|
![]() |
||
![]()
|
|
Issidore Ducasse, Conde de Lautréamont: La poética del mal como antecedente del simbolismo
Leticia Collazo Ramos Nadie sabe la cantidad de amor Desde su mismo título hay un referente estilístico que podemos tomar como apoyo: lo épico y lo lírico, de estirpe homérica, concentrados en el término "Cantos". Recordemos el impacto que en el joven debe haber suscitado la lectura de La Ilíada en la "violenta" traducción de Hermosilla, según L. Perrone Moisés. Funciona como poesía en prosa y como narración y en el último canto se define como nouvelle. Lo multirreferencial se activa desde lo paratextual, incluso.
Sabemos que publicó el Canto I en 1868 y al año siguiente escribió
los otros cinco, compulsión compositiva que se evidencia en esta concentración
temporal de la escritura. El tono que caracteriza a los Cantos es fuertemente apelativo, de interpelación y de sorpresa permanente al lector desprevenido. Permanentemente se re-construye la imagen del lector, mientras que el proteico personaje va delineándose en las sombras. La provocación al lector es incisiva y mordaz... "tu asqueroso hocico"... concentrado en permanentes animalizaciones. Discurso de una esquizofrenia y locura genial, servirá de inspiración
a la Literatura Surrealista y al arte abstracto del siglo XX. El onirismo de
sus imágenes raya a veces con la vigilia y lo pesadillesco. La energía viril, la concisión y la intencionalidad evidentemente
metafísica de la obra se percibe en el entrelazamiento de un discurso
delirante, esquizofrénico decíamos, y un metalenguaje frío y normativo. Su
discurso, desde lo retórico es una anti-retórica; desde lo metalingüístico
y lo moral destruye los pilares de su mundo. Lo maldito no sólo está en el
tema, está en la forma de escribir. Creemos que al asociar lo inasociable, Lautréamont crea la poética de
lo fortuito y lo inconsciente que los surrealistas trabajarán como "cadáveres
exquisitos". Hemos elegido llamar "poética del mal" al discurso
lautremoniano, especialmente el de LES CHANTS DE MALDOROR. Conducir al bien a
través del delirio y del horror, de la delectación en lo horrible. Producir
en el lector (¿catarsis?) una vuelta hacia Eros, hacia el bien y la
construcción. Este poema en prosa, contribuye a la liberación de la forma poética
porque traduce de manera simbólica las angustias casi dementes del autor... Llevar a un grado poético de retorcimiento y acumulación retórica
(tan repudiado por el profesor de retórica al que parodia en su dedicación a
las POESIES) las imágenes y los símbolos del espanto, la POETICA DEL MAL está
en trabajar artísticamente el vicio y el aspecto satánico del universo y el
hombre, en darles valor artístico en medio de las pedanterías morales de su
tiempo. Si la Razón, la Ciencia, y el espíritu positivo incrementan el mal, ¿qué
queda? Lautréamont poetizó el mal y el dolor ¿MAL-DOLOR? Para inclinar el
espíritu asqueado de sufrimiento a la insaciable sed de Bien. Espíritu
hiperlúcido, ¿a qué bien podía cantar? Rodeado por el mal, encontró en
los brillos y placeres del mismo un cauce para llegar a desear más auténticamente
el bien. Nació y vivió en un mundo sitiado: el Montevideo de la Guerra Grande, y el París franco-prusiano. De ahí un discurso poético "sitiador de la divinidad", según H. Benítez. ¿A quién ataca Lautréamont en su poética?: primero al Hombre, pero si el hombre es creado a imagen y semejanza de su creador, el ataque filosófico y poético se hará al Creador, quien permitió el sumo dolor. La palabra, tal como la Enciclopedia la había despojado de su sentido
primigenio, era inadecuada para la poesía a mediados del siglo XIX. Para
Novalis, si la poesía es capaz de crear vida lo es a condición de recuperar
el poder dinámico y mágico del lenguaje, del Verbo. Algo como lo que pretendía
Valle Inclán: una palabra que encierre un poder cabalístico. Coleridge reclama para la poesía "la facultad para evocar el
misterio de las cosas". El discurso neoclásico derrocó con el poder cegador de la razón al
espíritu, a la poesía y al concepto de lo trascendente. Pero esto lejos de
suponer la liberación del hombre incrementó su orfandad. Sin embargo el
Hombre es razón y espíritu, materia y trascendencia, y si dios ya no era un
concepto aprehensible, entonces queda el Abismo. Goya ya lo había dicho, "el sueño de la razón produce
monstruos." La insurrección romántica es un estado de perpetua rebeldía que hunde
sus raíces en las entrañas de la sinrazón: el hombre es sus pasiones... O. Paz dirá que la palabra poética termina en aullido o silencio: oigamos los aullidos.
