Julio Llamazares / CINCO POEMAS de MEMORIA DE LA NIEVE

Autor:
Julio Llamazares
© Tomo.Yun (www.yunphoto.net/es/)© Tomo.Yun (www.yunphoto.net/es/)





1

Mi memoria es la memoria de la nieve.
Mi corazón está blanco como un campo
de urces

En labios amarillos la negación florece.
Pero existe un nogal donde habita
el invierno.

Un lejano nogal, doblado sobre el agua,
a donde acuden a morir los guerreros más
viejos.

En un mismo exterior se deshacen los días
y la desolación corroe los signos
del suicidio:

globos entre las ramas del silencio y un
animal sin nombre que se espesa en
mi rostro







9

De nuevo llega el mes de las avellanas y
el silencio.

Otra vez se alargan las sombras de las torres
la plenitud azul del huerto familiar.

Y en la noche se escucha el grito desolado
de las frutas silvestres.

Sé muy bien que éste es el mes de
la desesperanza.

Sé muy bien que, tras los mimbres lánguidos
del río, acecha un animal de nieve.

Pero era en este mes cuando buscábamos orégano
y genciana, flores moradas para aliviar
las piernas abrasadas de las madres.

Y recibo el recuerdo como una lenta lluvia
de avellanas y silencio.






12

En llamas va la leyenda creciendo, en
la espiral del humo y las uvas de hierro.

Los ojos de la anciana son blancos como
nieve: cien años hace ya que no nos mira.

Sólo por no olvidar el viejo río
de los muertos.

Sól por no olvidar su cuajada esperanza.

Sólo por no olvidar las lánguidas riberas
del país de las abejas.

Sólo por no olvidar, cien años hace ya
que no nos mira.






25

Adoraron al sol, sacrificándole las yeguas
más fecundas en fiestas solsticiales.

Y el sol pintó sus frutos de granate y le
dio a sus cabellos el brillo del centeno.

Dieron culto a las diosas melancólicas del
agua, arrojando a los ríos raíces de beleño
y plumas de urogallo.

Y el agua llenó sus tierras de verdura,
de bosques obsequiosos y solemnes.

Bajo la luna llena, en torno a las hogueras,
danzaron elevando sus flautas y sus brazos
hacia el cielo.

Y la luna le otorgó a sus canciones el sonido
sagrado de la plata.

Ofrecieron al dios de las montañas ramas
de acebo y angustia de campanas.

Pero la nieve siguió cayendo mansamente
y sepultó su memoria para siempre.






30

¿Qué espero aún de la espiral del tiempo,
de esos cuernos epílogos que suenan en los
bosques?

¿Quién atardece junto a mi corazón helado?

Por el paisaje gris de mi memoria, cruzan
arrieros sin retorno, pastores y alfareros
olvidados, bardos ahogados en el miedo
lacustre de sus propias leyendas.

Sólo estoy, en esta noche última, coronado
de cierzo y flores muertas.

Sólo estoy, en esta noche última, como
un toro de nieve que brama a las estrellas.



Memoria de la nieve. (Colección Cántico. Consejo General de Castilla y León, 1982.)
IV Premio “Jorge Guillén” de Poesía.





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