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Hacia la inmensidad*
Clara Janés
Nacía un aroma y Chillida iba en pos de él, y el aroma le llevaba a la sombra y a la sombra arrancaba él un destello para cruzarla, y, como luz, tomaba cuerpo la obra en sus manos. Siempre ese paso, el paso hacia lo desconocido "porque ese deseo de saber lo que uno no sabe tiene un poderío insuperable".
Saber y ver en lo que se ve lo que no se ve, en la aparición de la masa el vacío que habita, el aire que desaloja, la modificación de la luz al entrar en contacto con la materia, la de la materia a causa de la luz, la onda lumínica que es vibración y pronto un rumor. Rumor que indica posición, tiempo y espacio, inseparables, "algo tan misterioso que no ocupa lugar, que es como un punto que se moviera, un punto sin dimensión, que sería el presente que se moviera, sin crear ninguna cosa a la que podamos tener acceso".
Y, con todo, el acceso al misterio desde la intuición, o acaso desde el espíritu, eso que "es lo más rápido que existe" y permite el recorrido en las dimensiones: ir de la humana a la del cosmos "y su definición frente a la curvatura de la tierra que es el horizonte". Y ya hay dos centros, o más. "Tú, el que miras, eres el centro y todos esos centros se juntan y se cortan unos a otros" y "el horizonte se convierte en el mundo para los hombres".
Mundo, "Yunque de los sueños" que apacigua el hundimiento, la blandura del barro, "Lurra", y la invencible gravitación; "Casa de la luz", "Lugar de encuentros" donde crear un "Monumento a la tolerancia", y "Las puertas de la libertad"; espacio sagrado desde el que se puede atisbar los astros, oír una "Música callada", la voz del mar en diálogo con el viento o el "Canto áspero" de la madera, y también el silencio. Porque al crear hay que "vaciarse para que la materia del universo entre en ti".
Ahora ya está en él y él en ella, ya ha cruzado ese límite, ha dado un paso más siguiendo con fidelidad la orientación marcada por la escultura, ese "peldaño hacia la inmensidad".
*Diario ABC. Martes 20 de Agosto de 2002.
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