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A veces real
M de la Fuente
Era pulpa, agua de riego, espuela hiriendo caballo; heno ya segado, cualquier caso. Casa bañada por el sol en la galería. Donde se apoya la espalda. Entra en el aire de algún recinto al final del día, queda seca cuando cambia el curso de un río. La han usado y hacen gestos de hélice, violentos, de algodón sin curar para hablar de ella. Los ojos en el espacio de que dispone, cámara de los paños, real sitio. De estos licores. Tan bella cuando sale vencida, pequeño bote frío, pecho al amor de su cadena. Candorosa araña espanto desnudo de los ojos de ella. Estrecha en sus brazos la alarma de mi mirar de frente, arcos triunfales, úlceras y cuervos, elixires. Se extiende sirve de mí, hielo barbarie. Es un caballo mujer así. Marie, gran tambor de uno. Bétula péndula, abeja hija de reina ahora los pájaros echas por tierra, da capo, igual que un día. La bella no tiene nervio. Es una mujer que uno tiene en sí mismo, agua llena, sombrero bellasombra. No juzga, duda de todo con calor. Chica, miga mientras corría. Era una mujer no tan buena, en el sudor, junto a los huesos. Río crecido, pelea de gallos, barro rojo eritreo. Versión original. En la muerte que viste para el deseo que tiene pulmones de caballo como una agresión. Cólera traída por los cabellos, por la mujer, pan de ángel de las aguas rápidas. Despide arpones de sudor que ciegan, persigue pliegue limpio del dios pereza. Frío, de toda su ropa contra el aire. Niña ojo oscuro, maldito amor a todos mis desvíos, me reclama en desorden me alimenta con su herida del cuello. Se deleita siéndome familiar. La boca abierta muerdo con ruido largo, cadera verde del pan. Has de saber que no te temo pico azul, olor bueno. Por otro dolor campaneo hojas de zarza.
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