Juan Miguel Domínguez Prieto / LIBRO DE LA SUAVIDAD, de MARIANA COLOMER

Autor:
Juan Miguel Domínguez Prieto
Libro de la suavidad
Mariana Colomer
Huerga y Fierro editores
Madrid, junio 2008
ISBN: 978-84-8374-730-896
96 pag, 13 €







EL CANTO DEL PODER DIVINO


Tercera obra poética de Mariana Colomer, en edición necesaria de los editores Huerga y Fierro; edición precisa para esta obra ―Libro de la suavidad―, por conformarse a cánones de belleza descalza -hasta enseñar al tacto lo limpio fiel-. Así deberían hacerse todas las ediciones de poesía.

La palabra de esta poeta es esencial porque muestra maduro el silencio con el que linda. Se cumple aquí lo que he pensado teóricamente: que el cuerpo del poema debe componer la mínima apoyatura necesaria para que el silencio contemple, respire. En este sentido, el poeta es un marginal, un exiliado del lenguaje hacia el silencio de Dios, Huésped del aura, ya donde "no se guarda ganado".

Mariana Colomer es esa poeta exiliada, abierta al gran silencio. Su libro hace pensar en el éxito de la palabra preservada del mundo. La palabra, incluso, sugerida de otros labios. Esa por la que desde antiguo pudo anhelarse desde la poesía "que me bese con besos de su boca". Es decir, que la metaliteratura poética está ofreciendo, en transfiguración, no un sentimiento, no un ayeo expresivo, sino la Presencia misma que se ha logrado vivir, siquiera unos momentos, y que no es cantable sino en un lenguaje nuevo.

Advierto que este lenguaje nuevo no es contrario a entrar en la hura de la experiencia y que está a almas-luz de la indagación poética en el árbol central del paraíso.

Es un libro con medidas probadas en la historia, conocidos -¿conocidos?- cánones acentuales, cadencias en diversidad. Pero nada obliga a la gran palabra que inspira a esta compositora barcelonesa a soplar donde los tiempos del hombre quieren. Acabado Libro de la suavidad, somos conscientes otra vez -y no son muchas las ocasiones "de facto"- de que la inspiración ha hecho irrepetibles las palabras, y libre y nueva la obra, porque irrepetible se ha abandonado a ella el cuerpo y el alma del cantor.

Libro de la suavidad es, paradójicamente a la letra, el canto del poder divino. La poeta, Mariana Colomer, se ha abandonado a ese señorío antes vital que poéticamente. Y usa un asombroso alejandrino que se vuelve a menudo epifonema. Lo usa no usadamente, sí. Se puede decir que nadie desde Rubén Darío hasta ella -y en ella, tal vez, con admirable superación- haya recreado la posibilidad del alejandrino con creatividad tan limpia. De aquel santo abandono y de esta recreación, el verso suyo: " Dejo que seas Tú quien me otorgue el poema",con ese hemistiquio que es, en el centro, un hinojarse a Él en vida y en palabra. Hay, así, un poematismo justo en el que inscribe; poiesis en humildad y obediencia ("sin confiar en mí", "de tu suavidad a mi mano"), con aquel carácter recto en la intención que ya se leía en Prudencio ("Ahora escribo / para decir el gozo del amor"; "para que a todos diga la gloria de tu entrega").

Si acaba de aparecer de nuevo la suavidad, ya la leemos como manera alta de aquel Señorío que se decía. Un pasaje del salmo 145 que encabeza la obra lo advierte: "...la abundancia de tu divina suavidad". El esposo secreto -que, paradoja antigua, entra vestido y ceñido de poder- no se allega más que en esquisitez y finura: "Antes que inesperado llegases a tu casa" (p.49); "Y cuando el cuerpo queda del todo iluminado" (p.34). No llega el esposo sin más, sino tras haber alzado los portones del alejandrino, verso heroico como corresponde a todo un Rey de la Gloria. Aunque, también digo, en diálogo de amor; alejandrino conseguido en una irrepetible y castísima ligereza, alcance no usado en la poesía de lengua española: el heroísmo de la intimidad - "Sólo la compasión perfecta de tus dedos" (de "Si tanto tiempo viví en las afueras"); "Supe de tu fragancia derramada en mi centro" (del poema "No quise más ocupación en la noche y el día").

Todo verso aquí vive en esa contención sólo conseguida por la sintaxis del Amor más alto. Nada de temáticas. Eucaristía con cuerpo; y eucaristía vocal. "Si ahora, Tú en mi cuerpo, celebrado".

Es verdadera toda poesía que alcanza a dar alguna de las texturas del silencio. Del pleasilencio por una unión divina. La mística en el latido de Mariana Colomer es inefable. Pero nos ofrece gloriosamente fable aquel exacto silencio que sólo el Amor apalabra.




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