Los escritores del 1850 y los mismos simbolistas empiezan a sentir que
la lengua literaria se designa a sí misma. La palabra mutilada de su valor
primigenio genésico, por la razón, debe pasar por la subversión sintáctica
de los románticos y luego por la subversión semántica de los simbolistas,
especialmente de Mallarmé. El poeta debe asesinar la palabra enciclopedista y helada, la que tiene
por única misión designar el mundo y re-crear la palabra mágica, conjuro
que evoque y despierte sensaciones. Baudelaire despierta el frenesí por el Verbo. Lautréamont lo exaspera.
Da forma a una poética que es la definitiva recuperación del Verbo: la
batalla del poeta es un combate por la expresión. En Lautréamont esta
batalla también es metafísica... Rimbaud, Verlaine y Mallarmé proseguirán esta conquista del Verbo. La
poesía se asume y sufre como una condición. Todo el que es poeta es Maldito. "He cantado el mal como lo hicieron
(...) Byron, (...) Baudelaire. Naturalmente he exagerado la nota para innovar
en tan sublime literatura que sólo canta la desesperación para oprimir al
lector y hacer que desee el bien como remedio". Según André Bretón "...el lenguaje de Lautréamont es a la
vez un disolvente y un plasma germinativo". Efectivamente, "asesina" la palabra pero de sus "desoladas páginas" brotará una nueva poesía; se confunde con las aguas del océano: tumba y útero. Lautréamont fue un extranjero en todas partes: montevideano en París,
francés en Montevideo, ajeno a cualquier clasificación en cuanto a su obra,
viene del goticismo morboso de Sade, Poe y Blake pero entronca con Baudelaire,
que según A. Balakian también fue un extranjero en las corrientes
literarias: llegó demasiado tarde y demasiado temprano. Ambos anteceden al
Simbolismo por la destrucción a la que someten al discurso: menos feroz en
Baudelaire y más radical desde lo metafísico en Lautréamont. En "Les Chants..." proliferan monstruosas imágenes que no dejan de ser de última "símbolos". Recordemos lo que diría Baudelaire: "He pensado muy a menudo que los animales dañinos y repugnantes quizás sean solamente la vivificación, la corporificación, la aparición en la vida material de los malos pensamientos del hombre". Aquí hay una posible objetivación del Mal en lo animalesco tanto en Los Cantos de Maldoror, como en la estrofa de "Al lector"...; ambos están en esa niebla del fin del siglo, auténticos disidentes, según Thibaudet, tuvieron la lucidez de abrir las puertas del siglo XX. Palabras sugestivas, seductoras que nos lanzan a lo absoluto. Afán de
trascendencia desde el noveno círculo del Cono. Si el verbo lautreamoniano es espermático en tanto germinativo lo es en
relación a las corrientes que cierran el Siglo XIX: ¿qué corriente
literaria o filosófica sustenta la poesía de este hombre? El espíritu
finisecular, el posromanticismo, el Parnaso despersonalizador y marmóreo y el
incipiente brote simbolista. Si la figura de Ducasse-Lautréamont es un fantasma que se propuso y
cumplió "No dejaré memorias", su obra viviente, metamorfósica es
uno de los más extraños casos de la literatura del siglo XIX. Cerrando los LIMBES baudelerianos y abriendo en destellos de sensualidad
L'APRÉS-MIDI D'UN FAUNE, Lautréamont crea un mito poético: la poesía vale
por sí misma. Es materia que se autoabastece y alimenta. Esta palabra que Lautréamont concibe como genésica y purificada para
acceder a "le secrette cosse" será de enorme valor para el trabajo
simbolista del texto. Pero hay más. El arquetipo del decadente que ya forjara
poco a poco Baudelaire, se transforma radicalmente en el MAUDIT , en el
repudiado, pero aún así el modelo de decadente lo perfila Ducasse en tanto
su preocupación por el Abismo; ahora no es el Gouffre, como en Baudelaire,
sino el Océano, como en Mallarmé será el Azur. El Océano como espacio
inconmensurable y por eso "trascendente", espacio sagrado con sus
