Henry Purcell (1659-1695) O SOLITUDE, my sweetest choice!
ID_Especiales:
atalaya_archivo
Autor:
Paloma Paredes
Purcell compone en 1685 la canción para solista O SOLITUDE, my sweetest
choice!, ¡Oh, soledad, mi más dulce elección!, adaptando unas estrofas de los versos del poema La Solitude, del autor
francés Antoine Girard de Saint-Amant, traducidos por la poeta inglesa Katherine
Philips.
La belleza de la música, su estructura y la magnífica adaptación a la lengua inglesa, unido al sentido poético que se desprende del texto, configuran una composición singular, de tono intimista, plena de sentimientos y que la fluidez de la voz envuelve en percepciones místicas, de esa soledad en ocasiones tan deseada.
El contratenor Alfred Deller realizó una versión de referencia, si bien introduce una serie de variantes en el texto que proporcionan a la canción una atmósfera sacra.
Se puede escuchar la versión de Deller aquí
La belleza de la música, su estructura y la magnífica adaptación a la lengua inglesa, unido al sentido poético que se desprende del texto, configuran una composición singular, de tono intimista, plena de sentimientos y que la fluidez de la voz envuelve en percepciones místicas, de esa soledad en ocasiones tan deseada.
¡Oh, soledad, mi más dulce elección!
Lugares que a la noche reverencian,
Alejados de ruidos y tumulto,
¡Qué delicias lleváis al pensamiento fatigado!
¡Oh, soledad, mi más dulce elección!
¡Oh Cielos! Qué contento el mío
Ver esos árboles, que aparecieran
En la natividad del tiempo
Y veneraron todas las épocas,
Mirarlos hoy tan frescos y verdes
Como cuando por primera vez se avistó su belleza.
Oh, cuán agradables se aparecen
Esos montecillos colgantes
Invitando a los infelices
A deponer aquí todas sus penas,
Cuando su cruel destino persiste
En calamidades que sólo ha de sanar la muerte.
¡Oh, cómo adoro la soledad!
Ese elemento del más noble deseo,
Donde las fábulas de Apolo aprendí
Sin las penalidades del estudio.
Para conmoverte, creció mi amor
Por los caprichos que procuras;
Mas cuando pienso en mí mismo,
Los odio por la misma razón,
Pues lo que para ellos se necesita a mí me estorba
En tu contemplación y en tu servicio.
¡Oh soledad, oh cómo adoro la soledad!
(Versión de Antonio Mengs)
O solitude, my sweetest choice!
Places devoted to the night,
Remote from tumult and from noise,
How ye my restless thoughts delight!
O solitude, my sweetest choice!
O Heav'ns! what content is mine
To see these trees, which have appear'd
From the nativity of time,
And which all ages have rever'd,
To look today as fresh and green
As when their beauties first were seen.
O, how agreeable a sight
These hanging mountains do appear,
Which th' unhappy would invite
To finish all their sorrows here,
When their hard fate makes them endure
Such woes as only death can cure.
O, how I solitude adore!
That element of noblest wit,
Where I have learnt Apollo's lore,
Without the pains to study it.
For thy sake I in love am grown
With what thy fancy does pursue;
But when I think upon my own,
I hate it for that reason too,
Because it needs must hinder me
From seeing and from serving thee.
O solitude, O how I solitude adore!
Katherine Philips
Lugares que a la noche reverencian,
Alejados de ruidos y tumulto,
¡Qué delicias lleváis al pensamiento fatigado!
¡Oh, soledad, mi más dulce elección!
¡Oh Cielos! Qué contento el mío
Ver esos árboles, que aparecieran
En la natividad del tiempo
Y veneraron todas las épocas,
Mirarlos hoy tan frescos y verdes
Como cuando por primera vez se avistó su belleza.
Oh, cuán agradables se aparecen
Esos montecillos colgantes
Invitando a los infelices
A deponer aquí todas sus penas,
Cuando su cruel destino persiste
En calamidades que sólo ha de sanar la muerte.
¡Oh, cómo adoro la soledad!
Ese elemento del más noble deseo,
Donde las fábulas de Apolo aprendí
Sin las penalidades del estudio.
Para conmoverte, creció mi amor
Por los caprichos que procuras;
Mas cuando pienso en mí mismo,
Los odio por la misma razón,
Pues lo que para ellos se necesita a mí me estorba
En tu contemplación y en tu servicio.
¡Oh soledad, oh cómo adoro la soledad!
(Versión de Antonio Mengs)
O solitude, my sweetest choice!
Places devoted to the night,
Remote from tumult and from noise,
How ye my restless thoughts delight!
O solitude, my sweetest choice!
O Heav'ns! what content is mine
To see these trees, which have appear'd
From the nativity of time,
And which all ages have rever'd,
To look today as fresh and green
As when their beauties first were seen.
O, how agreeable a sight
These hanging mountains do appear,
Which th' unhappy would invite
To finish all their sorrows here,
When their hard fate makes them endure
Such woes as only death can cure.
O, how I solitude adore!
That element of noblest wit,
Where I have learnt Apollo's lore,
Without the pains to study it.
For thy sake I in love am grown
With what thy fancy does pursue;
But when I think upon my own,
I hate it for that reason too,
Because it needs must hinder me
From seeing and from serving thee.
O solitude, O how I solitude adore!
Katherine Philips
El contratenor Alfred Deller realizó una versión de referencia, si bien introduce una serie de variantes en el texto que proporcionan a la canción una atmósfera sacra.
Se puede escuchar la versión de Deller aquí

