Dos poemas*
Clara Janés
EL DISFRAZ
En caballos de noche
la sombra del mar
abandona su lecho.
Va hacia el desierto de sal,
ojos brillantes,
caudal de risa en cascada,
manos llenas de hojas
como árbol de lluvia.
Corre,
se precipita
sobre las formaciones
del cerebro terrestre.
Pero a sus pies
vaga la luna solitaria
por un espacio de nadie
y los ríos blancos
se abren
como negros espejos
donde se lee el más remoto pasado
que muerde el abismo
de un ahora sin contornos.
QUIETUD
El ojo de la noche
descubre el pálido abandono
y absorbe hasta el negro su blancura.
He aquí un espejo vacío
que alcanza
la otra cara del vacío.
He aquí una apertura sin fin
y sin confín.
¡Mira como el amante huido
se borra para sí
y es una gota de dolor
que el veneno
alimenta de vana blandura!
La quietud sin horizonte
abre las venas del aire
y el aire arranca al desierto de mi boca.
Y vuelve mi caballo
a Pasargadas
arrastrando el espectro
del deseo
mientras esbozan sus cascos
vanos indicios de movimiento en la arena,
borrados de inmediato
por el viento.
*Pertenecientes al libro inédito Fractales
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