vertiginosos abismos. Estos "malditos-decadentes" son hombres que parten en medio la
moral de su tiempo, derrotando al positivismo desde la poesía. La poesía fue
reducto de descifradores, de malditos buscadores de fulgores nocturnos y
flores en la carroña; lanzarse al mal como forma de reencontrar el sentido en
un siglo que "mató a Dios". Del grito que cierra "Al lector":
"Hipocrite lecteur -mon
semblable- mon frère!"; al rutilante insulto con que Maldoror recibe
al lector en sus páginas iniciales: "...el lector enardecido y momentáneamente
feroz como lo que lee..." O bien, unos versos más adelante:
"Lector, tal vez desees que invoque al odio al comienzo de esta
obra...", y desde la poesía del escarnio y el ataque moral al lector, al
hermetismo de los torremarfilistas: ¿qué ha pasado con el Lector? ¿Qué
tipo de Lector están buscando estos artistas?
Los aullidos lautreamonianos, los sollozos verlinianos, los arcanos
mallarmeanos cierran el XIX, para que en 1913, G. Apollinaire abra con
"ALCOHOLES" la poesía contemporánea. Sin embargo T.S. Eliot
retomará aquel reducto de erudición y pureza que Mallarmé dejó abierto
desempolvando desde la Biblia hasta Baudelaire para crear uno de los
monumentos literarios de la poesía del siglo XX.
¿QUIÉN ES MALDOROR?: "Maldoror par lui-même". "Maldoror fue bueno durante sus primeros años..." Esta
revelación es el punto de inicio desde lo ficcional pero también desde lo
moral: si el bien o el mal es una cuestión de decisión o de naturaleza, es
el problema con el que comienza el poema. Maldoror es el ángel del mal; y el
mal se da con el reconocimiento de la condición humana. "Nadie ha visto todavía las verdes
arrugas de mi frente; ni los salientes huesos de mi demacrado rostro parecidos
a las espinas de un gran pez" (Canto I). " No soy todavía un esqueleto y la
vejez no se ha pegado a mi frente"... Tenemos indicios de cómo es pero nunca sabemos con certeza dónde está:
..."cubro mi ajado semblante con un pedazo de terciopelo, negro como el
hollín... la fealdad que el Ser Supremo (...) puso en mí"..."
rostro pálido y alargado"...( Canto I). En el mismo Canto I hay una actitud agazapada del personaje entre la
paja de "...mi amada cueva..." como una fiera que espera devorar su
presa. En el Canto II dirá en un proceso poético de despersonalización:
"...tu rostro estaba ya bastante maquillado por las precoces arrugas y la
deformidad congénita como para necesitar además esta cicatriz
sulfurosa"..." en su semblante sólo brillan cadavéricos
reflejos"... y luego "mi boca cuadrada"... Pero hay algo más llamativo e impactante: Maldoror se reconoce sordo en
su infancia y adolescencia, sus ojos son perfilados con una metáfora de
indudable estirpe baudeleriana: ..."ojos esplínicos rodeados por un gran
círculo azulado..."; hastiado del mundo empírico, el personaje vuelve
los ojos hacia el Creador, y aparece, en este mismo Canto II, un episodio de
enorme virulencia: "...lo que había visto por encima de las esferas
visibles y la traducción de mis ahogados sentimientos en un aullido
impetuoso..." El espectáculo es horrendo, el Creador se poetiza como una
réplica del Satán Dantesco, pero menos "bello". El personaje no
puede verbalizar el horror de lo que ve: rodeado de excrementos y devorando
cadáveres en putrefacción. Sólo queda el aullido. "Yo no sé reír" (Canto IV)
..."sus ojos arrancados a una mujer rubia...", "...tal vez no
tengas frente", "...expresiva carencia de cabellera",
"...momentánea privación de la piel que cubre tu cabeza" (Canto
IV). "...Un hombre que recuerda haber vivido medio siglo bajo la apariencia de un tiburón". Pero hacia el Canto V el lector es testigo de una revelación: "mi joven esposa y mi hijo de corta edad que yacen en las sepulturas"... Y Maldoror es ese Satán humillado y deformado, amputado del Paraíso por la suma bondad. En el "sumo" bien está el mal...
