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Poemas
Carlos Alberto Roldan

intername / no me dejes sola

dice y agarra / furor de la mano

que suelta


mi loca /toda una vida

echando grotescas

raíces al espanto


nunca estuve tan sola /dice /

intername en pabellones solos

de gritos nocturnos


cuando la noche ejerce su marea

vomito

miles de años /sueño

sostenido loco solo

gemido


estrellas frías

por firmamento


amor que traiga amor esas pancartas

su soberbia alegría su amenaza

de avenidas tan anchas y de cantos

árboles al sol en viento danza


amor traiga el amor los fuegos que acostumbra

no la estúpida mesura de los viejos

su intemplanza irrazón su mente huera

su garra hacia el infierno de la noche

su garra juventud su cuerpo templo


si ya no viene amor qué sea que viene

a desolar la sed

de sus caídos


viniera amor con su fin de semana

con sus pájaros sueltos y mañanas

con su entreluz abierta a los relatos

al secreto más duro y tan confianza


viniera amor con sus golpes de furca

a la intemperie atroz y desconsuelos

a banderas tan rotas y presentes

desafiando las muertes y la noche


viniera el tal amor y tan viniera

que echara andar con la canción a cuestas

se olvidara el espanto que recorta

hiciera entre las rocas primaveras


con sábados y lunes y postigos

que abren o desabren sin horarios

con cuerpos que se reptan o se funden

con la vida tan en flor que es su manera


si viniera el amor

si tal viniera

el mejor de los vinos

yo le alzara





la palabra enlazará la tarde el sol

mi desconcierto y la llanura

que galopa en el magín deshabitada


se atará al instante y ya patética

tratará de salir de aquí

por una ventana que ni veo

a la improbable eternidad

dirá de mí como si bueno como

justificara algún asunto altanerías

o soberbia

trato de ser quien debo ser

aún traicionando y aún

golpeado por traiciones

escribo y desescribo este poema

que ni me juzga o salva /que

me inventa y me borra

verso a verso

y está la tarde de oro y su congoja

mi mirar a lo lejos y el deseo

de unos lejanos frutos que asequibles

y se guarde en palabras

sentimiento





del árbol se diga de sus frutos

y está bien pues saben y hacen densos

sus sopores el verano pleno

pero también se diga del invierno

y tan solo resistiendo con ramas ateridas

el peso de aires gélidos mortales

de un minuto a otro por horas y días

y noches siniestramente extensas

se diga del arrebato de muerte

con paréntesis cementados

y que también

alguna savia viva persistía

y destilaba

cómo si no entender

la dulzura que se explaya

al regocijo

que lo más vivo

se nutre de su muerte





los acróbatas siempre simulan

que llegarán

dame tu mano

los árboles

comprenden

la savia que abandonan

en su mecer

suavemente

se despiden

vuelven





en la boca de la niebla

tira unos pasos

resta un absurdo

un edificio perdido en la altura

la noche sin nadie

con rumbo

más por insistencia

que confianza

los filosos rieles

descargan el amanecer

el cigarrillo

se aferra a su brasa

roja y ninguna



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