Antonio Mengs / LA TORRE DE LA ALGARABÍA, de PILAR ZAPATA BOSCH
La torre de la algarabía
Pilar Zapata Bosch
Colección Estancias de Literatura
Área de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Oria, 2007
53 páginas.
5€
Miguel es locutor de radio; depende para subsistir del don de la palabra,
pero debido a una extraña e inespecífica enfermedad, comienza sin proponérselo a
cometer errores: olvida un caso verbal, confunde algunos términos. Con el paso
del tiempo los errores se multiplican y a la par las situaciones chocantes, de
modo que leyendo su propia confesión, se nos hace patente cómo un lenguaje en
deterioro condiciona todos los ámbitos de la vida; y, en el espejo, cuánta
riqueza de vida obtenemos del conocimiento de nuestra propia lengua y de su
amoroso cuidado.
El planteamiento, por lo demás polémico, es de interés capital: buena prueba de
ello lo constituye el hecho de que durante la
presentación
del libro que tuvo lugar el pasado mes de enero en Madrid, se originara un
inesperado y rico intercambio de pareceres entre los allí presentes. El lenguaje
de los móviles, los programas de mensajería instantánea, la incorporación en
continuo auge de anglicismos a nuestro idioma —muchos de ellos con el
beneplácito de la Real Academia Española— han creado una situación paradójica
entre los amantes de la lengua y la literatura que se manifiesta veladamente,
mas sin interrupción, bajo el estruendo de los intereses de mercado: nos parece
estar perdiendo algo, aunque no sabemos muy bien qué, ni hasta qué punto.
La visión de Pilar es clarificadora: ni teoriza ni polemiza, tan sólo muestra
una situación extrema (habitualmente, donde mejor se ve). Y lo hace
como la magnífica y amena narradora en que se convirtió una niña, según
confesión propia, encandilada por la sonoridad mágica de las palabras y el mundo
desplegado en ellas. A la hora de exponer los motivos de fondo que le llevan a
escribir este relato, sin embargo, la autora nada oculta: durante la
presentación, escuchamos junto a varios de sus alumnos allí presentes —Pilar es
profesora de lenguas clásicas en un instituto de Madrid— su apasionada apología
de la lengua española, tan rica en nombradías y matices, frente a una lengua
ante todo funcional como el inglés, apta para una sociedad tecnológica en
la que simplificación e inmediatez han sido sobrevaloradas. Producto de esta
situación es el escaso interés que manifiestan los medios y los jóvenes por la
primera, en tanto se enfatiza el aprendizaje de la segunda. Poco o mucho habrá
tenido que ver la actividad docente de la autora, pues ignoramos en qué medida
sus inquietudes tanto personales como literarias y su vocación educacional o,
por decirlo de manera cursi, el cariño por sus alumnos, se reparten la
responsabilidad de haber llevado a término la novela, aunque sospechamos que
ambas deben de haber sido, sin duda, las grandes impulsoras.
El conocimiento del lenguaje es vida, nos viene a decir Pilar; quien pierde la
palabra pierde el mundo. ‘La torre de la algarabía’, como sucede con no muchos
libros, establece varios diálogos con el lector: el lúdico, el pedagógico, el
del suspense (el hilo conductor es una trama de suspense), el de la toma de
conciencia y por supuesto, aquél que tiene que ver con los fundamentos del
género literario. La cuestión de fondo y forma queda disuelta en la naturaleza
misma de la narración, donde encuentra el ámbito idóneo y quizás exclusivo de su
desarrollo. De hecho, el juego meta-literario, elegantemente incorporado a la
ficción como elemento inexcusable, constituye el atractivo primero; aporta la
saludable ironía del distanciamiento y dispone ante nuestros ojos un inagotable
caudal de reflexión y diversión que constituye un verdadero deleite.
Estos y otros méritos han hecho que ‘La torre de la algarabía’ fuera merecedora
del prestigioso premio Villa de Oria 2007. Desafortunadamente, las condiciones
del mercado editorial le crean al libro una situación incómoda ante la que, en
un caso como éste, todos salimos perdiendo, pero existe la posibilidad de
hacerse con él en esta dirección
e-mail.
