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LIBROS DE ORIENTE
Y DEL MEDITERRÁNEO

 

101 Poemas - Hafez Shirazí
Traducción, notas y glosario de Clara Janés y Ahmad Taherí
Prólogo de Clara Janés 2001


 

 

Hafez Shirazí (1320-1389), es considerado el mayor de los poetas persas por su sutileza espiritual, don del lenguaje y de la metáfora y profundidad de su pensamiento, a todo lo cual hay que sumar la experiencia mística. Fue modelo de la lírica posterior iraní y su puerta a occidente fundamentalmente a través de Goethe, que inspirado en su obra, escribió el Diván oriental occidental.

 

 

POEMAS

 

¿QUÉ SE HIZO?

No hallo en nadie apoyo alguno, ¿qué fue de los amigos?
¿Cuándo acabó la amistad?, de los amigos ¿qué se hizo?

Se enturbió el agua de vida, ¿dónde está Jezr de pie bendito?
La rosa se ha desangrado, del viento de primavera, ¿qué se hizo?

Más de mil rosas florecieron y no se ha oído un solo trino.
¿Qué fue de los ruiseñores?, de los pájaros, ¿qué se hizo?

Venus no toca su instrumento, ¿es que el laúd en fuego ha ardido?
Nadie desea embriagarse. De aquellos ebrios, ¿qué se hizo?

De la mina de los caballeros, hace mucho ni un granate ha salido.
¿Adónde fue la irradiación del sol, del intento del viento y de la lluvia, qué se hizo?

Del derecho de amistad no habla nadie, ¿qué se hizo del amigo?
¿Qué fue de los que respetan el derecho?, ¿qué fue de los amigos?

Tierra de enamorados ésta fue, y fue ciudad de los amigos.
¿Cuándo acabó el amor?, de los reyes de amor, ¿qué se hizo?

La bola de la virtud y el éxito han lanzado al centro mismo.
Al campo nadie sale, de los jinetes, ¿qué se hizo?

Calla, Hafez, nadie conoce los misterios divinos.
¿A quién preguntas: del giro de los tiempos qué se hizo?

 

 

ANOCHE VI A LOS ANGELES

Anoche vi a los ángeles llamar a la puerta de la taberna,
amasaban el barro del hombre y el vaso daba su medida.

Ellos, los que habitan el templo de lo oculto y el candor del universo angélico,
me acompañaron, a mí, mendigo de las calles, a beber el vino de la ebriedad.

Al dar gracias a Dios por la Paz alcanzada entre él y yo,
la copa de gratitud vaciaron, bailando, los sufíes.

Los cielos no pudieron soportar el peso de la prenda.
Cayó la suerte en el nombre de ese loco que soy yo.

No es fuego aquel cuya llama despierta la risa de la vela.
Fuego es aquel que prende en la levedad de la falena.

¡De las querellas de las setenta y dos sectas, apartaos!
que por no ver la verdad crearon fábulas distintas.

Ni por un fardo de ideas, dejamos nosotros el camino,
pues de una sola semilla el hombre terrestre fue creado.

Nadie como Hafez del rostro del pensamiento quitó la máscara,
desde que están rizando el rizo los que cortejan la palabra.

 

 

DESIERTO DE SILENCIOSOS

¡Levántate y en la copa de oro el licor del gozo vierte,
antes de que mi cráneo en la tierra se asiente!

Desierto de silenciosos será al fin nuestra morada,
vaya en tanto el clamor nuestro a la cúpula miniada.

Precario es el tiempo, ¿sabes?, de esta mansión que posees,
del corazón de la copa, el fuego arroja en tus bienes.

Aparta ya el ojo impuro del que es Alma de las almas
y a través del claro espejo, con claridad, ve su cara.

Hice ablución en mis lágrimas pues dicen los de la vía:
purifícate primero, después al que es puro, mira.

Por tu verde torso, cuando me torne tierra, oh ciprés,
arroja tu sombra en ella, y olvida tanta altivez.

La serpiente de tu bucle nuestro corazón mordió.
Adonde se halla el antídoto, por tu boca, arrójalo.