EL DEICIDIO Y LA ANTROPOFAGIA CULTURAL "Dios
que lo creaste con magnificencia, Lautréamont asume su
soledad como la asume el chamán o el brujo: la poesía se vuelve magia y rito
iniciático. La Torre de Marfil tiene sus inicios en esta conciencia de la
soledad del poeta. L'autre significa "el otro": el nombre lo
toma de una novela de E. Sué "Latreaumont" con lo que habría una
diferencia fonética importante con nuestro Lautréamont. La única acepción
de la identidad es la otredad inventada. Hay un asedio al lenguaje
poético a las convenciones sociales y metafísicas desde esa otredad elegida
que es Lautréamont. Agobiar la trascendencia, la moral por medio de la
Palabra. Quien asesina al Creador en estos versos no es Ducasse ni Lautréamont,
es el alter ego Maldoror desde el lenguaje. Palabras que nacen del horror del
Centro Perdido. Como en "Rayuela", Cortázar emprende la búsqueda
de un centro perdido, del Mandala, el héroe de "Les chants..."
emprende esa misma búsqueda. Pero cuando encuentra a Dios (no olvidemos que
es un sabio, un vidente), lo halla como el supremo fantoche, terrible beodo y
sádico en medio de la comedia humana, disfrutando de su desastrosa creación.
Entonces Maldoror vuelve sus ojos al Mal.
César Vallejo en ese
poema que es "Los dados eternos" quizás resuelva el sentimiento del
hombre: "Pero el hombre sí te sufre, el Dios es él". Desde el Canto I, Maldoror
recibe al lector con salvaje saludo, lo bestializa y lo hace desear el rechazo
de lo que lee: "Plegue al cielo que el lector, enardecido y feroz como lo
que lee halle(...) las desoladas ciénagas de estas páginas sombrías y
llenas de veneno"... Volvemos a nuestra pregunta inicial ¿qué lector se
desea?. Evidente que aquel que se sienta libre de la hipocresía y de las
ataduras metafísicas de la cultura occidental: ¿existe ese lector? "Lector, tal vez
desees que invoque el odio al comienzo de esta obra"... "tus
orgullosas fosas nasales, amplias y delgadas, volviéndote panza arriba igual
que un tiburón"... "los dos informes agujeros de tu asqueroso
hocico". Baudelaire fue cruel, pero
Lautréamont es perverso. La animalización del lector es necesaria porque
prepara al lector para un discurso de vértigo y pavor, y el "tiburón"
será un símbolo intensamente trabajado por Ducasse como correlato del
depredador, del poder asesino de quien se alimenta de su propia especie. Según
H. Benítez, Lautrémont responde al sitio de Rosas con un discurso sitiador
de la trascendencia. Ducasse cultiva su marginación como un hecho central; su
discurso promueve el rechazo y la imantación irresistible. Agresión extirpadora del
origen (como en el brutal episodio de la violación de la niña) no destruir
al hombre sino a quien le permitió ser y hacer el Mal: su creador. A esto le
llamamos Deicidio. Si la clara voluntad del
Asesinato de Dios se declara en todo el texto, pero especialmente en el grito
profético del Canto II en el episodio del niño abandonado y el tranvía que
ya veremos, el concepto de Destrucción de las pautas culturales pilares de
nuestra concepción Occidental la vemos en el Canto I, ya en la estrofa de la
Prostitución: "Yo hice un pacto con
la Prostitución para sembrar el desorden en las familias". El primer verso es una
herejía. Aparecen en la estrofa dos símbolos que veremos muy significativos:
la luciérnaga como encarnación del Bien y la "hermosa mujer
