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LIBROS DE ORIENTE
Y DEL MEDITERRÁNEO

 

SAVITRÍ, UN EPISODIO DEL MAHABHÁRATA
Introducción y notas de Oscar Pujol
Traducción de Oscar Pujol y Menchu Gutiérrez, 1998


 

 

RAZÓN DEL LIBRO

Si árbol y mujer se identifican en la India en la figura de las yaksis, criaturas de los humanos, pero también del agua, de la tierra y de las plantas, Savitrí recoge en sí toda la sabiduría de los bosques. Y quien dice bosque dice camino hacia la cumbre cruzando la “selva oscura”. En este trayecto, la oscuridad no arredra a Savitrí; la selva, para ella, se torna luminosa pues es el lugar de la amenaza cierta, de la prueba y de la victoria. La amenaza es la muerte de su esposo Satiaván, la victoria, su palabra.

Savitrí es, a mi juicio, la otra cara de Orfeo. Si éste con su voz dominaba a las fieras y a los árboles, Savitrí somete a un dios. Muerto Satiaván, sigue ella al que se lleva su alma y con elocuencia le habla de su fe y de su piedad. Paso a paso se adentra por terrenos cada vez más apartados de la vida. Por cuatro veces el dios la insta a abandonar y le concede un don, pero ella continúa acercándose al lugar fatal. Finalmente el dios, seducido por su discurso, le concede la vida de su esposo. Savitrí, pues, va más allá que Orfeo, acaso porque vive el amor como forma de piedad.

Este personaje femenino, por otra parte, es como una anticipación de Porcia, la protagonista de El mercader de Venecia, de Shakespeare, mujer sabia que igualmente con su elocuencia salva la vida del amado.

No sólo por su belleza, sino por ese interesante carácter simbólico, me pareció importante dar a conocer este fragmento del Mahabhárata en una cuidada traducción.

Clara Janés

 

“Canto V”
(fragmento)

 

Dijo Markandeya:
Vuelto en sí, Satyaván se levantó como si despertara de un sueño reparador. Su mirada anhelante recorrió bosques y horizontes, y finalmente dijo:

“Salí contigo, mujer de hermoso talle, en busca de frutos silvestres, y cuando cortaba leña me sobrevino un fuerte dolor de cabeza.

Tan intenso era que, sin poder mantenerme en pie, me quedé profundamente dormido en tu regazo.¡oh hermosa!, eso es cuanto recuerdo.

El sueño me venció cuando me tomaste en tus brazos. Luego tan sólo alcancé a ver a un hombre oscuro, temible y poderoso.

Cuéntame, mujer de hermoso talle, si lo sabes, lo que ha sucedido. ¿he soñado o es cierto lo que vi?”

Savitrí contestó así a su esposo: “La noche se cierne sobre nosotros. Mañana, oh príncipe, te contaré cuánto sucedió.

Ahora te ruego que te levantes. Piensa, piadoso Satyaván en tus padres. El Sol se ha ocultado en el horizonte y es noche cerrada.

Los espíritus maléficos que vagan por estos parajes profieren terribles alaridos. Oigo el crujido de las hojas al paso de las alimañas.

La cercanía de los chacales que van a las regiones vespertinas y sus agudos chillidos me asustan.”

Dijo Satyaván:
“Envuelto en una profunda oscuridad, el bosque es peligroso. No encontrarías el camino, ni tendrías fuerzas para caminar.”

Dijo Savitrí:
“Un árbol seco aún arde en este bosque, que hoy ha sido pasto de las llamas. Avivado por el viento, el fuego brilla en sus ramas.

Con él encenderé una hoguera y disiparé las tinieblas que nos envuelven. Tenemos leña en abundancia. Desecha tus temores.

 

OPINIONES

La historia de Savitrí es un canto a la mujer y al mismo tiempo a la persona integral que se encuentra más allá de los sexos. La palabra es una lanza con la que perforar al demonio necesario de la muerte. Significativamente, Savitrí vence a Yama en un torneo de palabras. Su victoria es una victoria auténtica, es decir una seducción en toda regla. El enemigo queda rendido, verbalmente cautivado, por el encanto de una Savitrí sabia que enhebra sus discursos como perlas.

