KO UN
ID_Especiales:
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Autor:
Clara Janés
KO UNEl que lee los versos de Ko Un, del poema “Juegos con un globo”, donde el poeta se corta primero un brazo, luego el otro, las dos piernas y el torso, y lo va entregando a quien lo necesita hasta quedar sólo con la cabeza, y se ríe cuando llega un monje y da a ésta una patada y la lanza como un balón hacia lo alto, recibe de un impacto: inteligencia, humor y desasimiento. Estos tres puntos son los que han permitido a su autor, Ko Un, renacer como el fénix de sus cenizas.
Hijo de campesinos pobres, Ko Un (Kunsan, Corea, 1933) conocía ya los textos clásicos chinos a los 8 años, a los 15, encontraba un libro al borde de la carretera y le revelaba la intensidad de su propia emoción ante la poesía, a los 17 –tras estallar la guerra en su país- era movilizado y la dura experiencia conocida le impulsaba varias veces al suicidio, a los 19 entraba en la orden budista para vivir de limosna, a los 25 publicaba su primer libro y a los 29, tras ser jefe sacerdote del templo de Chondung, dejaba la comunidad.
Siguiendo estos avatares, su poesía pasa de moverse en una atmósfera taoísta, donde el paisaje es un espacio sereno, lo cotidiano es milagro y el silencio y la oscuridad actúan como espejos, a ser portadora de “todas las verdades”, y testigo de la situación histórica de su tierra donde todo parece invitar a la caída, y cae el cielo como una hoja o la noche en sus versos, mientras el agua cobra un papel revelador hasta el punto de arrancar la exclamación: “¡Un mundo de agua!”, pero se trata de un mundo real. Desde su identidad oriental, pues, el poeta evoluciona sin cesar.
Y también la rueda de las sucesiones vitales de Ko Un sigue su giro que avanza ahora hacia un profundo nihilismo. A los 30 años quema todos sus manuscritos, si bien a los 33 vuelve a publicar (Cantos a la orilla del mar), a los 34 se entrega a excesos alcohólicos, a los 37 intenta suicidarse de nuevo, a los 40 milita por los derechos humanos y crea la Asociación para la práctica de la libertad, a los 47 es arrestado por sospecha de alta traición y condenado a cadena perpetua, a los 50 es liberado, se casa y empieza a escribir con renovado ímpetu. Entre novela y poesía ha publicado ya más de ciento veinte libros, ha obtenido numerosos premios y por dos veces ha sido nominado para el Premio Nobel.
No resultan una ruptura con la poesía anterior los poemas combativos que escribe a partir de 1973 cuando se aparta del nihilismo y empieza la militancia, es decir, a partir del libro En la aldea Munui, donde vio “cómo la muerte abraza a la vida”, donde el “río del mundo construye un templo/ flotando en el agua y oscureciéndose/ en unión de toda la gente asesinada/ en estos valles y colinas”. Pero la muerte es ley de vida. Y pronto, tal vez más que nunca, se refleja en sus versos el espíritu zen a través de la paradoja. Y sigue su avance literario a través de una simplicidad que roza lo naif. “De nuevo soy /un hijo de la cebada verde”.
El que ha oído recitar a Ko Un sabe que la traducción no transmite la totalidad de su poesía. Aunque no comprenda el sentido, capta que es un mago de la lengua y un maestro en los juegos fónicos. A pesar de lo cual, aquellos tres puntos fundamentales: desasimiento, humor e inteligencia, resisten cualquier cambio de idioma.
KO UN -TRES POEMAS
EL DELANTE DEL ÁRBOL
Mira, los humanos de espaldas.
Si Dios existe
ésta su forma
y de este modo?
Todo árbol
tiene un delante y un detrás.
No necesariamente por culpa de la luz del sol.
No necesariamente por el Norte y por el Sur.
Cruzo su delante y encuentro el árbol,
cruzo su detrás y me despido de él
y ya me falta, ese árbol.
No tiene palabras, el árbol,
pero siente palabras de amor,
tiende más hojas al soplo del viento.
Las hojas del nuevo año
son aún más verdes.
Y cuando el verano haya pasado
destellará allí,
con un rojo de fuego
que nadie podrá nunca igualar.
Con un rojo de fuego
al que ningún final de una amistad humana
podrá extinguir.
Del libro Naeirŭi norae – Cantos del mañana (1992)
EL CAMINO
De ahora en adelante, esperanza.
Me falta el aliento,
de ahora en adelante,esperanza.
Si no hay camino
lo construyo mientras lo hago.
De ahora en adelante, historia.
Historia no como pasado,
sino como todo lo que es.
Del futuro, de sus peligros,
en mi vida presente,
hasta lo desconocido que viene,
y la oscuridad que viene.
Oscuridad
es solo ausencia de luz.
De ahora en adelante, esperanza.
El camino no existe.
Por esto lo construyo mientras lo hago.
He aquí el camino.
He aquí el camino,
y lleva siempre consigo, impecable,
numerosos mañanas.
De Cantos del mañana, 1992
LA VELA BLANCA
Nadie desea la tempestad, ¡esto es cierto!
Y, en cambio tú, blanca vela ahí fuera en el mar,
en lo hondo del corazón esperas que llegue la tempestad.
Porque sólo durante la tempestad
logras estar viva.
Oh, blanca vela paciente y nostálgica en el gran mar azul!
La lucha ha empezado.
Mi mirada no se aparta de ti.
Entre la hierba, bajo mis pies,
incluso una brisa suave es tempestad.
De Estrellas en el país natal, 1984.
Traducción de Vincenza D’Urso y Clara Janés
Vincenza D'Urso profesora de Lengua y literatura coreana en la Universidad Ca' Foscari de Venezia.