desnuda" como objetivación del pecado o la prostitución. Hay un discurso poético discontinuo, casi paranoico. La atmósfera exhala irrealidad y goticismo a lo Poe. Pero el contenido simbólico es importante: el personaje se decide por el Mal y pacta con él-ella, destruyendo al Bien-luciérnaga porque encuentra allí la autenticidad, la redime a la Prostituta casi en un sentido bíblico. Como en otros episodios,
Maldoror, encarnación del sumo Mal, termina haciendo el Bien, desde que la
luciérnaga condena a la Prostituta, Maldoror le tiende la mano y como Cristo
en San Juan 8, dice "Puedes levantarte". En esta estrofa hay otro símbolo
importante que nutrirá la poesía simbolista: el Lago. Aparece como correlato
de lo Inconsciente, lo escondido y misterioso: acto de penetración en el
mundo interior: "Fue a caer en un
lago, cuyas aguas descendieron un instante (...) en un inmenso cono
invertido". Es el descenso de la prostitución al Infierno en un evidente
eufemismo dantesco, y en el propio espíritu del personaje. Finaliza la estrofa con el
aullido "Desde hoy abandono la virtud". El Canto II tiene en la
estrofa del niño que llora a medianoche, abandonado de sus padres y enfermo,
por subir al tranvía, y los "hombres de inmóviles ojos" lo ignoran
deliberadamente, la declaración por parte del personaje de su voluntad poética
y metafísica. Estos zoombies son los
"muertos en vida" de "La tierra baldía" de Eliot. Allí encontramos la
contra cara del mal, en el joven Lombano que siente el pujo de atender al niño
pero es abortado inmediatamente por un Maldoror agazapado en el fondo del ómnibus.
Vendrán otros nombres que serán encarnación del bien en la obra: Lohering,
inspirado en Wagner, Leman, Holzer. Luego de observar la
indiferencia humana, Maldoror profiere, en tono y estilo profético:
"Raza estúpida e idiota te arrepentirás (...) Mi poesía consistirá, sólo,
en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje y a su Creador,
que no hubiera debido engendrar semejante basura". Aquí se perfila la
actitud del poeta y su personaje: la destrucción del concepto del Creador que
evidencia la orfandad del hombre en el mundo. Pero la influencia más
clara a nuestro entender de los Cantos a la futura poesía Simbolista está en
el Canto II, el episodio del Hermafrodita. De entrada hay un clima onírico
que produce un remanso en el horror de estas páginas, clima teñido de un
bucolismo extraño en el poema. Hay bosques, hierbas, flores, ¿será la
alegoría del poeta maldito, exilado, que cuando es herido o fustigado
responde con su hermosura y su sabiduría, provocando el encantamiento en
quien lo escucha? La estrofa es como una
melodía de Ravel o Debussy es un juego de tenues tonos y perfumes, en el que
el hermafrodita acepta su exilio con dolor. Sufre la incomprensión
del mundo y se refugia en un universo creado desde sus sueños. No despertar
es la consigna. Habitar allí donde puede ser feliz. Hay un clima mallarmeano
de "La siesta de un fauno". El solitario que se sabe diferente crea
su propio universo. En el Canto III se
encuentran los episodios de mayor virulencia, donde Maldoror es realmente un
actor del Mal, como en el episodio del vaciamiento de la niña o del cabello
de Dios olvidado en el prostíbulo, testigo del espectáculo monstruoso al que
se somete el Creador. El proceso de animización logrado con la prosopopeya es
excelente, y el episodio es uno de los más virulentos del poemario. El Canto IV es un
verdadero bestiario. Al principio resuena a "Lo Fatal" de Darío.
"Es un hombre o una piedra o un árbol el que se dispone a iniciar el
Canto IV". Misoginia y sadismo.
Incesto y violación, aquí florece la pestilencia moral que canta Maldoror.
