Miguel Sánchez (MSQ) / MISCELÁNEA APÓCRIFA

a Charles Hoy Fort















 La misma desazón que evoca el costurón de las faldas sagradas
de un altar pobre, convoca a gemir a las bisagras en las puertas
de las casas vacías de palabras; en otras está todo dicho y en
aquellas no se ha dicho nada.
 En cuanto a la física cuántica, sepamos también del arador de
la sarna, ese antípoda tan remiso en aparecer como remolón en
retirarse. Sepamos de las viejas y carcomidas tablas y techumbres,
sorbos selectos para desabridos tornados o pináculos de acero
rascacielo que desafían a inclementes ventisqueros.
 Lluvias de ranas y otros animales vivos, nieves negras como el azabache,
piedras de meteorito esculpidas, guisantes que caen del cielo y hasta
la desconocida plaga de gabardinas pardas y grises de solapa ancha
en la playa de Roquetas en días laborables.
Reventón de oportunidades y ofertas, caída y desprendimiento de
los precios. Liquidación por quiebre, derribo, acoso y desmembre.
¿De verdad estás contenta con tu moño dormido y la corona de
mechones agresivos? No hace falta que contestes, ya contestamos
nosotros: los entre otras cosas usuarios de la corta- sierra gigante
portátil de bolsillo, plegable y adaptable y su famoso veinte por
ciento más de prestaciones.
 El cadáver macho de una hembra fue encontrado en un pozo en
forma de medalla rodeado por una corona de verdín.
Nadie tiene la culpa de que eso estuviera allí.
 En otro orden de cosas, se avecina el desorden de la memoria,
cuyos archivos están llamados a descansar en un almacén portátil
en forma de petaca, con cable de conexión USB que, visto por
dentro, recuerda las múltiples patitas de los ciempiés rubios, esos
que corretean entre las escobas de las casas donde se habla poco
y se piensa demasiado.




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