Oh Dios, aquel asceta egoísta que sólo ve los defectos...
Al espejo de su mente, lanza el humo de tu aliento.

Como la flor al emitir su perfume, Hafez, ábrete las vestiduras
y arrójalas, luego, al paso de aquella grácil altura.

 

 

ME LIBERO Y ME LEVANTO

¿Las albricias de tu encuentro dónde están? que de la vida me libero y me levanto.
Soy el ave celeste y de la trampa del mundo me libero y me levanto.

Si me llamas tu esclavo, juro por tu señorío
que del reino de la existencia y del lugar me libero y me levanto.

Oh Dios, de la nube conductora haz que llegue la lluvia,
antes de que como polvo, del centro me libere y me levante.

En mi tumba, con vino y juglares, siéntate,
que por tu olor, de la fosa, bailando me libero y me levanto.

Ponte en pie y muestra tu figura, oh ídolo de movimientos suaves
que de la vida y del mundo aplaudiendo me libero y me levanto.

Estréchame fuertemente una noche, aunque soy viejo,
que a tu lado, al alba, me libero y joven me levanto.

En el día de la muerte dame un momento, para que como Hafez,
de la vida y del mundo me libere y me levante.

 


Del "Prólogo"

"Comparables a los hermosos alicatados de las mezquitas iraníes, los versos de Hafez están tan llenos de destellos y de movimiento que nos atrapan; ostentan un dominio técnico, una brillantez de imágenes y una melodía tales que sólo pueden ser el fruto de un creador inspirado y, ante todo, inteligente y lúdico. A través de ellos podemos detectar el goce de su autor al realizar sus piezas como un orfebre y a construir ese mundo propio singular y deslumbrante, como un mosaico formado de piezas análogas que aparecen en posiciones distintas y cambiando de contexto, de modo que el ojo no tiene reposo y es siempre atrapado por la sorpresa. Esto explica que dichos poemas no envejezcan, que a cada lectura parezcan renovados, y que estén presentes en el mundo persa actual como referencia y punto de apoyo, tanto en la vida cotidiana -pues a ellos se acude para consultar el futuro- como en la creación."

 

Palabras pronunciadas en la presentación del libro, que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 5 de febrero de 2002

Buenas tardes, es para mí un verdadero placer participar en la presentación de este libro por muy diversos motivos que tienen que ver muy directamente con el contenido del mismo. En primer lugar porque se trata de una magnífica edición bilingüe que va precedida de una introducción excelentemente documentada, erudita sin pedantería, y quizá lo más importante, atravesada de un sentimiento de empatía con el autor cuya obra se comenta, que una vez más pone de manifiesto la exquisita sensibilidad de Clara Janés y su buen conocimiento del tema y del poeta que presenta. En segundo lugar porque la traducción de los poemas, en la que convergen la maestría de Ahmad Taherí y la sensibilidad de Clara Janés, es a la vez directa y evocadora, casi en la misma medida en que sin duda lo es el texto original, al que yo, lamentablemente no puedo acercarme pero que puedo vislumbrar a través de mi experiencia con textos que pertenecen a una similar tradición en contenido y estética como son los escritos de poetas y místicos árabes.

La cosa no queda ahí, la combinación perfecta de intereses y trasvases que se produce entre Clara Janés y Ahmad Taherí da lugar a un texto fiel que, sin perder nada de su belleza originaria, retiene sonoridades y colores propios de la lírica española, mientras que las resonancias particulares propias de la lírica persa, los aspectos simbólicos privativos, que al lector en castellano podrían escapársele, quedan recogidos en notas finales y en un glosario acertadísimo de términos que no entorpecen una lectura continuada y un disfrute directo de los versos. Así que no sólo la introducción sitúa al lector y los poemas lo fascinan, sino que notas y glosarios le aportan informaciones preciosas para el disfrute completo de la hondura de la obra de Hafez. Sin embargo, un texto no es sólo lo que dice o cómo lo dice, sino lo que trae a la mente y las posibilidades que otorga de abrir una reflexión diferente.

