Antonio Mengs / AUDEN y el matiz de la belleza

Autor:
Antonio Mengs
Miliciano en el instante de la muerte (Robert Capa)Miliciano en el instante de la muerte. Cerro Muriano, 5 de Septiembre de 1936 Fotografía de Robert Capa


I

En 1937 Auden viajó a España con la intención de incorporarse a las Brigadas Internacionales y apoyar activamente la causa de la II República. En un interesante y documentado artículo 1, dice Ignacio Fontes: «Auden sólo estuvo siete semanas en la Guerra de España. Trató de engancharse como conductor de ambulancia –la prensa británica de partido anunció su alistamiento como ‘Famous Poet To Drive Ambulance in Spain’ (The Daily Worker)–, una fantasía bastante común en ciertos caracteres, que él sublimaba como a mercy for the wounded, una bendición para los heridos.

Pero en la Spanish Medical Aid Committee, la pequeña unidad sanitaria británica de voluntarios, una docena de médicos y enfermeras, lo rechazaron; Auden dirá que por no ser del Partido Comunista, pero sus biógrafos lo achacan a su escasa pericia como chófer, pues no todos eran comunistas en la organización solidaria. Se trasladó a Valencia, capital provisional de la República, pero insatisfecho con la actitud de espera, poco aventurera, de corresponsales e intelectuales, alojados como él en el Hotel Valencia a la espera de acontecimientos, se hizo con un burro y salió a ver la guerra; tras media docena de kilómetros de camino, el animal lo licenció de una coz... Volvió a Madrid en un coche con un grupo de comunistas británicos que le hicieron ver que para las autoridades republicanas los brigadistas distinguidos como él servían mejor a la causa leal haciendo propaganda que regando con su sangre los campos de batalla –lo que sería inmediata consigna del mando comunista británico, que desaconsejó alistarse a quienes no dispusieran de aptitud y habilidad militar– y lo animaron a emplearse como traductor y en tareas de proselitismo publicitario. Así lo hizo: alguna traducción, algunas emisiones radiofónicas patrocinadas por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y un artículo para New Statesman, el semanario de la Sociedad Fabiana, socialista, describiendo sus impresiones en Valencia.»

De vuelta a Gran Bretaña, Auden escribe Spain 1937 (España 1937) 2, uno de sus poemas más célebres, reconocido con unanimidad por la crítica y muy popular semanas después de ser publicado. Se trata de una composición de largo aliento, en la que el poeta inglés ofrece un panorama sucinto pero sugestivo de la civilización occidental a la luz de los cruentos sucesos de la guerra española, reflexiona sobre la urgencia de la acción e insta a la lucha contra la insurgencia. ‘Madrid es el corazón’, dice uno de sus versos: por aquel entonces, al parecer Madrid era ciertamente, para la izquierda europea, el corazón y el campo de batalla más cercano a su fundamento ideológico, la arena en que se lidiaba el destino de la cultura, la ocasión, como señala el poema, de ‘construir la ciudad de los justos’ o acoger ‘una muerte romántica’. El pulso rítmico, épico, la magnificencia de las imágenes y su perfecto ensamblaje en una estructura de cuartetas en verso libre, la presentación visionaria del pasado y el futuro, su afirmación pujante y unitaria en el presente y un estribillo de fuerte impacto, entre otros valores, hacen de España 1937 un magnífico poema recogido en la mayor parte de las recientes antologías del autor.

Damos aquí una versión castellana a partir de la redacción original del poema —luego comentaremos sus avatares—:

 

España 1937

Ayer todo el pasado. El lenguaje que tasa
Propagado hasta China a lo largo de rutas comerciales; la difusión
Del estadillo contable y del crómlech;
Ayer el recuento de sombras en soleados climas.

Ayer la cuantía del seguro jugada a las cartas,
La adivinación del agua escondida; ayer la invención
De las carretas y los relojes, la doma de
Caballos. Ayer el bullicioso mundo de los navegantes.

Ayer la abolición de hadas y gigantes,
La fortaleza como un águila inmóvil oteando el valle.
La capilla erigida en pleno bosque;
Ayer la escultura de ángeles y disuasorias gárgolas.

El juicio de herejes entre columnas de piedra;
Ayer los feudos teológicos en las tabernas
Y la milagrosa sanación de la fuente;
Ayer el Sabbat de las brujas; pero hoy la lucha.