Oscar Pujol (del “Prólogo”)

 

El núcleo de este episodio del Mahabhárata está formado por Savitrí; su esposo muerto, Satyaván; Yama, el Dios de la muerte, y el Bosque. Porque el bosque, más que escenario mudo en el que transcurre este encuentro, es encarnación de una conquista, oxígeno del reconocimiento. Savitrí, la mujer que posee todas las cualidades, equipara la muerte de su esposo a su propia muerte “pues sin él valgo tanto como una mujer muerta; su propia realización depende de la realización de Satyaván, porque es la realización del amor. Y así se enfrenta a Yama, al Dios

Menchu Gutierrez

 

SAVITRÍ

El Mahabharata es uno de los dos grandes poemas épicos de la India. Sus más de cien mil versos fueron compuestos a lo largo de varios siglos durante el primer milenio a.C. Narra la gran contienda familiar que se inicia con la pérdida del reino, por parte de los cinco hijos del rey Pandu en una partida de dados frente a sus primos, los cien hijos de Dhrtarastra, el rey ciego, el destierro de los perdedores en el bosque durante trece años y la guerra que les lleva a recuperar finalmente el reino. Aunque el poema perteneciese inicialmente a la aristocracia guerrera de la India, fue adoptado por la casta de los brahmanes, quienes lo transcribieron dándole mayor relevancia al concepto que mantenía la base de su estructura social, el de dharma, término que significa tanto el deber de cada individuo como la ley cósmica en el que éste se asienta.

Muchos relatos pequeños se han insertado, a lo largo de los siglos, en el poema. El Savitrí es uno de ellos. Un hermoso cuento relatado por un eremita a los hermanos pándavas durante su estancia en los bosques. Narra la abnegación de Savitrí, la mujer (hija y esposa y nuera) perfecta, que por su devoción y sus sabias palabras rescata a su esposo de la muerte. Al igual que Orfeo, aunque con mayor fortuna, Savitrí utiliza la palabra entonada: la palabra poética, para sus fines. Acompaña a Yama, el dios de la Muerte, en los confines terrenales hablándole acerca de los santos, de su enseñanza y de la necesidad de dejarse guiar por ellos, hasta que el dios, embelesado (más por el contenido que por la musicalidad de sus palabras) le concede la gracia que le pide: devolver el alma al cuerpo de su esposo.

Un hermoso poema de abnegación y dharma. Un canto al orden social sin quebranto, que, como toda la literatura india, se ha leído y puede leerse como metáfora de un orden interior.

Chantal Maillard

 

Amor vencedor de la muerte

En las escenas culminantes de Le dernier paradis, un bellísimo film visto en mi infancia, creo que de Marcel Camus, que también realizó la inolvidable Orphée noir (nunca hasta ahora he podido localizar la cinta), un joven monje budista se adentra en la selva tailandesa o birmana, y acompaña sus meditaciones frente a la hermosura de árboles floridos y bruñidas plantas con versículos védicos. Algunos de estos versículos milenarios se quedaron para siempre en mi memoria, y determinaron en adelante mi forma de amor; y más o menos decían así: "Estos árboles son otros, pero son los mismos./ Estas flores son otras, pero son las mismas.../ Todo viene y retorna a su origen.../ El amante le dice a la amada: Eres todo lo que yo soy;/ el esposo le dice a la esposa: Soy todo lo que tú eres".Mientras, la muchacha que el monje ama (por ella va errante, alejándose cada vez más de su monasterio) danza evocando episodios del Ramayana durante un ritual en un templo, ante la imagen colosal de Avalokitésvara, la diosa-dios "que mira hacia abajo"; es decir, compadecida del género humano y animal.

Las historias de los amantes desgraciados completan las páginas de todas las tradiciones. Pero hace tres mil años, la fatalista India conoció a Savitrí, puede que sacada de la realidad y literaturizada en el gran poema del Mahabhárata. Savitrí, mujer amante y valerosa, también se adentra en la selva en seguimiento de su esposo, que está destinado a una muerte prematura; y allí se enfrenta a Yama, señor de la muerte, en un auténtico torneo de palabras, tras el que logra que sea devuelto a la vida Satyaván, su amado. Podemos recordar, leyendo Savitrí. Un episodio del Mahabhárata (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 1998), que la historia es como una variante de la de Orfeo y Eurídice; pero remitiéndonos a la bella ópera de Gluck Alceste, leemos de nuevo a Eurípides que, en su tragedia más insólita (por su final feliz), una mujer sublime, Alcestis, toma el puesto de su esposo, Admeto, ante el reclamo de la muerte, para ser luego recuperada para la vida.

 

En traducción conjunta de Óscar Pujol y Menchu Gutiérrez, la aventura de Savitrí nos habla de la entrega máxima de amor de un ser por otro, trascendiendo el destino adverso, y la identidad misma de los sexos. Una gran y breve historia, desde lo inmemorial para cualquier tiempo; incluso para este nuestro, tan célere y prosaico.

 

Soren Peñalver

 


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