A mí, personalmente, este texto me sugiere, y con ello voy a terminar, una idea que tiene que ver directamente con el presente y no tanto con el siglo XIV en el que viviera Hafez. Hoy hablamos de globalización y también de choque de culturas, de lo primero, como la gran solución uniformadora de la civilización humana, y de lo segundo como la amenaza que quiebre esa armonía unitaria. La producción de Hafez de Shiraz es un ejemplo perfecto de globalización, porque su obra es un tejido unido por hilos invisibles, cuya trama está compuesta por sedas que representan a los textos apócrifos del rabinismo judío, como los símbolos que recuerdan a Salomón y la reina de Saba, por sedas que expresan el simbolismo de la luz y las sombras, tan caro a la tradición más rancia de las literaturas semíticas, pues además del texto bíblico y otros textos mesopotámicos ya aparece en los poetas preislámicos árabes, compartido con el mejor platonismo griego.

Otros hilos de la urdimbre presentan el logos de la tradición cristiana, esa imagen de Jesús como palabra, que por otra parte tan fiel es a la más genuina tradición coránica tal como aparece a la azora de María, o aluden a los reyes de Persia o a los lugares emblemáticos de sus gestas o a los cultos y deidades zoroastrianos, pertenecientes a la más cara y significativa tradición irania.

Esta riqueza plural y abarcadora, se reúne por el genio de un individuo claramente incardinado en la tradición musulmana, Hafez de Shiraz, que compone un mundo poético rompedor e individual, con personalidad propia, y significativo de una identidad bien separada y definida. La poesía de Hafez es un ejemplo perfecto de suma y reelaboración de materiales de muy diversa procedencia cultural, perfectamente integrados y que niegan que la globalización deba ser monosémica o que el encuentro de civilizaciones haya forzosamente de llevar a un choque destructor.

Este libro, pues, en mi opinión, suma todas las características que uno debe esperar en un libro: una edición cuidada formativa e informativa, un disfrute del texto, y la apertura hacia un nuevo pensamiento que lleve a la actualidad y nos proyecte hacia el futuro. Por todo ello vuelvo a dar las gracias a Clara Janés y a Ahmad Taherí por invitarme a participar de tan hermoso trabajo, pero especialmente nuestro agradecimiento a Hafez, que a través de los siglos sigue estimulando en nosotros la sensibilidad hacia la belleza y la búsqueda de la verdadera la naturaleza del hombre.

 

Montserrat Abumalham
Profesora de estudios árabes de la Universidad Complutense de Madrid, y directora del Instituto de Ciencias de la Religión

 

 

Estoy totalmente de acuerdo con Montserrat con todas las alabanzas que ha hecho tanto a la traducción como a la introducción y al glosario y, por tanto, me eximo de hacer más comentario a ello. Únicamente quiero señalar que a mí me parece que los dos traductores han logrado realmente un mosaico en danza.

Yo no conocía a Hafez, pero he recorrido otros poetas persas y árabes, he leído mucho a Corbin y Hafez me ha impactado por las razones que voy a decir ahora y, naturalmente, me ha impactado en una traducción castellana que me parece espléndida.

Como digo me parece que se trata de un mosaico en danza, en el que prima la ligereza, el repiqueteo sobretodo, que es lo que a mí más me ha llamado la atención. Hafez me parece un poeta esencialmente trágico y de gran musicalidad. Creo que el título del libro de Hillman que cita Clara es perfectamente adecuado: La danza de la vida. Diría que Nietzsche todavía está removiéndose en su tumba con los poemas de Hafez. Puesto que todo son alabanzas, solamente voy a hacer una pequeña crítica: hay un personaje, que considero es el personaje que al trasluz está en Hafez, llamado Jezr, el verde. Quizá es el más hermoso que existe en toda la literatura y en toda la mística islámica. Pues bien, en un momento determinado del glosario, aparece la voz "Experto en verdor", y hay una duda sobre qué puede ser este "Experto en verdor", y no debe haber ninguna, pues claramente es el verde, Jezr, y las conexiones que esto lleva y que en la traducción se ven espléndidamente, deben quedar claras en el glosario, la conexión entre Jezr, las partículas y esas chispas divinas gnósticas, el Malakut, la forma interior de luz y el pavo real, sin olvidar otro de los tutores de Hafez, que a mí de esta literatura persa es el que me sigue conmoviendo más, al Hal.lach (o Hallay). Y Mansur Hal.lach era llamado el pavo real. Los musairíes y los drusos lo tienen a él por el pavo real, la perla y, en definitiva, el hombre verdadero.