Ayer la convicción en el valor absoluto de Grecia,
El telón que cae tras la muerte del héroe;
Ayer la oración al crepúsculo
Y la adoración de los locos. Pero hoy la lucha.

Mientras susurra el poeta, enajenado entre pinos
O allí donde se precipitan las aguas cantando al unísono, o arriba
En el peñasco junto a la torre inclinada:
‘Oh visión mía. ¡Envíame la fortuna del marino!’

E indaga el investigador a través de sus instrumentos,
En las provincias inhumanas, el bacilo viril
O enorme Júpiter acabado:
‘… Las vidas de mis amigos. Yo busco. Busco.’

Y el pobre en sus cuartos sin lumbre, arrojando las hojas
Del periódico vespertino: ‘Nuestro día es nuestra pérdida,
      muéstranos,
Historia, tú el operador y
Organizador, el refrescante río del Tiempo.’

Y las naciones conciertan los gritos, invocando a la vida
Que da forma a cada barriga en particular y ordena
El nocturno terror privado;
‘¿No fundaste la ciudad estado de la esponja,

Alzaste los vastos imperios militares del tigre
Y el tiburón, estableciste el cantón del atrevido petirrojo?
Interviene. Oh desciende como paloma o
Papá furioso o templado ingeniero, pero desciende.’

Y la vida, si acaso responde, desde el corazón replica
y desde ojos y pulmones, desde las tiendas y plazas de la ciudad:
‘Oh, no, no soy yo el propulsor;
No hoy; no para ti. Para ti, soy el que

Siempre asiente, el colega del bar, al que fácil se engaña;
Soy lo que sea que quieras. Soy tu promesa de ser
Bueno, tu divertida anécdota.
Soy la voz de tus asuntos. Soy tu matrimonio.

¿Qué te propones? ¿Construir la ciudad de los justos? Lo haré.
De acuerdo. ¿O es el pacto suicida, la Muerte
Romántica? Muy bien, acepto, pues
Soy tu elección, tu decisión. Sí, soy España.’

Muchos la oyeron en remotas penínsulas,
En soñolientas planicies, en las aberrantes islas de Pescadores
O en el corazón corrupto de la ciudad,
La oyeron y emigraron como las gaviotas o las semillas
      de una flor.

Se aferraron ardientes a los interminables expresos que dan tumbos
A través de tierras sin justicia, a través de la noche, del túnel
      alpino;
Flotaron sobre los océanos;
Recorrieron los desfiladeros. Vinieron a exponer sus vidas.

En esa árida plaza, ese desmochado fragmento de la calurosa
África, tan reciamente soldado a la inventiva Europa;
En esa meseta señalada por ríos,
Nuestros pensamientos tienen cuerpo; las formas amenazadoras
      de nuestra fiebre

Son precisas y están vivas. Pues los miedos que nos hicieron acudir
Al anuncio de medicinas. Y el folleto de cruceros invernales
Ha resultado en batallones invasores;
Y nuestros rostros, el rostro instituto, la tienda de la cadena
      comercial, la ruina

Proyectan ahora su codicia como pelotones de ejecución y bombas.
Madrid es el corazón. Florecen nuestros momentos de ternura
Como la ambulancia y el saco terrero.
Nuestras horas de amistad en las milicias populares.

Mañana, tal vez el futuro. La investigación sobre la fatiga
Y los movimientos de los empacadores; la exploración gradual
De cada octava de radiación;
Mañana la ampliación de conciencia mediante dieta y ejercicios
      respiratorios.

Mañana volver a descubrir el amor romántico,
Fotografiar cuervos; todas las formas de esparcimiento bajo
La sombra omnipresente de la libertad;
Mañana las horas del que rige el desfile y del músico,

El hermoso estruendo del coro bajo la bóveda;
Mañana el intercambio de consejos sobre la cría de terriers,
La entusiasta elección de presidente
Por una repentina foresta de manos. Pero hoy la lucha.

Mañana para los jóvenes, los poetas que explosionan como bombas,
Los paseos junto al lago, las semanas en perfecta comunión;
Mañana las carreras de ciclistas
A las afueras en las tardes de verano. Pero hoy la lucha.

Hoy el incremento deliberado de las ocasiones de muerte,
La aceptación consciente de la culpa en el asesinato necesario;
Hoy el dispendio de energías
En el panfleto simple y efímero y la aburrida reunión.