Quienes infligen el castigo al pobre hombre colgado de la cabellera, son madre
y esposa, y resulta imposible entonces no pensar en Hamlet o en Edipo. Pero aquí también
Maldoror es testigo y voyeur, reprime su excitación frente al castigo que
sufre el condenado, pero finalmente suelta sus cabellos. Lo salva. Lo libera
del dolor. El Canto V es muy
especial: "Que el lector no se enoje conmigo si mi prosa no tiene la
fortuna de complacerlo". La lectura de los cantos
es lectura del Vértigo porque el lector no tiene asideros, no tiene de dónde
aferrarse ante tanto espanto. El lugar de la enunciación poética es
permanentemente vidrioso, desconcierta al lector: nunca sabemos dónde está
Maldoror. Es mutante y metamorfósico. Hacia el Canto VI Lautréamont
reaparece y el estilo se transforma. Si la hipérbole es el
recurso que el poeta reconoce utilizar, el símil y la comparación y
ocasionales metáforas creemos que son logros estéticos importantes. Lectura del desconcierto:
luego de pasar por los seis cantos el lector es sorprendido, lo que creíamos
el poemario todo, no es más que un prólogo: "...el frontispicio de mi
obra, los cimientos (...) la explicación previa de mi poética futura." Es el canto de la concreción
del deicidio y la antropofagia de la cultura occidental. Viniendo del siglo de las
luces, en el que el lenguaje es puramente sígnico, en el que la Ciencia
sustituyó a la poesía, pasando por el Romanticismo que empapó de lirismo y
subjetividad el lenguaje, se llega a Baudelaire. Allí se sueña con una
belleza que provenga del lenguaje mismo, pero el Parnaso extrema el
esteticismo, y Ducasse deviene auténtico demoledor del lenguaje y la retórica
preparándole el terreno a los Simbolistas y más tarde al Surrealismo: énfasis
hiperbólico y salvaje vigor de la Idea, que exasperarían a Hinstín y a
Hermosilla, retórico español neoclásico cuya traducción de la Ilíada y
cuya propia obra Arte de hablar, poseía Lautréamont. La obra de Ducasse entierra la retórica escolar: en los Cantos y sobre todo en sus Poesías, el discurso de estilo neoclásico o académico resucita como una farsa.
EL ANTICIPO DEL SIMBOLISMO Luego del aullido de los
Cantos, Ducasse, en otro de los misterios que rodearon su existencia y su
cosmovisión poética, abjura de su poesía maldita y publica en 1870, POÉSIES.
"Je remplacé la melancolie par la courage"... Vemos mejor la influencia
en la futura poética simbolista en estos cantos. Ya en el Prólogo, que es más
que escaso, aborrece de su poética del mal pero en aquella poesía en la que
barrió los límites con la prosa y rompió la concepción romántica de la
poesía y el poeta, es un claro precursor de los simbolistas del '85. En sus Poesías, la
literatura romántica desde Rousseau hasta Baudelaire es defenestrada. Típica
reacción antirromántica y antiparnasiana, dirá: "La poesía no se ha
movido un milímetro desde Racine". El romanticismo es visto como una
"locomotora fatigada" y procurará acercarse a una poética más
esperanzada basada en las asociaciones con el lenguaje de la Música.
"Vamos Música": aquí ya está Verlaine. Veamos en qué aspectos
Lautréamont en sus poesías es ya un antecedente simbolista:
En este aspecto es un
Decadente por sí mismo. El "gouffre" baudeleriano se sustituye por
el buscar en la muerte un modo de atisbar esas ideas esenciales, del que el
poeta es traductor y también intérprete del misterio.
"Para describir el Cielo, no es necesario transportar hasta él los materiales de la tierra. Es necesario dejar la tierra(...) a fin de embellecer la vida con su idea."
Nuestro
agradecimiento a Espéculo.
Revista de estudios literarios.
Universidad
Complutense de Madrid Ilustraciones:
Gustav KLIMNT
|
|
|
presentación | números anteriores | mención adamar | galardones | mapa web | lista correo pliegos adamar | los guiños del tiempo | las voces del árbol inicio
© 2000-2003
- Revista de Creación |
|||