Bibliografía en España de Ko Un
Fuente en llamas, Linteo, Santiago de Compostela, 2005
Ananda, 108 poemas zen, Casariego, Madrid, 2005
Diez mil vidas, Verbum, Madrid, 2004.
Hijo de campesinos pobres, Ko Un (Kunsan, Corea, 1933) conocía ya los textos clásicos chinos a los 8 años, a los 15, encontraba un libro al borde de la carretera y le revelaba la intensidad de su propia emoción ante la poesía, a los 17 –tras estallar la guerra en su país- era movilizado y la dura experiencia conocida le impulsaba varias veces al suicidio, a los 19 entraba en la orden budista para vivir de limosna, a los 25 publicaba su primer libro y a los 29, tras ser jefe sacerdote del templo de Chondung, dejaba la comunidad.
Siguiendo estos avatares, su poesía pasa de moverse en una atmósfera taoísta, donde el paisaje es un espacio sereno, lo cotidiano es milagro y el silencio y la oscuridad actúan como espejos, a ser portadora de “todas las verdades”, y testigo de la situación histórica de su tierra donde todo parece invitar a la caída, y cae el cielo como una hoja o la noche en sus versos, mientras el agua cobra un papel revelador hasta el punto de arrancar la exclamación: “¡Un mundo de agua!”, pero se trata de un mundo real. Desde su identidad oriental, pues, el poeta evoluciona sin cesar.
Y también la rueda de las sucesiones vitales de Ko Un sigue su giro que avanza ahora hacia un profundo nihilismo. A los 30 años quema todos sus manuscritos, si bien a los 33 vuelve a publicar (Cantos a la orilla del mar), a los 34 se entrega a excesos alcohólicos, a los 37 intenta suicidarse de nuevo, a los 40 milita por los derechos humanos y crea la Asociación para la práctica de la libertad, a los 47 es arrestado por sospecha de alta traición y condenado a cadena perpetua, a los 50 es liberado, se casa y empieza a escribir con renovado ímpetu. Entre novela y poesía ha publicado ya más de ciento veinte libros, ha obtenido numerosos premios y por dos veces ha sido nominado para el Premio Nobel.
No resultan una ruptura con la poesía anterior los poemas combativos que escribe a partir de 1973 cuando se aparta del nihilismo y empieza la militancia, es decir, a partir del libro En la aldea Munui, donde vio “cómo la muerte abraza a la vida”, donde el “río del mundo construye un templo/ flotando en el agua y oscureciéndose/ en unión de toda la gente asesinada/ en estos valles y colinas”. Pero la muerte es ley de vida. Y pronto, tal vez más que nunca, se refleja en sus versos el espíritu zen a través de la paradoja. Y sigue su avance literario a través de una simplicidad que roza lo naif. “De nuevo soy /un hijo de la cebada verde”.
El que ha oído recitar a Ko Un sabe que la traducción no transmite la totalidad de su poesía. Aunque no comprenda el sentido, capta que es un mago de la lengua y un maestro en los juegos fónicos. A pesar de lo cual, aquellos tres puntos fundamentales: desasimiento, humor e inteligencia, resisten cualquier cambio de idioma.
KO UN -TRES POEMAS
EL DELANTE DEL ÁRBOL
Mira, los humanos de espaldas.
Si Dios existe
ésta su forma
y de este modo?
Todo árbol
tiene un delante y un detrás.
No necesariamente por culpa de la luz del sol.
No necesariamente por el Norte y por el Sur.
Cruzo su delante y encuentro el árbol,
cruzo su detrás y me despido de él
y ya me falta, ese árbol.
No tiene palabras, el árbol,
pero siente palabras de amor,
tiende más hojas al soplo del viento.
Las hojas del nuevo año
son aún más verdes.
Y cuando el verano haya pasado
destellará allí,
con un rojo de fuego
que nadie podrá nunca igualar.
Con un rojo de fuego
al que ningún final de una amistad humana
podrá extinguir.
Del libro Naeirŭi norae – Cantos del mañana (1992)
EL CAMINO
De ahora en adelante, esperanza.
Me falta el aliento,
de ahora en adelante,esperanza.
Si no hay camino
lo construyo mientras lo hago.
De ahora en adelante, historia.
Historia no como pasado,
sino como todo lo que es.
Del futuro, de sus peligros,
en mi vida presente,
hasta lo desconocido que viene,
y la oscuridad que viene.
Oscuridad
es solo ausencia de luz.
De ahora en adelante, esperanza.
El camino no existe.
Por esto lo construyo mientras lo hago.
He aquí el camino.
He aquí el camino,
y lleva siempre consigo, impecable,
numerosos mañanas.
De Cantos del mañana, 1992
LA VELA BLANCA
Nadie desea la tempestad, ¡esto es cierto!
Y, en cambio tú, blanca vela ahí fuera en el mar,
en lo hondo del corazón esperas que llegue la tempestad.
Porque sólo durante la tempestad
logras estar viva.
Oh, blanca vela paciente y nostálgica en el gran mar azul!
La lucha ha empezado.
Mi mirada no se aparta de ti.
Entre la hierba, bajo mis pies,
incluso una brisa suave es tempestad.
De Estrellas en el país natal, 1984.
Traducción de Vincenza D’Urso y Clara Janés
Vincenza D'Urso profesora de Lengua y literatura coreana en la Universidad Ca' Foscari de Venezia.
Bibliografía en España de Ko Un
Fuente en llamas, Linteo, Santiago de Compostela, 2005
Ananda, 108 poemas zen, Casariego, Madrid, 2005
Diez mil vidas, Verbum, Madrid, 2004.