Hoy el consuelo momentáneo; el cigarrillo compartido,
Las cartas en el establo a la luz de las velas, y el concierto
      estridente,
Las bromas masculinas; hoy el
Embarazoso y lánguido abrazo antes de ir a hacer daño.

Han muerto las estrellas. Los animales no harán por mirar.
Nos han dejado con nuestro día a solas, y el tiempo es breve, y
La Historia a los vencidos
Podrá decir lo siento pero no puede ayudar ni perdonar. 3


SPAIN, Primera edición - Faber & Faber (Londres, 1937)SPAIN, Primera edición Faber & Faber
(Londres, 1937)


Al lector atento no le han de pasar desapercibidos determinados versos o fragmentos de versos que, más allá de un mero efecto expresionista, justifican crudamente la acción de guerra. Orwell, que había estado en el frente como soldado y presenció de cerca el horror, tras afirmar que España 1937 era «una de las pocas cosas decentes que se han escrito acerca de la guerra española», manifestó públicamente su profundo desagrado ante las palabras ‘Hoy el incremento deliberado de las ocasiones de muerte, / La aceptación consciente de la culpa en el asesinato necesario’ 4. Se desconoce con exactitud si por influencia directa de este parecer, o debido una reconsideración sobrevenida tras su vuelta al cristianismo, o a otras motivaciones, Auden revisó con posterioridad el poema e introdujo cambios muy precisos. En la selección de 1940, Another Time, los versos citados rezaban: ‘el incremento inevitable de las ocasiones de muerte / La aceptación consciente de la culpa en el hecho del asesinato’. En la Collected Poetry, de 1944, las estrofas 17 y 18 fueron suprimidas. Más tarde, en sus Collected Shorter Poems 1927-1957, editado en 1966, ya no aparecería el poema, determinando que en adelante fuera excluido de todas las ediciones y antologías de su obra.

Parte de los comentaristas opina que Auden estuvo muy desacertado con esta decisión 5. Hoy en día, el poema se imprime desoyendo el criterio del poeta; algunos, como Jordi Doce en su reciente traducción a nuestro idioma 6, prefieren un punto intermedio y no sólo adoptan el texto de la última versión, con los cambios citados, sino que lo relegan respetuosamente a un anexo. En todo caso, desde nuestra perspectiva actual hay un hecho innegable, toda vez que cada reimpresión de los versos suele ir acompañada de la explicación de sus vicisitudes, y es el de que heredamos un poema sobre el que pesa un deseo de silencio; un gran poema, un poema de carácter totalizador y de la mayor importancia histórica y artística, junto a una voluntad de supresión que, en justa correspondencia, es silencio de la mayor importancia. Pues si escuchamos la aseveración del poeta «Como cuestión de principio en este asunto de las revisiones, estoy de acuerdo con Valéry: 'Un poema nunca se termina; sólo se abandona'». 7, España 1937 es un poema revisado sucesivamente a favor del silencio y en el silencio sin término abandonado.

 

II

Los intereses del escritor y los de sus lectores nunca coinciden, y la ocasión en que lo hacen no es sino un afortunado accidente. 8

LLa apreciación negativa que algunos comentaristas, como decíamos, hacen de la decisión del poeta, parece sustentarse en una disposición muy semejante a la que provocó la guerra del 36: y ello es así porque la defensa de la libertad que señala como eje del poema y valora con entusiasmo no se la concede al poeta, sino que en virtud de una aparente obviedad, de tendencia manifiestamente impositiva, pasa por alto qué sentido podría tener, tratándose de arte, dar o quitar ‘la razón’ al autor. Enseguida observamos que la mera opinión, convertida en adalid de un modo de pensar la vida y concebir la Historia, le reprocha a Auden una determinada actitud moral, acaso un cambio de ideología, o especula sobre una supuesta justificación en su retorno a la fe cristiana que le resultan de todo punto inadmisibles; a la vez, al amparo de una erudición considerable y sin hacerlo de modo explícito, sobrentiende que nosotros, mujeres y hombres de otra época y por ello más evolucionados, compartimos una misma ética, una misma ideología, una misma visión historicista y museística de la vida. Por el contrario, vida no es precisamente el museo de los eruditos, un relato más del pasado, sino el factor siempre inconcluso y libre del presente: un presente en el que disponemos de un poema y de una decisión por todo legado, sin polémicas consideraciones de otro tipo.

