de Arena del Desierto
Julieta León
I
Salomé tengo sed
me da fiebre cuando miro tus pechos
y tus tobillos de rosa
(dos lirios gemelos derramados
en los pétalos de tus dedos)
y desciendo sobre el suave arco
de tus plantas desnudas
todo mi reino
no vale una pisada tuya Salomé
un beso tuyo
(¿no sientes mi lengua
penetrar cada resquicio de tus pies
y lamer cada uno de tus dedos?)
Salomé
pídeme lo que sea
complaceré tu maldad inocente
pero aplaca el quebranto
que me consume
ámame
dame del vino de tus muslos
y que después se abra la tierra
y nos trague a todos
¿de qué sirve ser el gran Herodes
si no puedo saciar
mi único deseo en tu boca?
¿si no puedo arrodillarme
para besar tus plantas
como lo hace el último de tus esclavos?
II
La tarde se ha cerrado
como tus palabras
piedras sobre
piedras
Herodías
III
Eran dos altas sillas
en medio del jardín
cubiertas de cojines
y de alfombras
la luz corría por las altas columnas
y Herodes desde su trono improvisado
desea a la sensual adolescente
acostada sobre almohadones
gasas y sedas
entre la hierba
me llevan amarrado
como a una bestia
y a golpes me arrodillan
frente al sátrapa
ella apenas me mira
pero tiemblan los velos en su entrepierna
¡bésame!
¡tómame! me pidió suplicante
y yo cerré los ojos
Padre
porque la serpiente hizo gemir mi corazón
¿por qué pensaste tú que
yo podría?
si Herodes arde sobre
la propia silla de su trono?
su presencia me embriaga Padre
me subyuga
bajo mis barbas me desmayo
no dejes por favor
que me toque
pues no podría resistirlo
y ella ha cumplido su venganza
desde aquí
ya más tranquilo
puedo verla
está bailando con mi cabeza
la aprieta con lujuria
entre sus muslos
baila desnuda untada de mi sangre
besa sacrílega
mi boca
Herodes sólo mira
IV
Desnuda llegué al palacio
como botín de guerra
en edad apenas le llevo una luna
mi deber
por sobre mi cabeza
es asistirla en todos sus deseos
no puedo hablar en su presencia
ni mirarla a los ojos
pero ella hace conmigo cuanto quiere
la aseo la visto y la desvisto
pulo sus ajorcas y sus gemas
porque gusta de todo lo que suena y lo que brilla
me desvivo
por una sola de sus miradas de aprobación
tan raras
y tiemblo bajo su ira
cuando me azota o me tortura
mi secreto orgullo
es verla resplandecer
cada aurora
perfumada y vestida
verla jugar en su alberca
con cada nuevo amante
(a espaldas de su madre
y su padrastro)
pobres amantes
que debo asesinar cada mañana
para que no se vanaglorien
de las prendas ocultas
en las preciosas grutas de la amada
hoy la mañana es fresca
Herodes le ha pedido que se vista
pero ella desafiante
se ha envuelto en siete velos
que hacen su desnudez más incitante
aquí le llevo
los dátiles las pasas y las nueces
que ha pedido
(apenas si las prueba)
pero las toma entre sus dedos
con tanta gracia
y se agitan los velos de tal forma
cuando coloca en la boca del rey
algún pedazo
que Herodes
ha dejado caer la corona
y el cetro
V
No me desprecies princesa
sólo porque no puedo
tomar el junco de tu valle
que dicen tus sirvientas
es alto y arrogante
como un bambú en el bosque
perfumado y jugoso
como un níspero
está bien que no pueda
porque soy un esclavo
pero mi condición
no va de la mano de mi deseo
es una cosa
que no me sea permitido tomarte
y otra muy diferente
que desearte
no pueda
(la voluntad de un hombre
no puede sojuzgarse
¿recuerdas al Bautista?)
por ti
mi carne
es sólo carne de deseo
VI
Muchos murmuran
que su paga me espera
por la mañana
mas no importa
sólo aguardo
la noche
para que ella se deshoje
sobre mis piernas
para que se derrame
con sus estrellas por mi cuerpo
para que su luna se mire
en mis dehesas
para que su oscuridad
se hunda en la mía
VII
No sé qué parte de mí vive
en esta casa
ni si este palacio
tan ruidoso y enorme
puede llamarse así
no sé cómo llamar
esto que siento
ni sé quien puede comprender
mi llanto
desde hace muchos años
yo vi cómo su amor se iba encendiendo
ni él mismo lo advertía
ella no tiene culpa
¿cómo acusar al fuego
porque quema?
(es fuego nada más
basta con eso)
mi juventud declina
lo advierto en los espejos
he visto cómo mira
a la pequeña
y cómo la criatura
lo enardece
cuando le ofrece almendras
con los labios
y se rozan al tomarlas
con las manos atadas a la espalda
(yo misma se las ciño)
asisto a esas sesiones
las apruebo
y esas noches
cuando juegan golosos
a los mancos
él me toma con furia
con toda la violencia con que
va en su caballo a contener revueltas
en las márgenes
yo sé que me reprochan
(él mismo a veces)
dicen que no le niego nada
ella es hija de reyes
no se puede negar algo
a una reina
pero es cierto que la niña
me reta
hasta el extremo
de tener sus amantes
a escondidas
la historia es más oscura
incluso una
que desconoce Herodes
(estábamos en Petra
la ciudad de los Nabateos)
y que murmuran en el zoco
un hombre asesinado en el palacio
(a medianoche)
le arrancaron el corazón
mientras estaba vivo
así lo mandó aquella
a quien bajo sus órdenes
arrebató la doncellez
(en medio de una orgía)
sólo tenía doce años
a mí sólo me duele que me excluya
que no sepa
cuán capaz soy de pactar un acuerdo
para que la pequeña
comparta nuestro lecho desde ahora
(¿acaso no fue así como su hermano
mi esposo me entregó a él?)
al fin y al cabo
¿con quien puede reinar
si yo me muero?
no hay otro de su talla
para ella
ni otra de la mía
para él
no he amado a ningún hombre
como la amo a ella
bien está pues
que me suplante un día
ella es mi mejor parte
en fuerza
en estirpe
y en belleza
Nuestro agradecimiento a "Editorial Tregua". Caracas, Venezuela.
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