C. Dolores Escudero / LA PRISION DELICADA de BEATRIZ RUSSO







La prisión delicada
Autora: Beatriz Russo
Col. Calambur, Madrid 2007
ISBN: 978-84-8359-019-5




LA QUE PUDO HABER SIDO OPHELIA


Un encuentro inesperado y grato para este final de 2007 que no acaba de despedirse…

Pequeño y denso poemario nada común en los últimos tiempos entre las publicaciones líricas en España. Poema extenso en apenas cuarenta y cinco páginas de distancia corta, de confidencia, de secreto, de reserva que, sin embargo, se desborda como si de una cascada caudalosa se tratase.

Lizzie Siddal –la que pudo haber sido Ophelia-, protagoniza cada verso; pero Lizzie Siddal era tan solo la poeta, la hermosísima mujer/esposa enamorada de Dante Gabriel Rossetti pintor y poeta “Prerrafaelista”, no demasiado atento o consciente de las emociones y sentimientos de su amante compañera, y antes modelo inspirador del magistral retrato de Ophelia del pintor Sir John Everett Millais (1829-1896),








que finalizaría su no muy dichosa vida con una sobredosis de láudano, y siendo enterrada junto a su colección de sonetos por expreso deseo de su esposo, Rossetti, quien años más tarde llegaría a profanar la tumba de Lizzie para recuperar y editar sus poemas.


Al comienzo de la lectura de La prisión delicada, Beatriz Russo me llevó a un retroceso en el tiempo de movimiento poético, y de alguna forma creí estar reencontrándome con sedimentos del preciosismo y erudición de “Novísimos” y “Venecianos” –más estos últimos con sus características y rasgos-; y algún segmento, también, de la primera Blanca Andreu en su manejo del surrealismo, aunque de menor evidencia que en “la niña de provincias que habitó el Chagall”.

A lo largo de la lectura esas primeras impresiones fueron debilitándose, y aunque no niego por completo esas sustancias en su escritura, es cierta en Beatriz Russo una voz, un decir personalísimo, que ha sabido crear una forma y un fondo sutil, comprometido, transparente y a la manera de Rimbaud: “absolutamente moderno”.

Beatriz Russo (Madrid, 1971) con esta su tercera obra poética, creo abre caminos que sin duda tendrán piernas dispuestas a recorrerlos, y a recrearse en ese paisaje, sobre todo sugestivo e insinuante, que con trazo sólido y estable nos da cita.




Esta es mi prisión delicada.
No me salvéis.
Aquí yacerá la que pudo haber sido Ophelia.
Inventadme un epitafio que se oculte bajo el musgo.
Tengo algo que evocar.




Subir