señor?
Cierto, yo Lo veo y Lo conoce mi corazón,
pero nada puede expresarlo sino los guiños de mis ojos.
¡Oh desgracia de mi espíritu por mi espíritu!, ¡oh aflicción,
de mí por mí, pues soy yo el origen de mi infortunio!
Como un náufrago del que sólo asoman las puntas de los dedos
pidiendo ayuda, en alta mar,
nadie sabe qué me ha sucedido,
sino El que se halla en lo más hondo de mi ser.
Ese conoce bien el mal que me aqueja,
y de su voluntad depende mi muerte o mi vida.
¡Oh objeto de la pregunta y la esperanza, oh morada mía,
oh vida de mi espíritu, oh creencia mía, oh mi mundo terreno!
Dime, Te he rescatado, ¡oh oído y vista míos!
¿Por qué tal insistencia en alejarme y relegarme?
Aunque Te ocultes a mis ojos en lo desconocido,
mi corazón Te observa en la distancia, lejos.
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