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LIBROS DE ORIENTE
Y DEL MEDITERRÁNEO

 

El vuelo oblicuo de las golondrinas - Du Fu
Presentación de Clara Janés y Juan Ignacio Preciado Idoeta
Traducción del chino: Juan Ignacio Preciado Idoeta, versos en castellano: Clara Janés (2000)


 

 

 

 

 

Entre los líricos de la dinastía Tang (618-907), Du Fu es un gigante. Prolífico –han llegado hasta nosotros más de mil cuatrocientos de sus poemas, aunque otros muchos se han perdido-, destaca, no por el número, sino por la calidad de sus versos.

La obra poética de Du Fu se conoce en la literatura china como shishi, que viene a significar “historia en verso”, mas el término es engañoso, pues los poemas no son en absoluto una mera exposición objetiva de acontecimientos de su autor, es decir, en ellos el lirismo se combina con la narrativa, tanto si tratan de asuntos políticos o militares como si describen un paisaje o exponen un conflicto personal o social.

Por otro lado, la poesía de Du Fu es fiel reflejo de su talante:  un espíritu taoísta que desprecia las riquezas y aborrece el lujo y los excesos de la corte sin caer en el orgullo y la soberbia: un hombre que prefiere el tejido basto a la fina seda. Un poeta dotado de ese sentimiento instintivo de la naturaleza propio de las almas taoístas, que impregna  de emoción las cuidadosas descripciones de su lírica.

De la "Presentación"

 

POEMAS

 

CONTEMPLANDO LA MONTAÑA SAGRADA

¿Cómo describir

la más sagrada de las cinco montañas?

En el límite entre Lu y Qi

no tiene fin el verdor del paisaje.

Magia y hermosura de la naturaleza allí se reúnen

y en sus dos vertientes, solana y umbría,

difieren el crepúsculo y la aurora.

Flotan capas de nubes.

Mi pecho se ensancha.

Por mis ojos, fijos en la distancia, cruzan de pronto

las aves que regresan.

Es necesario que suba a la cumbre

y desde allí contemple ese número inmenso

de montañas menudas.


736, de viaje al país de Qi.

 

 

EL AZOR PINTADO

Sobre la blanca seda

surgen viento y escarcha:

admirable pintura la de este azor.

Presto a cazar una astuta liebre, alza las alas,

y, de perfil, sus ojos parecen los de un mono afligido.

Si se soltara el cordelillo de seda

que lo ata al brillante palo

en lo alto del ventanal,

a la espera del silbido para emprender el vuelo;

si le dejaran ya

atacar a los pájaros comunes,

plumas y sangre se esparcirían por la vasta pradera.

 

 

EL OFICIAL DE SHIHAO

Al llegar el crepúsculo me refugié en la aldea de Shihao.

Por la noche vino un oficial a llevarse a los hombres..

Un viejo escapó saltando el muro.

Su anciana mujer salió a vigilar la puerta.

El oficial gritaba, estaba furioso.

La mujer lloraba, toda amargura.

Oí a la mujer que, avanzando, contestaba:

"Mis tres hijos se fueron a la guerra, a Yecheng.

Uno de ellos me ha hecho llegar una carta.

Los otros dos han muerto hace poco en la batalla.

El que aún está con vida trata de escabullirse para no morir.

Para los muertos todo ha terminado.

En la casa ya no hay nadie,

excepto un nietecito, aún niño de pecho.

Por este nietecito, su madre no ha partido todavía.

De tanto entrar y salir, lleva la falda desgarrada.

Aunque soy vieja y ya no tengo fuerzas,

le ruego, oficial, que me deje seguirlo esta noche al partir.

Es urgente, debo servir en Heyang,

puedo aún llegar a tiempo de preparar el desayuno."


La noche fue larga, cesaron las voces,

creí oír sollozos, un llanto ahogado.


Amaneció y seguí mi camino.

Sólo me despedí de aquel anciano.


758, en el trayecto de Chang'an a Luoyang.

 

 

MIRANDO EL AGUA DESDE LA BARANDILLA DEJO VOLAR MI CORAZÓN

Lejos de las murallas, en una ancha barandilla,

sin aldea que la estorbe,

la mirada llega lejos, muy lejos.

Las claras aguas del río casi rebosan el cauce.

Concluye la primavera,

y los serenos árboles están llenos de flores.

Entre una fina lluvia,

los pececillos aparecen,

y el vuelo oblícuo de las golondrinas

al pairo de la suave brisa.

En la ciudad, cien mil hogares,

aquí dos o tres familias.


761, en Chengdu.

 

 

BALADA AL BORDE DEL CIELO

Al borde del cielo, el anciano no puede regresar.

Sol crepuscular, llego por el este a la orilla del gran río, lloro.

En el Longyou, en las Fuentes del Río, ya no cultivan la tierra.

Los caballeros tártaros y los guerreros tibetanos han entrado

en los países de Ba y Shu.

Grandes olas salpican hasta el cielo, el viento arranca los árboles.

