Carlos Mamonde / TERRITORIOS KAFKIANOS, SOMBRAS DEL GÖLEM, EN UNA CIUDAD DE FÁBULA...
Cuaderno de Viaje, República Checa, 10 de mayo de 2007.
En piedras y muros de la vieja judería de Praga, en el barrio Josefov, el gueto, la antigua judería checa, están inscriptos —para vergüenza eterna— los nombres de 77.297 judíos asesinados por los nazis junto con los colaboracionistas católicos checos, cuando la soldadesca de Hitler ocupó Praga y arrancaron toda vida de este barrio. Barrio que oculta y revela —como el inconsciente humano— tantos siglos de cultura y espiritualidad y mística cabalística de ese gran pueblo, el único extraeuropeo que es también piedra basal en la historia de la Civilización de Occidente.
El enigma es ¿por qué los nazis no destruyeron físicamente esta decena de estremecedoras, bellas y pequeñas sinagogas, ni el cementerio del Josefov? La respuesta es hegelianamente racional y perversamente devastadora: ¡los ocupantes nazis quisieron preservar este área de Praga para construir algo abominable: "El Museo de una Raza Extinguida"! Así lo diseñaron e iban a construirlo si ganaban la guerra. Una IIª Guerra Mundial que costó más de 20 millones de vidas. Pensemos siempre —¡cada mañana de nuestra existencia!— en esto para que nunca vuelva a anidar sus huevos la Serpiente del fascismo. Porque ningún momento histórico ni ninguna cultura, ningún país… casi diría ninguna ideología... están exentos de la amenaza de ese diabólico "renacimiento".
Algo poético y maravilloso es saber que en el interior de la sinagoga Starènove (data del año 1375) se dice que hay fragmentos del Templo de Salomón, traídos en vuelo por los ángeles —durante la Edad Media— desde Jerusalén a Praga. ¿Por qué no creer en esta historia, así como los católicos de todo el mundo creen que efectivamente en el santuario de Santiago de Compostela están los restos de uno de los apóstoles de Cristo… venido —andando— a España desde el otro lado del mar?
Synagogue Vieille-Nouvelle
Pero esta sinagoga es el sitio legendario de unos de los mitos mayores del mundo, glosado por Borges en un inolvidable cuento. En la sinagoga Starénove leyó la Torá el rabino Loew (o Löw), el “padre” del Golem. Todavía en la buhardilla semiclausurada del edificio hay restos de la arcilla de la criatura. El Golem fue una especie de nuevo Adán, creado por el santo rabino para proteger a los judíos de Praga en el siglo XV. Esta criatura tenía enorme fortaleza y valor. Aún hoy saben los praguenses que el Golem podría revivir… si un ser humano fuese capaz de volver a pronunciar la arcaica fórmula cabalística que le infunde el soplo espiritual. Una versión del misterioso texto hebreo arcaico es: “Alev ata bra Golem dewuk jachomer w’tigzar zedir chewel torfe Jisrael”.
El rabino, tan admirado por Borges como contrapartida del Jehová creador, sufría junto a su pueblo la brutalidad antisemita del fanático predicador cristiano Thadeus… entonces pidió ayuda al Altísimo y, con aquellas palabras y un cuerpo de arcilla, más agua, fuego y aire, creó al Golem. Y Loew recitó el texto dando siete vueltas en torno al gigantesco muñeco de arcilla y éste adquirió vida. También puso Loew en la boca del Golem un “Schema” (un trozo de pergamino)… donde escribió uno de los cien nombres impronunciables de Dios.
Toda la información sobre estos milagros consta en Praga, en el Museo Judío de la sinagoga Maysel. También en la llamada Sinagoga Española, de los hebreos expulsados de Sefarad (Toledo) en el siglo XV, por la furia racista de Isabel La Católica, hay un sitio sagrado, la hornacina del Aron ha—kodesh, el Arca de la Alianza donde se guardan el tesoro de los amados rollos de la Torá, bajo un dosel de mármoles multicolores.
Aunque acaso lo más impresionante del gueto es el antiquísimo cementerio judío del barrio de Josefov. Por falta de terreno donde cavar los enterramientos, las tumbas fueron hacinándose y hoy hay más de 12.000 en nueve niveles o estratos, en el gran patio bajo ancianos árboles contiguo a la Maysel. Las lápidas se rozan una con otra, navegando como una muchedumbre que marcha hacia la muerte. En las lápidas resuenan miles de nombres y miles de fragmentos de oración labrados. La lápida de Franz Kafka puede verse; aunque su cuerpo está muy abajo o —según otra versión sin probar— fue trasladado a un cementerio nuevo en las afueras. Pero el espíritu del escritor de “La Metamorfosis” y “El Oddradeck” es un halo que cubre la tristeza humana del cementerio, la sinrazón de la Ausencia, como todo lo cubre la niebla del Moldava, que fluye a un par de calles.
Sobre la lápida de Franz siempre alguien coloca nuevas piedras en amoroso homenaje. Los judíos no llevan flores a sus muertos. Porque las flores son efímeras y también agonizan y mueren. Colocan piedras en el filo pétreo de las sepulturas.
Incluso para mi —un goim, un “gentil” del rebaño de Jesús Cristo— entrar en Praga es entrar en el corazón admirable de Israel. Pero como todo es contradictorio, hieren también allí las agresivas placas conmemorativas de la guerra en Palestina, puestas por la clandestina “Haganná”. Vuelvo a España con la certidumbre de mi amor a los judíos, sus personas, su cultura… y el dolor con que veo cómo la sionista política exterior del Estado de Israel va dilapidando día a día los tesoros del judaísmo. Que son parte de la luz de la Tierra y el espíritu donde habitamos todos: judíos y goims.
(al dorso de esta página, agrego este poema)
Fragmentos del sueño del Gôlem, agonizando en Praha
…nieblas de la tarde lánguida y vacío de la luz exangüe y
un ángel —de mil años ciego— stress de su ojo de piedra lustrada
por ácidos fluyentes peces del Moldava lamiendo el borde de Malá Strana como
lamiera el borde de tu boca y tu sexo, deambuladora muerte, adormilada
en el frío de la colina del Castillo Premyslida, junto a los enfermos textos de Franz K…
—repetición y duelo del ojo del padre—
corriendo —almita que lleva el diablo—
[tutto in fretta…¡huye, huye, huye, huye ! …et sed tibi terra leve]
corriendo a saltos “el enorme insecto”…
la afilada nariz cadavérica las pupilas de magnetita
hacia el ebrio
vértigo de los 290 escalones pavorosos que caen —¡están cayendo siempre ¡—
precipitándose desde los cirios de la Calle de los Alquimistas
hacia el purgatorio de la Columna de la Peste, hacia la estrechez de los arcos
que cierran ciegos fosos de Starémësto Pásma…huyendo del Castillo
que refleja el Deseo;
corriendo —hasta plorar de hinojos— ante el enigma de Tycho Brahe,
para reiterar la diferida pregunta por tu dulzor sublingua
dolor de tu perfil de hembra…brillo intuido bajo la fiereza de la Gigantomaquia…
promesas del placer de tu aliento bajo la llovizna
que desangra la planicie bohemia, que amenaza la blasfemia de mi padre
rabí Löw,
en Zidovské Ghetto…
Pero,
verrá la morte y avrá i tuoi occhi
¡ ed de súbito sera…
en el perfecto amor de la ninfa Europa, la violada del sangriento toro:
oddradeck y madre de absoluta belleza
oddradeck y madre de perpetuo terror…!