La crítica que rehúsa admitir la recepción de este legado ha señalado como grave perjuicio que el autor rompa el compromiso adquirido con los lectores al haber publicado anteriormente poemas que luego transforma o descarta, como si una vez dados a la imprenta sus versos, entre el autor y el lector mediara una especie de relación contractual; o que sea moralmente reprobable la que denominan autocensura, cuando no sólo con esta reprobación se está ejerciendo otra clase de censura, esta vez desde fuera: sino que muy probablemente uno de los pocos lugares que existen exentos de tribunales sean los ojos del poeta y las manos del poeta, a solas en su cuarto, con su obra; o que no deje nunca de corregir —suele citarse el caso de Juan Ramón Jiménez en nuestra lengua—, en un vano afán de perfección, porque ello conduce a que los poemas de antes y los de después, los corregidos, no se parezcan.

Mas al poeta no le interesa si alguien espera de él un compromiso, si lo que hace es lícito o no, si sus poemas se parecen o no: su planteamiento no es de orden ético, filosófico, histórico, o caracterológico, sino poético, ámbito en el que intervienen además muchos otros factores, incluyendo por ejemplo y no en última instancia las emociones y la sensibilidad; los criterios de ‘verdad’, en ambos casos, poeta y crítico, son divergentes. El único comentario de Auden respecto de la omisión de éste y otros poemas en la antología de 1966, alude comedidamente a esta verdad: los poemas deshonestos han sido suprimidos, considerando que «un poema deshonesto es uno que expresa, da igual con qué habilidad, emociones o creencias que su autor nunca sintió o tuvo» 9.

El poeta a solas en su cuarto sí tuvo conocimiento, al igual que todos nosotros, de la magnitud de los crímenes cometidos durante la segunda guerra europea, del horror indescriptible de Hiroshima y Nagasaki y de tantas otras cosas que sucedieron después: en paralelo diálogo, el camino de acercamiento a sí mismo, su sentir, su ética, su ideología, conocimientos y desconocimientos históricos y científicos, etc., convergen en una apreciación de orden poético que mejora la percepción de su propio ser y vislumbra otro plano de la realidad en el que finalmente no halla cabida la necesidad del asesinato. Mientras se polemiza en función de convicciones e ideologías, perseverando de este modo en el mismo núcleo de tensión que dio lugar a la guerra española (y muy probablemente a todas las guerras), él ya no está allí. En realidad, no se ha ido de donde siempre estuvo, el territorio de la poesía, que es el lugar donde el poeta se busca; tan sólo ha reacomodado su posición para un aire más claro. Cuando se afirma que los cambios que un poeta incorpora a su obra se deben a circunstancias ajenas al proceso artístico, hemos salido del poema.

Identificar un principio y arrogarse la misión de defenderlo siembra inevitablemente la discordia. Auden decidió descartar unos versos que la justificaban: el desacuerdo en este aspecto no hace sino eludir la cuestión. Lo que para nosotros queda, como decíamos, además de los versos, es el gesto que apura sentido en una totalidad allende de las palabras, esto es, en definitiva el asunto poético propiamente dicho. El camino seguido por la desviación crítica olvida esta consideración global que, bien mirado, se encuentra en el origen del poema de Auden —y tal vez de todo aquello para lo que la poesía trabaja desde siempre; en cambio, discrimina los hitos de un yo al que da consistencia en el pasado, y con ello superpone el relato del pasado al poema en que los poetas convierten todo relato.

Las falacias del yo que vivencia, y al que los demás vivencian, se multiplican con el tiempo: yo no soy el que era, yo he continuado siendo el mismo, yo no soy el que pensáis, e incluso yo soy el que soy o yo no soy el que soy, etc. Este yo establece unas relaciones vertiginosas con el yo poético, pudiendo o no coincidir ambos entre sí. La reverencia por la historia personal, a la que la cultura de occidente es especialmente proclive, lleva al marasmo a quienes el hábito clasificatorio impide vislumbrar la poesía: épocas, etapas, relacionadas en términos incrementales de mayor perfección o declive, quedan inmovilizadas ante los ojos, más allá de cuanto del pensamiento o la biografía del autor venga en apoyo de una mayor inteligencia en determinados pasajes. Esta manera, al tiempo que superpone un marco conceptual a un modo de expresión, el artístico, particularmente alejado de la conceptualización —tal vez interese recordar que lo que se da en llamar en arte concepto o conceptismo no es conceptualización—, merma desconsideradamente la silenciosa fuerza reveladora que en él alienta. Perturbados ante el suceso poético, procuramos la explicabilidad que garantice nuestro sosiego, mas la inercia adosada a tal interpretación alimenta la decadencia cultural.