Yo creo que este trabajo de Clara y Ahmad es un verdadero azar concurrente maravilloso. Ya nos han dado nada menos que los Rubayat de Rumi y Tres poetas persas contemporáneos y Clara ha traducido, además a Farid ud-Din Attar, El libro de los secretos. Se trata, por parte de Clara, en este peregrinaje de amor que es toda la trayectoria de su propia poesía, de un auténtico viaje a Oriente en el que se ha encontrado con Ahmad. Y este libro, 101 poemas, es una especie de aventura sin fin, de encuentro sin fin con la poesía de Hafez, con el barzaj, ese mundus imaginalis que también ha recorrido Corbin.

Hay una obra de Clara Janés, que preludia ya esta traducción, el Diván del ópalo de fuego, o la leyenda de Layla y Machnún, leyenda que también aparece en Hafez. Yo creo que lo que se ha producido aquí, perdóneme el publico persa, pero los españoles lo van a entender muy bien, es un Hafez clarificado.

Y empieza la tragedia, pues a mí me parece que, de haberle conocido, Nietzsche habría amado profundamente a este poeta, como lo amó profundamente Goethe, y no se ha puesto de manifiesto todavía cómo Goethe sigue cursos persas y sobre todo de Hafez. Yo creo que lo que hay en él es una permanente danza dionisíaca, en términos nietzscheanos, y son muy curiosos los paralelismos y la broma fundamentalmente al centrarse en el zoroastrismo. Zoroastro está en los dos. Hafez le habría enseñado mucho a Nietzsche. Pero sería muy largo hablar de esto y es cuestión de ser breve. De todos modos hay una expresión de mi maestra, del onceavo aniversario de cuya muerte hoy es el día previo, María Zambrano, pues murió el 6 de febrero de 1991 -hoy estamos a cinco-; decía que hay una expresión de ella sobre Nietzsche, con la que estoy totalmente de acuerdo, en la que lo califica de "éxtasis malogrado". Yo estoy preparando un libro con los textos de María Zambrano sobre Nietzsche y, que me haya caído a la vez en paralelo Hafez, ha sido un azar muy concurrente porque ahora entiendo mucho mejor por qué María Zambrano dice que Nietzsche es un "éxtasis malogrado". En todo caso hay muchos elementos en común entre ambos, inclusive el eterno retorno, el giro de las esferas de Hafez, el año del ser de Niezsche, los eones, ese profundo amor a la vida, pero también quiero señalar otros elementos en este típico poeta trágico que es Hafez, en común con el propio Chaucer, con Fraçois Villon, con Rabelais y, sobre todo, con Gérard de Nerval. Y no les eximo a ustedes de escuchar unos versos de Nerval, que Hafez hubiera entendido muy bien, y con esto acabo, porque me parece que toda su poesía está aquí, en el Malakut, ese ser divino que permite que uno pueda ser un libertino y un bohemio y, sobre todo un gran crítico de todo género de hipocresía como es Hafez, y también ese ir al fracaso, ir a la ruina y encontrar el tesoro…

¿Y cuál es el tesoro? Gérard de Nerval lo decía casi en términos de Hafez. Dice Gérard de Nerval en los "Versos áureos o dorados"

Con frecuencia en el ser oscuro

habita un dios escondido

y como un ojo naciente

por sus párpados cubierto

un puro espíritu se acrece

bajo la corteza de las piedras.

 

Jesús Moreno Sanz
Profesor de filosofía, ensayista y poeta, y traductor de Louis Massignon.



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