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'Maya' de Alberto Marcos Flores
Clara Janés
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Editorial Pez Privée Madrid, 2002
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Leemos en el
Chandogya Upanishad "Sea yo muchos" y estas palabras se refieren a la naturaleza de la multiplicidad, resultado del oscurecimiento de la unidad primordial. ¿Cómo se produce este oscurecimiento que da lugar al mundo?. Según el shivaísmo de Cachemira, en un origen emerge una vibración de suprema beatitud, de la cual surge "el deseo de ser", al que sucede el impulso expansivo de la voluntad universal. Esta energía, cubierta por una serie de velos que oscurecen su luz primigenia, se expande de modo fecundo y generador de vida. En este punto, Shiva, la realidad absoluta, desea tomar forma de universo y desplegarse en su multiplicidad. La naturaleza forma parte de este proceso. |
Las formas en las que se presenta el universo al aparecer, permitirán el conocimiento. De la relación entre conciencia y universo nace el sentimiento de unidad en la diversidad. En este "primer plano de la manifestación" tiene lugar el olvido primordial, origen de toda ignorancia, y es ésta la que instaura la limitación y la impureza mediante la energía llamada Maya-Shakti.
Es sabido que la palabra "maya" designa la ilusión como un velo que cubre al mundo que captamos por los sentidos y que a la vez nos separa de la verdadera realidad. Se trata, de hecho, de una ilusión creadora, pues crea a partir de nuestra ignorancia. K.D. Tripathi dice: "Maya es la forma de la energía que instaura el reino de la finitud y las diferencias limitadas, que aleja definitivamente al Sujeto del Objeto sumergiendo al primero en una especie de sueño o encantamiento de la unidad originaria en el fondo, ahora totalmente oscuro, de la energía negadora sobre el que se proyectan los perfiles de las formas limitadas. La energía de shakti se hace Maya, energía creadora de la ilusión de la finitud. Pero importa dejar claro el aspecto positivo y creador de la finitud y la ilusión, pues en última instancia, la finitud sólo es la consecuencia de la ilimitada libertad de la energía (svatantrya shakti) que por su carácter excelso puede realizar lo más difícil: su propia negación."
Complejo es, pues, el concepto de "maya", y poner como título de un libro esta palabra es señalar el punto de la geografía anímica en el que la obra se sitúa. Un punto, por otra parte, apasionante, aquel en el cual sabemos que lo que sabemos puede no ser exactamente como aparece ante nosotros y, con todo, nos indica existencias y realidades que, yo diría, somos capaces de intuir aunque no podamos -y, dada nuestra conciencia, no pretendamos- explicar. Este es, ciertamente, un espacio adecuado para la poesía que es algo que dice y no dice, algo que sugiere, algo que se dirige a la emoción y a través de ella, si acaso, al intelecto. Dar cuenta de un viaje a la India, si el viaje es verdadero, es decir, transformante, requiere, como bien ha visto Alberto Marcos, de esta posición de partida.
Alberto, pues, emprende el camino con los poros de la sensibilidad abiertos, dispuesto a captar y transmitir ese complejo universo de la multiplicidad en todos los niveles que le llegan: físico, anímico y espiritual, y, a través de ellos, tiempo y espacio ocuparán su lugar. Tal vez por este motivo aparece primero en sus páginas un paisaje humano de pies descalzos, pies ennegrecidos, gritos ahogados, comercios, niños que arrancan alas a los insectos, trenes que se agitan… Pero inmediatamente surgen animales, plantas, el Himalaya, es decir la naturaleza, y también el arte, la arquitectura fundamentalmente. Y lo que en apariencia se ha iniciado como una secuencia de imágenes, cruzando el velo de maya, se aproxima a esa verdadera realidad no asible y no mencionable a no ser por la metáfora o la imagen. Así se dice en un poema:
En las fisuras que la noche esconde del sueño
los gritos ahogados
juegan a malabares sordos.
En otra página, a propósito de Shimla, leemos:
paseantes que se volvían blanco bajo
las luces de los vehículos disparados… el
Himalaya que en sus primeras
estribaciones es un rosario de estrellas,
caldero negro con infinitos orificios,
abajo, arriba, detrás y el sonido del sitar […]
Otros poemas hallan en si mismos, en su propia formulación, el hechizo lírico, a veces debido a su simplicidad primigenia, como el bellísimo "Entretenimiento de Charas", situado en Jaipur y dedicado a Kike, que parece oímos directamente tintinear:
llueven campanillas,
pequeños conos color lima,
insectos de hojalata,
llueven campanillas,
pequeños conos color lima,
insectos de hojalata,
llueven campanillas,
pequeños conos color lima,
insectos de hojalata.
Ya nos hablen de una fiesta de boda, de un domador de camellos, de Ajanta o de Ellora, estos poemas, que se disfrazan ellos mismos con el velo de la simple descripción, siempre nos dicen mucho más, siempre comunican un trasfondo de pensamiento, a veces informulado, o que acaso haya podido hallarse "en la boca de un anciano", o de una intuición de algo invisible, a veces tan enigmático como en "Bajo el signo de Arambol". Todo ello apunta a una misma cosa: nos hallamos ante verdadera poesía, y decir esto es decirlo todo. Por otra parte, en ningún momento nos apartamos de "maya". Este podría ser, sin duda, el título de un poema sin título que se inicia así:
A veces solo imagino lo que veo:
un largo muro que se rompe y se deshace
en escaleras que huyen a morir al lago.
Las personas son siluetas incompletas […]
Y acaba de este modo:
el juego será encontrar los agujeros,
vaciar el tiempo a orilla del agua.
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