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Ítaca
Juan Antonio Molina
He habitado
El jardín sin aurora,
Las olvidadas calles
Donde la esperanza
Tiene incierto cobijo
Y los gladiolos
Son devorados
por la sempiterna tristeza,
donde el corazón duerme
junto a los senderos
De luz abolida.
He caminado
Por las alas del colibrí,
Buscando el néctar
Que alimenta el recuerdo,
Por los horizontes borrados
sobre los muladares
Grises de los atardeceres.
En la lejanía los ríos se curvan y avanzan con premura,
Murmuradores, con las profecías resonantes
Que desprende tu cuerpo desnudo de lirio y siempreviva.
He soñado ese instante preciso
De cordillera y amianto,
Donde el universo vuelve a crearse
En los pliegues infinitos de tu carne.
Allí la vida alimenta a las ninfas de cristal
Que lloran los tropiezos en el óxido y en el damero
De nuestros pasos fugaces,
Del caminar moroso y nictálope
Que nos funde con el candente magma de la nostalgia.
He caminado soñando
Que en ti el mundo se me haría preciso y reconocible,
Como una casa que ya hubiera habitado placenteramente
Conociendo uno por uno sus rincones
Y el cálido reposo de lo familiar y estimado.
He perseguido las sombras de tus días,
La huella nacarada de tus deseos esparcidos
Por hijuelas y cruceros caminantes,
Buscando un destino
Que en nuestros corazones fuera parada y aposento.
A todo ello aspiro en las jornadas
Que la vida apareja de bondadoso céfiro,
Para que el tiempo, con Pléyades matutinas,
Nos reserve la esperanza de Ítaca
Y la sosegada playa del amor infinito.
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