Inicio Adamar - Revista de Creación - Poesía

Presentación Números Anteriores Mención Adamar Galardones Mapa Web Pliegos Adamar Lista de Correo
Poesía Narrativa Ensayo Obra Gráfica Música Reseñas Enlaces Las Voces del Árbol






































Dos poemas
Rogelio Ramos Signes

 

 

Ars poetica vespertilia

 


Todavía sentado a la mesa de los sobrevivientes

declaro mi deuda con medio centenar de poetas

a los que aún no he leído.

Los notarios de la literatura pueden fraccionar mi cuerpo

en tantas partes como la ley lo crea conveniente

y / si algo queda de mí /

un dedal de tierra me espera al final de este camino.


Reconozco haber pecado de melancolía

en cinco de cada siete versos escritos

en siete de cada siete versos pensados

y en diez de cada siete versos asumidos.

Sin pudor ni control abusé de las palabras,

de su malevolente representación de la vida.

Pequé de alusión

nombrando a cada cosa por su imagen.

Parodiando a cada objeto en su espasmo fisiológico

pequé por omisión.

Reclamé amores, papeles y linternas.

Sobre los bordes de un jardín humillante de tan verde

tatué axiomas que caducaron a la medianoche.

Blasfemé, escribí cartas, dormí entre los muertos

y / como quien es parte de una fábula /

me levanté temprano. Preparé las valijas.


Todavía sentado a la mesa de los indelebles

y temiendo preguntar por los que faltan,

declaro en contra de mis pocos aciertos

buscando el camino

a no sé qué cielo de portentos largamente prometido.


El vampiro de mi poesía

yace a los pies de una estatua de Quevedo.



 

 

El Bosco intuye futuras y menos cruentas formas
de extraer la piedra de la locura

 

a Ricardo Ezequiel Gandolfo



Seguramente cambiará el horizonte.



El punto de fuga entre la niebla

                                   cambiará.

Mudarán los corrales                  al sur

                  el barro del camino

                  el otoño en las matas.

Será verano (tal vez)

                       o esas lujurias.

Desaparecerá la horca

                          la rueda de tortura;

la barbarie intentará otros estilos.

Sólo permanecerá lo insano / doy fe

por Erasmo de Rotterdam

                                            mi paisano

que entrevió también las necedades,

por el asedio que Salustio inflige a Tomás Moro,

por la vena latina sangrando sobre mí

                                                               (esto es historia).

Los hombres seguirán desplomándose en paisajes extraños

pendiendo de sí mismos como de un campanario.

Un libro coronará lo contemplativo

                                 aunque no sea rojo,

un embudo tocará lo científico y seguirá siendo embudo

y será una vasija la vasija

y una flor la flor:

                       cada cosa será su sustituta.

Sin bienes que ostentar / idiotizado de dolor

salmodiado por un fraile que ya no puede oír

alguien caminará descalzo hacia los cielos.

Cambiarán los símbolos mas el fin será el mismo.

Tal vez la silla pase a ser ¿una cama?

               la toga                  un pantalón

                                             una enjundia

               el aire libre, los tanques, las aldeas.

Cuchillos habrá, hojas afiladas

aunque sólo para otros menesteres.

¿Quién dará respuesta, sino, a mis propias dudas?

¿Quién mutilará esa col, injertará aquel enano?

¿Quién tolerará tanto monstruo caprichoso

                                                   reptando por las telas?

¿Quién restaurará sus miserias

                             sus grietas hasta el alma?

Algún día esta incisión, este homicidio, este calvario

lo aseguro

                     serán sustituidos por palabras.



poesía | narrativa | ensayo | obra gráfica | música | reseñas | enlaces
presentación | números anteriores | mención adamar | galardones | mapa web | lista correo
pliegos adamar | las voces del árbol
inicio

© 2000-2003 - Revista de Creación