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Defensa de saber: Paul Eluard
Traducción de Gonzalo Hernández Sanjorge

 

I

 


Mi presencia no está aquí

Estoy vestido de mí mismo

No hay allí planeta que valga

La claridad existe sin mí.


Nacida de mi mano sobre mis ojos

Y desviándome de mi camino

La sombra me impide andar

Sobre mi corona de universo

En el gran espejo habitable

Espejo quebrado movimiento inverso

A donde el hábito y la sorpresa

Crean el fastidio de volver a la representación.


 

II

 


La aventura cuelga del cuello de su rival

El amor cuya mirada se rencuentra o se extravía

En los espacios de los ojos desiertos o poblados.


Todas las aventuras del rostro humano

Gritos sin eco signos de tiempos muertos sin memoria

Tantos rostros hermosos tan hermosos

A los que las lágrimas esconden

Tantos ojos tan seguros de sus noches

Como amantes muriendo juntos

Tantos besos bajo piedra y tanta agua sin nubes

Apariciones surgidas de ausencias eternas

Todo era digno de ser amado

Los tesoros son muros y su sombra es ciega

El amor está en el mundo para el olvido del mundo.


 

III

 


Colgados de los deseos de velocidad

Y cercando de plomo los más lentos

Los muros no hacen más frente

A los seres múltiples de los abanicos de seres

A los seres-cabelleras

Durmiendo en un reflejo ensangrentado

En su rabia salvaje

La tierra muestra sus palmas.


Los ojos están cerrados

Porque la frente quema

Coraje nocturno disminuir la sombra

De la mitad del espejo en sombra

La mitad del mundo la cabeza cae

Entre el dormir y el soñar.


 

IV

 


Es siempre la noche cuando yo duermo

Noche supuestamente imaginaria

Cuán tiernas al despertar todas las transparencias

La vida usa la vida mis ojos que libero

Ellos jamás han encontrado su poder.


 

V

 


Los hombres errantes más fuertes que las pequeñeces habituales

No se encuentran. Se cuenta

Que se devoraban. La fuerza de la fuerza

Esqueleto de conocimiento esqueleto de asnos

Siempre vagando en las cabezas y en las carnes

Vosotros sois muy temerarios en vuestras suposiciones.


Sabia degradación de los blancos

El vientre a la mesa todo el material necesario

La esperanza sobre todos los ojos pone sus cristales tallados

El corazón se da cuenta a pesar de todo lo vivido

Mientras que en las playas desnudas un solo hombre inderruible

Confunde todo color con la línea recta

Entremezcla todo pensamiento con la inmovilidad

Insensible a su presencia eterna

Y da la vuelta al mundo y da la vuelta al tiempo

La cabeza prisionera a su cuerpo atada.


 

VI

 


La noche los ojos los más confiados niegan

Hasta el agotamiento

La noche sin una brizna de paja

La mirada fija en una soledad de tinta.


 

VII

 


Qué bello espectáculo pero qué bello espectáculo

A abolir. Su visibilidad perfecta

Me volvería ciego.


De las crisálidas de mis ojos

Nacerá mi doble tenebroso

Hablando a contraluz sospechando adivinando

Colmando de lo real

Y someto al mundo en un espejo negro

E imagino mi poder

No habría que haber comenzado ni terminado nunca

Borro mi imagen soplo sus halos

Todas las ilusiones de la memoria

Todos los productos ardientes del silencio y de los sueños

Todos los caminos vivientes todos los azares sensibles

Estoy en el corazón del tiempo y cerco el espacio.


 

VIII

 


Habiendo dudado y perdido sucumbir en sí mismo

Mesa de imaginación calculo también

Tu puedes también tender tus últimas trampas

Del dolor del terror

La caída es hasta tus pies morder lo que está delante de ti

Las uñas se derraman como si fuesen de sangre

Alrededor de ti.

He aquí que el diluvio saca su cabeza del agua

Saca su cabeza de fuego

Y el sol anuda sus rayos busca tu frente

Para golpearte sin cesar

Para robarte por las noches

Bellos sortilegios impotentes

Tu no sabes ya sufrir

Tu retrocedes insensible invariable concreta

En el olvido de la fuerza y de todas sus formas

Y tu sombra es una cerradura.



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