El sentimiento culpable en torno a lo que uno debería ser (yo me arrepiento de haber sido el que fui), apenas permite experimentar la libertad de la aceptación (recordar y juzgar continuamente el yo no tiene sentido, pues el yo es resultado de sus condicionantes) cuando ya se le impone el conservacionismo (yo debo saber identificar y justificar mis yoes, todos fueron yo de pleno derecho en su momento: yo —soy esa historia). Renuncia atormentada del pasado y conservación aquiescente del pasado: polos opuestos de una misma pasión, la del relato de un ayer irremisible e irrecuperable. Auden, sin embargo, nos lega como último presente la omisión aparente del pasado, el borrón del pasado. Podría decirse que todo poema que se logre lo hace abocado a esta elipsis, a este olvido tanto de su narración como de las palabras mismas. En su poema sobre la guerra española precisó además un gesto; un gesto de signo negativo que se ejecuta con fuerza y determinación positivas, y un gesto artístico relativo a la obra y a su pervivencia. Pues evidentemente el pasado no se puede borrar, ya está borrado.

Resulta cuando menos difícil pensar que el poeta no fuera consciente de que, pese a todo, España 1937 continuaría leyéndose. Y al igual que el otoño se va desposeyendo del exceso del verano y camino del silencio desnuda su árbol en la luz, creemos que en cierto modo Auden, con el otoño de su vida, pulió el itinerario actual de sus versos mediante una última revisión, ese signo migratorio no escrito que sobrevuela la lectura.

No es otro el matiz de la belleza que culmina, abandonándola, la elaboración del poema.

 

 

Notas

[1] http://www.elboomeran.com/nuevo-contenido/68/de-nyc-a-bcn-auden-orwell-y-la-guerra-de-espana/

[2] El título inicial, Spain, se convirtió en Spain 1937 —título por el que es conocido en la actualidad— a partir de la antología Another Time (1940).

[3] Versión del autor de este artículo. El original en inglés puede leerse, por ejemplo, en http://www.lucis.me.uk/voices.htm

[4] George Orwell, Inside the Whale (1940). Orwell fue herido el 20 de mayo de 1937, el mismo día en que vio luz la primera edición del poema de Auden. El relato que hace Orwell de este suceso, puede leerse aquí (en inglés): http://www.rjgeib.com/thoughts/soldiers/george-orwell-shot.html
El mismo Auden, 25 años después, afirmaría: «No deseaba hablar de España cuando regresé porque me sentía contrariado por muchas cosas de las que había oído o había visto. Algunas han sido mejor descritas de lo que yo hubiera podido hacer por George Orwell en Homenaje a Cataluña. Otras se derivan de cuanto me enteré acerca del trato dado a los sacerdotes.» (Carta a Hugh D. Ford, 29 de Noviembre de 1962, en Hugh D. Ford, A Poet's War, 1965).
Una importante aclaración entre lo que Orwell entendía por asesinato (murder) en el contexto de la guerra española, diferenciándolo de las bajas debidas a la acción bélica, en el frente, y lo propio para Auden, quien no hacía distinción alguna y consideraba que «matar a otro ser humano es siempre un asesinato y nunca se le debería llamar de otra manera», puede leerse (en inglés) en http://www.thenation.com/doc/20040112/palatella

[5] Una documentada y buena exposición (y defensa) de dicha tendencia se puede consultar en Bernd Dietz, W.H. AUDEN EN LA DÉCADA DE 1930: SPAIN, O EL ESTIGMA DE UN PASADO IMPOSIBLE, Revista Atlantis, 1982 (http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=636313)

[6] W.H. Auden, Los señores del límite. Edición bilingüe de Jordi Doce. Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona 2007

[7] W. H. Auden, La mano del teñidor y otros ensayos, Trad. De Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. Barral Editores S.A., Barcelona 1974

[8] Ídem, p. 481

[9] Los señores del límite, cit.p. 480







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