Julia María Carvajal / UNA FURTIVA LÁGRIMA





“La vida me ha dado tanto”...así se despedía una de las más grandes voces que ha dado al mundo el “bel canto”, Luciano Pavarotti nos recordaba con estas palabras al gran poeta Pablo Neruda, cuando pronunció la frase que daría titulo a sus memorias: “Confieso que he vivido”. Ambos fueron unos de esos pocos seres afortunados, tocados por los dioses, que dieron mucho y recibieron mucho también. Pavarotti, uno de los mejores tenores de todos los tiempos, poseía unas cualidades físicas unidas a una calidad técnica que pocas veces se dan en la naturaleza humana, como cantante su timbre era excepcional, su vibrato natural, el registro de pecho potente, el sonido de su garganta brillante.

La vida de Luciano Pavarotti (Módena 1935), podría ser el guión de una película, en su infancia en su pueblo natal, cantaba mientras trabajaba en el horno de pan con su padre, tenor aficionado, su madre era una trabajadora de una fábrica cigarrera, la misma en la que también trabajaba la madre de la soprano Mirella Freni, gran amiga de Luciano, a quien se vio llorar amargamente en su funeral. La familia Pavarotti tenía escasos recursos económicos, cuatro personas vivían en un apartamento de dos estancias. La Segunda Guerra Mundial les obligó a abandonar su ciudad en 1943, al año siguiente tuvieron que alquilar una habitación a un granjero, en una campiña cercana, donde Luciano se interesó por la agricultura, quizá el origen de una de sus tres grandes aficiones junto con el futbol y la pintura, los caballos.

Las primeras influencias musicales, además de su padre que aún teniendo una buena voz de tenor no pudo dedicarse a la carrera de cantante debido a la fragilidad de sus nervios, fueron Gigli, Martinelli, Schipa, y como no, el gran Enrico Caruso. A los nueve años comenzó a cantar con su padre en el coro de una iglesia local, y a tomar clases de vocalización con el profesor Dondi. Más tarde se sintió atraído por los deportes, especialmente el futbol, se graduó en la Scuola Magistrale, y tuvo que enfrentarse al dilema de decidir sobre su futuro profesional. En principio le tentó la idea de ser futbolista en la posición de portero, pero su madre le convenció para que fuese profesor, ejerció durante dos años, pero finalmente su pasión por la música prevaleció sobre todo lo demás.

El padre de Luciano aceptó su decisión con una condición, recibiría alojamiento y comida hasta que cumpliera treinta años, si a esa edad no había triunfado, tendría que ganarse el sustento por sus propios medios. Antes de agotarse el plazo paterno, el 29 de Abril de 1961, Luciano tenía veintiséis años, debutó como Rodolfo en la ópera “La Bohéme” de Puccini, en el Palacio de la ópera de Reggio Emilia (Italia), su presentación fuera de su patria tuvo lugar en Dublin, encarnando al Duque de Mantua en “Rigoletto” de Verdi, el éxito le acompañó y le hizo ganar popularidad, pero ambos se acrecentaron considerablemente cuando cantó en el Metropolitan de Nueva York, en el papel de Tonio, de la ópera “La fille du regiment” de Donizetti , la difícil aria de nueve notas do de pecho, a partir de ese momento le llamaban “el rey del do agudo”. La confirmación de su rotundo triunfo en el bel canto la obtuvo convirtiéndose en portada de una edición del periódico de Estados Unidos, “The New York Times”.

Sus mentores en el mundo de la lirica fueron Arrigo Polo y Ettore Campogalliani. Desde sus primeras apariciones públicas, ya había demostrado su talento, cantando en el coro del Teatro de la Comuna y en la Coral Gioacchino Rossini.

Luciano Pavarotti cantó magníficamente todas las óperas, pero su maravillosa voz llegaba a emocionar particularmente en “Nessum Dorma”, de Turandot, una de sus arias favoritas, cantada por él en su última actuación en la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Turín 2006, y que se escucho como homenaje en los oficios fúnebres celebrados en Módena, ciudad en la que nació y murió.

Luciano Pavarotti quiso acercarse a la música popular, grabó duetos con Frank Sinatra, Michael Jackson, Eros Ramazzotti, Sting, Andrea Boccelli, Caetano Veloso, el grupo de rock irlandés U2, con quien cantó en Sarajevo a dúo con Bono con fondo de violines, creando una composición de una mágica belleza. Dentro de la música moderna escucharle en la versión que hizo del tema compuesto por Lucio Dala, “Caruso” produce una emoción indescriptible. En 1990, en Caracalla (Roma), con motivo de la clausura de la Copa Mundial de la Fifa, canta con sus amigos y colegas españoles Plácido Domingo y José Carreras, bajo la batuta del prestigioso director de orquesta Zubin Mehta, los fondos recaudados van a parar a la Fundación Carreras, creada por el tenor catalán para ayudar a los enfermos de leucemia, esta es la primera actuación de “los tres tenores” que se repetirá en distintos escenarios, en Los Ángeles, París, Yokohama, siempre coincidiendo con acontecimientos deportivos, en estadios o grandes espacios, y que gozará del favor del público así como de los medios de comunicación.

A partir de 1991, respondiendo a la llamada de la organización War Child, con el fin de recaudar fondos para la construcción de un centro de musicoterapia en Mostar, Pavarotti propició conciertos anuales, en Módena, que bajo el titulo “Luciano Pavarotti and friends” congregaba en torno a él a otras personalidades de la música internacional.

Hasta el 2004, Pavarotti fue uno de los cantantes más solicitados en teatros de todo el mundo, en Marzo de ese año se retiró de los escenarios, actuando por última vez en la Opera Metropolitana de Nueva York, donde interpretó el papel del pintor Mario Cavaradossi en “Tosca” de Puccini. En Mayo a punto de cumplir setenta años, anunció su despedida definitiva con “El tour del adiós”, compuesta por cuarenta conciertos por todo el mundo. La gira tuvo que suspenderse a principios del 2006 para someterse a una intervención en la espalda, a consecuencia de la cual se le detectó un tumor maligno en el páncreas. Fue operado en un hospital de Nueva York, los conciertos fueron cancelados. Su delicado estado de salud se complicó con una neumonía. En agosto de 2007 volvió a ser hospitalizado por problemas respiratorios, y a pesar de que a finales de ese mes se le permitió abandonar la clínica, para continuar la convalecencia en su hogar, ya nunca se recuperó. El día seis de Setiembre de 2007 fallecía en su casa de Módena.

A Luciano Pavarotti, los amantes de la ópera le recordamos en cada una de las interpretaciones de su extenso repertorio, en óperas de Verdi como “Il trovatore”, “La traviata”, Rigoletto”, “Macbeth”, “Otello”, “Un ballo in maschera” “Aida”, en otras de Puccini “La Bohéme”, “Tosca” o “Turandot”, (con su inolvidable “Nesum dorma”), en “Norma” de Bellini, “Manon” de Massenet, “I Pagliacci” de Leoncavallo ( impresionante su interpretación del aria “vesti la giubba”), en obras de Donizetti como “La fille du régiment”, “Lucia di Lammermoor”, “L´elisir d´amore” , y tantas otras, sin embargo, ahora al pensar en él, ante la pérdida de una voz única, de una pasión por la música irrepetible, de un genio gigante que llenaba el escenario con su sola presencia, me parece más que recordar, sentir, “una furtiva lágrima”, la preciosa aria de “L´ elisir d´ amore”, porque como dijo Bono, el líder del grupo U2, “algunos cantantes cantan ópera, Pavarotti era la ópera”.







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