Delante vuelan las grullas calvas, detrás los cisnes.

Por novena vez envío una carta a Luoyang:

hace diez años que no sé de mis hermanos.


Otoño de 763, en Lanzhou.

 

 

BAIDI

En la ciudad de Baidi, las nubes salen por las puertas.

Al pie de la ciudad de Baidi, cae la lluvia a cántaros.

El alto río, se precipita por las gargantas, luchan los truenos.

En los árboles ancianos y en las viejas lianas, el sol y la luna se ensombrecen.

El caballo de guerra no puede compararse al caballo de labranza.

De mil hogares, hoy subsisten sólo cien hogares.

Viudas dignas de lástima son despojadas de todos sus bienes.

Gritos de sufrimiento en la llanura otoñal, ¿de qué pueblo?


Otoño de 766, en Guizhou.

 

OPINIONES

Du Fu es como Claudio Rodríguez, como el nunca leído Larrea: mira. Mira y anota lo que otros vendrán luego a llenar de palabras, a llenar de música innecesaria y de colores inútiles (“Dejo este vaso de vino turbio/ no tengo ánimos”). Toda su obra es gesto (he dicho “gesto”), respuesta a una pregunta que ya sólo resuena, a una añoranza. Mira la primavera, el invierno, Du Fu, y ya se han ido (mira, no escribe: la escritura llega después). Lo que pasó es contado, la belleza de lo que pasó es lo que el poema cierra sin ahogar, es el pájaro que la palabra deja suelto.

Juan Carlos Suñén (ABC Cultural)

 

Esta antología del poeta chino de la época Tang, Du Fu, puede considerarse un pequeño –y no por ello menos monumental- acontecimiento literario.

Los amantes de la poesía aquí podrán deslizarse plácidamente –como Du Fu en su barca hacia la muerte-, si saben jugar con todos los datos que registra con sobriedad esta edición de Clara Janés y J.I.Preciado. A saber:

1) Un texto bilingüe, con esa belleza objetiva que suponen los ideogramas chinos y esa invitación a adentrarse en su rico misterio […]

2) Un mapa de China con los itinerarios de Du Fu por el país –maraña de gran amplitud, verdaderamente nacional, si no continental […]

3) Casi una docena de ilustraciones de pintura china de esa época o algo más tardías –de las Cinco Dinastías y de la época Song-, bien armonizadas con los textos poéticos […]

4) Una presentación igual de concisa y sobria, de menos de diez páginas, pero con los datos históricos y biográficos precisos y las mini-informaciones sobre el género literario chino que permiten situar a Du Fu como un cultivador de estilo moderno […]

Un verdadero placer, como premio al esfuerzo de una lectura activa. Libros como esta antología bilingüe de Du Fu –de medio centenar de poemas sobre un total de 1.400 largos, píldora espléndida- convierten al lector avisado en varón de deseos: ¿para cuándo esas poesías compleras de Du Fu, que seguro que la erudición literaria china, tan rica, tiene perfectamente preparadas para una edición hispana?

Emilio Sola (Archipiélago)

 

La vida y la obra de Du Fu forman parte del acervo cultural del pueblo chino, siendo junto a Li Bai, Bai Juyi y Wang Wei, uno de los poetas más conocidos e influyentes de su historia. […]

A finales del año 755 comienza la rebelión de An Lushan, suceso histórico que depararía una gran tragedia a la dinastía Tang. Du Fu sufrió en persona las consecuencias de este levantamiento militar, como el resto del pueblo chino, y para él comenzó un largo destierro huyendo de las zonas sublevadas. El tema de la guerra aparecerá a menudo en muchos de los poemas escritos durante esta etapa de su existencia,  tratados siempre desde el lado triste y desolador que cualquier batalla infunde en el espíritu del hombre que añora la paz y la convivencia en armonía: "Chirrían los carros. / Relinchan los caballos. / Marchan los hombres, arcos y flechas a la cintura (...) / En la frontera corre la sangre hasta volverse un mar" […]

La última etapa de su vida es literariamente la más prolífica e intensa, la cima de su plenitud creadora. Con la llegada a Chengdu, la Ciudad del Brocado, en la provincia de Sichuan, el poeta lograría la calma y la tranquilidad por una larga temporada viviendo en una cabaña a las afueras de la ciudad. La naturaleza se convierte en el aliento principal de sus versos y a través de ella busca esa esencia de armonía espiritual que los poetas clásicos siempre anhelaron como fin sublime del arte y la existencia. El río y el bosque, los pájaros y los peces, la lluvia y la luna, la cosecha y el paso de las estaciones, la familia y la vida retirada, la añoranza de los viejos amigos, el quehacer poético... inspiran gran parte de su poesía : en total, más de mil poemas compuestos en los últimos once años de su vida, que transcienden por su calidad y universalidad las barreras del espacio y el tiempo. En definitiva, otra celebración de talento individual en esa irrepetible edad de oro de la poesía china.

Javier Martín Ríos

(Ficciones)



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